Legionarios en la guerra del Rif (1911-1927). Del libro "Cien años de La Legión española" de Gustavo Morales y Luis Togores, publicado por La Esfera de los Libros. LA ESFERA DE LOS LIBROS

Historia

La Legión, un siglo de historia

Los «novios de la muerte», Unidad denominada oficialmente como Tercio de Extranjeros, o más conocido como La Legión, cumple cien años de historia este domingo 20 de septiembre. Es sin duda una de las unidades más afamadas de las Fuerzas Armadas, no solo por la célebre cabra que les acompaña cada desfile del 12 de octubre, día de la Hispanidad, sino por los numerosos conflictos bélicos en los que ha combatido y las misiones internacionales que ha llevado a cabo, y que le han hecho ganarse el reconocimiento internacional.

En el desastre del 98 España perdió los últimos territorios de Ultramar, Cuba, Puerto Rico y Filipinas, tras la derrota en la guerra contra Estados Unidos. La sociedad española por entonces estaba sumida en el pesimismo. En la Conferencia de Algeciras de 1906 España recibe el norte de Marruecos para establecer allí un protectorado, con capital en la ciudad de Tetuán. El territorio era montañoso y estaba habitado por tribus que desde el año 1909 realizaron numerosos ataques al Ejército español, motivo por el que estalló la guerra de Melilla. El envío de tropas desencadenó la Semana Trágica de Barcelona.

Las revueltas de las cabilas y tribus no cesaron y culminaron con la segunda guerra de Marruecos (1911-1927), que se inició tras los ataques de las tribus del Rif, por lo que fue conocida como guerra del Rif. En este contexto nace La Legión. La contienda estaba siendo realmente complicada para las tropas españolas, formadas por unidades de recluta forzosa con una escasa preparación y, asimismo, con importantes carencias logísticas para llevar a cabo sus operaciones, lo que causaba un gran número de bajas en sus filas que acrecentaba la frágil moral de los soldados. Para llevar a cabo las campañas crearon batallones de indígenas, los Regulares.

La propuesta de creación de La Legión como unidad militar de élite surge por idea del Teniente Coronel José Millán Astray (oficial de Regulares), que por entonces tenía 40 años. Cuando contaba con 17 años encabezó a soldados en la guerra de Filipinas. Fue también fundador de Radio Nacional de España. Para crear La Legión se inspiró en la Legión extranjera francesa que llevaba a cabo las contiendas del país franco en el exterior. La idea de Millán Astray convenció al rey Alfonso XIII, apodado «el Africano», por su interés en dicho continente. Con fecha 28 de enero de 1920 se aprobó por Real Decreto la creación del Tercio de Extranjeros, siendo entonces Ministro de Guerra el General José María Villalba Riquelme, gran renovador del Ejército. El Real Decreto establecía:

«Con la denominación de Tercio de Extranjeros se crearía una Unidad militar y armada, cuyos efectivos y haberes y reglamento por que ha de regirse serán fijados por el Ministerio de Guerra»

La Legión se concibió como un cuerpo abierto tanto para españoles como para extranjeros. Los requisitos para el alistamiento eran ser sano, fuerte y apto para empuñar las armas. Se ofrecía la posibilidad de hacer carrera militar dentro del cuerpo y poder llegar a oficial. El mando del Tercio de Extranjeros se le concedió a Millán Astray el 2 de septiembre de 1920, que estableció la sede de la Unidad en el Cuartel del Rey, en Ceuta. Pero el día del nacimiento de La Legión, según consideró su fundador, no se produciría hasta el 20 de septiembre de ese mismo año (1920), cuando se alistó el primer Caballero Legionario, Marcelo Villeval Gaitán, natural de Ceuta y que murió en el desembarco de Alhucemas. El primer grupo de voluntarios fueron doscientos catalanes, que el Teniente Coronel denominó como «la esencia de La Legión».

Esta naturaleza que caracterizaba a La Legión hacía de ella una Unidad abierta e internacional, por admitir a extranjeros entre sus filas. Asimismo, era abierta porque tenía la virtud de redimir a gente que no tenía cabida en la sociedad por diferentes motivos, como por ejemplo soldados profesionales que no podían entrar en la vida civil u otras personas, como eran delincuentes o menesterosos. Incluso llegaba al punto de dar la oportunidad de convertir a malhechores en caballeros. A La Legión se alistaron personas de todas las condiciones sociales, así también de muchos países del mundo, atraídos por la aventura que suponía entrar en el cuerpo. La vocación internacional y de acogida queda reflejada en el testimonio que dejó escrito un Caballero Legionario inglés que alcanzó el rango de alférez, que sostuvo:

“La Legión es la fuerza más combativa del mundo; como inglés sólo puedo hablar de mi orgullo por haber servido en las filas de La Legión, mandar tales soldados fue una de las mayores experiencias de mi vida”. (Peter Kemp, catedrático de la Universidad de Cambridge).

Pronto el Tercio de Extranjeros logró formar seis Banderas (Batallones) cuyos comandantes fueron Franco, Cirujeda, Candeira Sestelo, Villegas y Liniers. Millán Astray nombró como segundo de La Legión al joven comandante Francisco Franco Bahamonde, que por entonces no llegaba a los 30 años de edad y que era reconocido por su gran prestigio militar. Las denominadas unidades «africanistas», La Legión y los Regulares, tuvieron un papel decisivo en la victoria del Bando Nacional en la Guerra Civil (1936-1939), debido a la moderna tecnología armamentística que poseían y por las novedosas estrategias que desarrollaron en el campo de batalla, fruto de su experiencia en Africa.

El encumbramiento de La Legión y su fama llegó tras la marcha de Melilla que tuvo lugar del 21 al 23 de julio de 1921. Tras el desastre de Annual, la I Bandera y la II Bandera de La Legión recorrieron más de 100 kilómetros con el fin de salvar Melilla. La ciudad estaba asediada por miles de cabileños dirigidos por el líder local Abb El-Krim, que había ocasionado el desastre de Annual, derrota del ejército español en la guerra del Rif que había ocasionado más de 9.000 bajas entre las tropas españoles y más de 2.500 entre los indígenas que luchaban por España. Cuando La Legión llegó a Melilla la situación era de caos, Millán Astray tranquilizó a la población, y La Legión ocupó los blocaos y las trincheras. Llegó a avanzar 15 puestos en un solo día. Esta marcha aupó a La Legión a la fama y reconocimiento mundial.

La inspiración en los Tercios y en los guerreros samuráis

Millan Astray ideó una Unidad de vanguardia e ingenio que pudiese plantar cara a los rifeños en la dura contienda que estaban librando en Marruecos. Siguiendo con el ideal romántico extendido por Europa al final del siglo XIX y principios del XX, Millán Astray decidió dotar a La Legión de una mística especial, de un carácter de leyenda que le hiciese ser temido por los enemigos. Tomó como referencia a los antiguos Tercios de Flandes para conformar el heroico y valiente carácter de los legionarios, tenían que luchar con todas sus fuerzas y dar su vida por España. También impregnó a la Legión de rasgos que ya caracterizaban a los Tercios, como son el uso de las cornetas y de los tambores. Acrecentaban su mística y su grandiosidad.

Además de la inspiración de la organización de la Legión francesa y del espíritu de los Tercios españoles, Millán Astray quedó fascinado cuando leyó la traducción al francés del Bushido, que era el código de moral ascética de los guerreros samuráis de Japón. El Bushido fue recopilado en el año 1895 por Inazo Nitobé, un catedrático de la Universidad Imperial de Tokio. Cuando se tradujo al español, Millán Astray realizó el prólogo, donde sostuvo que:

«Se ajusta a las virtudes del alma japonesa: caballerosa, guerrera, sencilla, de culto profundo a los antepasados y veneración religiosa a su Emperador, que representa para ellos a Dios y a la Patria […] El Bushido se inspira en reglas de la más pura moral e iguala en su práctica, como el Cristianismo, a todos los hombres, sin separaciones ni privilegios de casta ni edades».

La relación de Millán Astray con el Bushido se remonta a su experiencia en la guerra de Filipinas. Las enseñanzas morales de este código son similares a las que imparte la Iglesia Católica. Por ello en 1911 y en 1912 cuando era instructor y maestro en la Academia de Infantería de Toledo, ya impartía las enseñanzas del código samurái a los jóvenes cadetes, según sostiene el historiador Carlos de Arce en el libro «Historia de La Legión Española». Cuando creó La Legión la dotó del espíritu que recogía el código, porque consideraba que «el legionario español es también samurái».

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