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Del 'Visca Franco' al 'Salimos más fuertes': la propaganda al servicio del poder

La última comparecencia de Pedro Sánchez, en ese esperado epílogo al funesto 2020, se convirtió en una escenificación de una supuesta rendición de cuentas al Gobierno, realizada por el propio Gobierno, y bajo el eslogan Cumpliendo. Con esa puesta en escena donde el continente tenía más peso que el contenido, el líder socialista analizó todos los logros de su presidencia durante el pasado año. Supuso, en términos de propaganda política, un gran colofón a lo que ha sido, probablemente, el periodo en el que este tipo de acciones de marketing más peso han cobrado en un gobierno en la Democracia.

Esa rueda de prensa llegaba ya regada con polémica ya que, pocos días antes, la noticia en España era la llegada de los primeros lotes de vacunas. Vacunas desarrolladas por científicos, con soporte económico público y privado, de una empresa norteamericana llamada Pfizer. Su distribución fue coordinada por la Unión Europea, pero era muy apetitoso para un Gobierno que da tanto peso a la imagen el apuntarse el tanto de la vacuna y, desde el equipo de comunicación, se decidió que era imprescindible que en esas primeras fotos que inundarían minutos de televisión y portadas de diarios, apareciera grande, muy grande, una pegatina del Gobierno de España. Es de primero de marketing. Si la vista lo asocia a ti, el mérito también es tuyo.

Durante toda la pandemia ha habido numerosos ejemplos de este uso del marketing al servicio de los intereses políticos ya que, después del duro confinamiento, el mensaje que se trasladó desde Moncloa, a un país destrozado anímica y económicamente, y con una pandemia a la que aún le quedaban largos meses y preocupantes olas de contagios era que… ‘Salimos más fuertes’. Un buen eslogan, sin duda. Solo le faltaba que se correspondiera con la realidad.

Durante esta crisis sanitaria al presidente pocas veces se le ha visto a pie de calle. La única vez que visitó un hospital fue sin aviso previo, sin anuncio, sin constar en su agenda y de manera fugaz, casi furtiva y aprovechando que su rival política en Madrid, Isabel Díaz Ayuso, no se encontraba en la capital. A pesar de ello, varios ciudadanos le abuchearon. Y eso, a los expertos en comunicación política les tumba el plan.

No hay mayor efecto en la masa que ver cómo un líder es abucheado y otros vitoreados. De ahí, también, la escena preparada de los ministros aplaudiendo en Moncloa en corro a Sánchez a su llegada de Bruselas. Llegaba el líder, llegaba el salvador de la patria, y era necesario transmitir esa idea al gran público, pensarían las cabezas marketinianas al anticipar esa escena.

El problema en el Gobierno, pese a ser muy buenos en este campo, es que tienen competencia, precisamente, dentro del mismo Gobierno. En Unidas Podemos son muy conscientes también de la importancia de apuntarse los tantos y ha sido muy habitual ver cómo Pablo Iglesias, Twitter mediante, se adelantaba al fin de los consejos de ministros para anunciar él mismo las medidas más populares y, de paso, colgarse la medalla.

A nivel autonómico tampoco difiere mucho la historia. Se han llegado a ver escenas tan surrealistas como la inauguración oficial de un dispensador de gel en una estación de metro de Madrid, o la celebración del alta del último paciente del improvisado hospital de IFEMA a golpe de vítores, aglomeraciones, y con reparto de bocadillos por parte de la misma presidenta de la Comunidad de Madrid. Todo con un sentido claro, asociar el más mínimo éxito a la gestión política de su formación.

Este 2021 también apunta maneras en este sentido ya que, además de seguir con su estrategia de encuestas de dudosa imparcialidad de un CIS que ha perdido prestigio por minutos durante 2020, de momento, ya se conoce que el Gobierno aumentará un 9% su partida en difusión de campañas de publicidad. Todo baja menos la publicidad, que sube. Nada extraño si se tiene en cuenta que la mano que mece la cuna en este sentido es Iván Redondo, hombre de absoluta confianza de Sánchez, que ya en el pasado aupó a Xavier García Albiol a la alcaldía de Badalona con el famoso eslogan ‘limpiando Badalona’.

Propaganda política, el mejor aliado del poder en tiempos de crisis

La propaganda política ha ido adecuándose a los tiempos, como la publicidad. Ahora se tiene en cuenta la gran repercusión del entorno online y se genera mucho contenido que incluso es promocionado con grandes cantidades de dinero para impactar en Facebook, Twitter, Instagram, Youtube o Tik Tok a sus posibles votantes, para cambiar el sentido del voto o para, en muchas ocasiones, generar confusión a través de noticias que saben de antemano que no son ciertas. Crea confusión que algo queda ante una ciudadanía poco exigente a la hora de contrastar noticias.

Este uso tan masivo de la propaganda se suele incrementar en momentos de crisis y, en España, durante la gran crisis social que supuso la Guerra Civil, tuvo un auge extraordinario, al igual que tuvo una influencia muy grande en Alemania para aupar al poder a Hitler de la mano de Goebels, un referente en la propaganda política al servicio de unas ideas.

Durante la Guerra Civil española fue el bando republicano el que desarrolló técnicas avanzadas en este sentido. Esta guerra la ganaron, sin duda, los republicanos, aunque Franco se dio cuenta de esa gran influencia y, poco a poco, fue recortando terreno en este ámbito de la propagación interesada de las ideas.

Los métodos propagandísticos utilizados durante la Guerra Civil fueron muchos y muy diversos. La voz siempre se consideró más efectiva que la palabra y por eso se utilizaron equipos de radio con altavoces para que fueran escuchados en campo enemigo. Tal era su efectividad que hubo incluso milicianos que llegaron a pagar de su propio bolsillo equipos nuevos y más potentes. A este punto radiofónico ambos bandos le concedieron gran importancia e hicieron mucho énfasis en radiar las bondades de su bando y animar a la deserción en los frentes.

En el bando franquista, siempre a remolque, copiaron la figura del locutor de trinchera, y se les concedió gran peso desde el inicio y hasta el final de la contienda, haciendo hincapié en la necesidad de hacer campaña con altavoces, periódicos y propaganda para que decayese la moral de los «combatientes rojos».

Octavilla franquista escrita en catalán con las consignas ‘¡Visca Franco!’ y ‘Arriba España’.

Las octavillas lanzadas a campo enemigo fueron incontables. Se produjeron de diferentes formatos, tipografías e idiomas (escritos en catalán, gallego, euskera, italiano, árabe, alemán o inglés estaban a la orden del día) y llegaron a crear una auténtica guerra de papel dentro de la propia Guerra Civil española.

Así, se pueden ver documentos tan llamativos como una octavilla franquista lanzada a Cataluña, escrita en catalán, y con un ‘Visca Franco’ que hoy sorprende más que nunca.

Tal fue el afán porque el enemigo conociera la realidad (o la ficción que se hacía creer) de las bondades de cada bando, que se llegaron a utilizar métodos tan curiosos como cohetes lanza-proclamas y granadas cohete para hacer llegar propaganda a campo enemigo.

Los textos incluidos en la propaganda solían ser cortos, porque estaba demostrado que eran mucho más efectivos. La temática era variada, pero en líneas generales el bando republicano hizo mucho más énfasis en la lucha por los ideales que el bando nacional, más preocupado por hacer ver a los republicanos que en su bando no faltaba nunca la comida, un motivo que muchas veces pesó más que el ideológico a la hora de cambiar de bando. El estómago se imponía a las certezas ideológicas. Tanto es así, que en vez de octavillas hubo numerosas ocasiones en las que el lanzamiento desde la aviación era de pan o tabaco como signo de fortaleza.

Soldado Republicano lanzando propaganda con honda

Un ejemplo de ello es un informe que recoge el servicio secreto franquista, SIM, tras interrogar a un evadido a sus filas, que se encontraba protegido en las trincheras en el día de la proyección sobre Madrid de pan. Una vez evadido, comunicó lo siguiente:

Es la mejor propaganda que se ha hecho sobre Madrid. La indignación entre los oficiales era enorme. Los que se han aprovechado más han sido los chiquillos; mientras la policía intentaba evitar, yendo de un sitio para otro, el reparto del pan, los pequeños salían corriendo con su botín hacia sus casas.

Otro ejemplo muy elocuente de esta estrategia de desestabilización se produjo en Madrid, Barcelona y Alicante, donde la propaganda franquista lanzó a zona republicana el siguiente mensaje:

La aviación nacional por dos veces arrojó pan sobre Madrid, 178.000 panecillos la primera y 195.000 la segunda. Además, fueron lanzados pan y cajetillas de tabaco sobre Barcelona y Alicante. A pesar de la propaganda marxista que trata de impedir que la alegría motivada por estos hechos trascienda al mundo, las poblaciones civiles han acogido jubilosamente el envío generoso de la España de Franco. Esto demuestra claramente de parte de quién está la razón. Nosotros queremos alimentar al pueblo y el marxismo lo impide.

Al igual que hoy las organizaciones políticas modulan los mensajes dependiendo del receptor, dependiendo de si van dirigidos a una región o a otra (no es lo mismo hablar de la unidad de España en Sevilla que en Barcelona), durante la guerra se hacía lo mismo por parte de la izquierda si se dirigían a soldados italianos, españoles, católicos, musulmanes, campesinos o altos mandos.

Métodos de envío de propaganda republicana.

Así, a los católicos les hacían llegar discursos del Papa contra el fascismo, a los campesinos les recordaban las leyes republicanas en su beneficio, a los soldados rasos les narraban cómo Franco trataba mejor a los italianos, a estos les intentaban convencer de la inutilidad de luchar en un país hermano, y a los marroquíes les transmitían que estaban luchando a favor del catolicismo, una religión que, según les describían, siempre había luchado contra el islam. Todo para que el mensaje calara lo más hondo posible dependiendo del receptor, una técnica, la de modular los mensajes, totalmente pionera en España y que tuvo enorme éxito durante la guerra.

Hoy España vive otro tipo de crisis y, por ello, la propaganda política vuelve a ser una prioridad para gobierno y oposición, que antes de tomar una medida, valoran qué impacto tendrá en clave electoral. Este 2021, desgraciadamente, el interés general parece que seguirá descansando bajo los miles de documentos con encuestas internas, estudios de conveniencia o propuestas de agencias de comunicación, marketing y publicidad a través de los que deciden qué es lo mejor… no para el país, sino para convencer al país de que siga manteniéndoles en el poder.

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