Aquella niña tenía algo que le fascinaba. No eran sus trenzas ni sus pecas. Tampoco sus calcetines coloridos. Lo que le mantenía pegada al televisor era su rebeldía, su ansia por saltarse las normas, por hacer lo que a niñas como ella no estaba permitido. Vivía sin normas preestablecidas, sin órdenes y sin que nadie le dijera cómo vivir. Pippi Langstrump era libre. Aquella vida revoltosa se había convertido en una inspiración infantil. Hoy, cuando la recuerda, la define como “la niña anarquista”. Es la primera de su lista de otras ‘Pippis’ que con los años descubrió. Mujeres de carne y hueso que también habían decidido ser libres, no dejarse anular por lo que la sociedad en la que les tocó vivir esperaba de ellas, de unas mujeres de bien.

Hoy aquella niña pecosa es sólo la primera de una larga lista de heroínas que renunciaron a someterse a lo que otros esperaban que hicieran y vivieran. La escritora Elvira Lindo ha decidido reunirlas en su último trabajo, 30 maneras de quitarse el sombrero (Editorial Seix Barral). Un título que rememora aquel gesto que les costó piedras e insultos a tres mujeres en la Puerta del Sol de Madrid en los años 20. Pasearse sin sombrero, con la melena al aire acompañando a Salvador Dalí y Lorca, fue un atrevimiento impropio de su época, un grito al viento contra la dictadura del decoro que asfixiaba a las mujeres. Aquel gesto de desobediencia de Concha Méndez, Maruja Mallo y Margarita Manso era una declaración de intenciones, de vida, que otras muchas replicaron a su manera tiempos después.

Quitarse el sombrero en los años 20 fue un gesto que les costó piedras e insultos. Un duro y liberador atrevimiento

Los 30 modos de ‘quitarse el sombrero’ que Lindo personifica en figuras como las escritoras Louisa May Alcott, autora de Mujercitas, “con la que influyó y alentó la vocación de escritoras de muchas generaciones”, o de Elena Fortún, autora de Celia o la mismísima Gloria Fuertes, “una mujer libre, distinta, vital, mundana y callejera”, son sólo una muestra: “También recuerdo cuando descubrí a las mujeres de la generación del 27 que no aparecían en mis libros del Instituto, eran invisibles”.

Mujeres de acción

De todas ellas Lindo destaca su valor por “actuar” más que imaginar, filosofar o teorizar: “Son mujeres que no contemplaban el término feminismo, pese a que lo fueron en gran medida. No creo que tengamos que posicionarnos, a veces es mejor dejar las teorías. Yo prefiero definirme como una mujer alerta, con los ojos bien abiertos dispuesta a actuar”. Asegura que todas ellas son mujeres que, de algún modo, se sentían atrapadas en el mundo que les había tocado vivir y les había marcado el camino por el que caminar, desde el modo de vestir hasta el de sentir, amar y vivir.

Afirma que en ocasiones no entiende la “condescendencia” con la que se mira y revisa el pasado, tratando a todas estas mujeres como si fueran personas con menos deseos que nosotros, menos sofisticadas o con menos inquietudes”: “No es así. Pensamos que en el presente se viven las grandes emociones, el progreso. En él pasado hubo mujeres probablemente mucho más modernas pero que vivieron en tiempos de convenciones morales y sociales que pesaban mucho en sus vidas”.

Hay dos tendencias en la vida, escribir desde el desprecio o desde la admiración. Yo prefiero escribir de gente que me interesa

Cuando su editora le perseguía para volver a escribir un libro y le planteó la propuesta, en realidad fue recuperar textos ya escritos que Elvira había ido publicando y representado durante años: “Hay dos tendencias en la vida, escribir desde el desprecio o desde la admiración. Yo prefiero escribir sobre gente que me gusta, me interesa. Hay muchas razones por las que quitarse el sombrero y en ocasiones lo hacen mujeres anónimas”.

Lindo es consciente de que vidas como las de esta treintena de mujeres, capaces de un gesto, una apuesta o una vida con la que cambiar la que vivirán otras muchas, serán siempre necesarias. Ni siquiera el resurgir global del movimiento feminista le permite ser optimista. Hay indicadores como la elección de dirigentes como Trump o Bolsonaro que demuestran que no hay nada definitivo: “Hay que dejar de pensar que en el futuro siempre hay progreso, eso es una falacia, las cosas pueden dar la vuelta”.

Elvira Lindo

Elvira Lindo

Autorretrato

La infancia es la “casilla de salida” dispar que clasifica a las niñas en el mundo entre las que serán privilegiadas y las que no. En algunos casos el camino será de libertad e igualdad, pero en la mayoría de ellas continuará rodeada de injusticias, preceptos y desigualdades: “Por eso hay que tener una posición reivindicativa siempre, no podemos ver el mundo sólo desde el lugar en el que a nosotros nos ha tocado vivirlo”. Alerta del riesgo de llegar a pensar que todo va a mejor “Por el mero hecho de que hay muchas más feministas”: “Lo bueno del feminismo actual es que demuestra que había impaciencia, quizá visceral en algunos casos, pero ha logrado sacarnos del letargo, queremos igualdad y la queremos ya”.

El libro termina relatando la historia de una mujer que conoce bien. La describe como “inconveniente, incorrecta e insumisa”. Es su autorretrato, en el que repasa su infancia marcada por la pena con la que su madre describía su nacimiento, su niñez como una niña graciosa, imitadora y obediente que soñó con ser seria, “que dijera sí cuando tocara” pero también “un no sereno cuando aquello que le pidieran fuera abusivo o inconveniente”.

Cariñosa y alegre de nacimiento, Lindo asegura que aquellas cualidades marcaron su vida, “enfadarme no me sale bien, son cosas que hay que aprender de niña”. Se presenta como una mujer que siempre se rebeló contra la corrección política. Se considera feminista “de manera inconsciente desde niña por su “espíritu inconformista”.

Elvira Lindo reconoce sentir aversión a “cumplir órdenes o verse encasillada”. Hoy no oculta que lucha a diario contra “la voz censora de mi educación, esa voz ahora más débil y menos frecuente pero que me sigue corrigiendo y atormentando”. Termina su obra agradeciendo a su marido por haberla “animado a ser libre, porque libre me quiere”.