Por las manos de Antonia Kerrigan han pasado manuscritos de autores que después han llegado a las estanterías de millones de lectores de todo el mundo. Autores como María Dueñas, Eva García Sáenz de Urturi, Javier Sierra o el desaparecido Carlos Ruiz Zafón se encuentran entre su cartera de escritores. Pero por sus manos y las de su equipo se han deslizado miles de manuscritos de autores que no han podido superar su ojo crítico.

No es infalible, lo sabe. Es una jugadora, apuesta y unas veces gana y otras pierde. «He tenido mucha suerte en la vida, pero también he trabajado mucho», afirma la agente literaria más importante del país que cuenta con una cartera de más de 150 en la agencia que fundó en los años 80.

Una partida que se le escapó fue la de Ildefonso Falcones, dejó pasar al superventas. «En ese momento trabajábamos sólo dos en la agencia y lo leímos. Necesitaba tanta corrección, tanto trabajo, que nos dijimos: mejor decimos que no. Y dijimos que no», cuenta a El Independiente la agente literaria. «Viendo después su comportamiento no me parece tan terrible haberme perdido a Ildefonso Falcones», añade.

Todo el mundo cree, y además está convencido, de que su vida es única»

La agente no suaviza sus palabras, está acostumbrada a decir que no. Es la posición que le da ser el primer filtro de las novelas que se escriben. Y tiene mucho trabajo. Alrededor de cien libros recibe en su agencia a la semana. Ella intenta leer entre 10 y 15 a la semana. Tiene una «pequeña prueba de fuego -explica-. Después de comer [muy poco] empiezo a leer una novela en pantalla y si me entran ganas de dormir, mal asunto. Pero si a las seis de la tarde no me han entrado ganas de dormir puede haber algo interesante», explica.

Le preguntamos si hay talento entre los escritores españoles. Y duda. «Hay talento y no hay talento. Hay mucha gente que quiere escribir pero no está hecha para escribir». Para la agente hay muchos escritores, pero echa en falta más talento. «Todo el mundo quiere escribir, todo peluquero al que vayas tiene una novela en el cajón; todo médico al que vayas tiene una novela en el cajón. Todo el mundo tiene una novela en el cajón. Todo el mundo cree -y además está convencido- de que su vida es única y es la más sublime o no sublime, y tienen que darse cuenta de que todas las vidas son bastante iguales», afirma.

El boom de la pandemia

Durante los confinamientos de la pandemia no sólo se ha leído mucho, se ha escrito mucho. Al despacho de Kerrigan impactó una oleada de manuscritos en 2020. Textos de escritores «buenos y de malos». «Muchos empezaron a escribir porque no tenían otra cosa que hacer. Me parece loable, tiene su mérito. Pero eso no quiere decir que te conviertas en un gran novelista».

Sus autores, también encerrados en casa, empezaron a escribir. Como Javier Sierra y María Dueñas, «de la que no se sabía cuando habría nuevo libro y ahí salió». Se refiere al superventas instantáneo de Sira. La peor parte de la pandemia se la llevaron los autores cuyos libros formaron «un tapón de libros sin publicar y libros preparados para publicar que no podían salir y no dio oportunidad a autores noveles».

Kerrigan cree que la suerte es un factor determinante en el éxito de un autor y lograr un superventas depende mucho de la editorial, «de la fe que se tenga en el autor en lo que quieran promocionarlo. Y lo que tienes que transmitirle a la editorial es que confíen en ti, porque tu confías en ese autor», afirma la agente. Carlos Ruiz Zafón es el autor que más alegrías le ha dado. Se emociona cuando habla de el escritor fallecido. Pero tiene muchos más autores afortunados en su agencia y otros que tienen su apoyo incondicional y talento, pero no han tenido la misma suerte. Pone el ejemplo de Santiago Pajares, «un autor maravilloso, que es absolutamente espléndido y que no tiene el éxito porque nadie le presta la atención que necesita para tener el éxito. Es de nuestra agencia, obviamente. Pero unos han tenido más suerte y otros menos», concluye.