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Stevie Wonder, la sonrisa que apunta al cielo

Stevie Wonder

Stevie Wonder CC

Contrariamente a lo que la mayoría de la gente piensa, el gran Stevie Wonder no nació ciego. Es algo que sobrevino debido a una negligencia médica por exceso de oxígeno en la incubadora que tenía dentro al pequeño, muy pequeño. Prematuro. Se adelantó nada menos que seis semanas. Quizá las prisas no son buenas tampoco al nacer, por mucho que vengas al mundo a dar tantos motivos para sentir emociones maravillosas a través del lenguaje universal de la música.

Hoy cumple 72 años un ser extraordinario, dotado de infinita capacidad para crear sonidos. No exagero. Y no lo digo por las 74 veces (¡74!) que ha sido nominado para los premios más importantes de la música en este planeta, los Grammy, ni por las 25 veces que se ha llevado a casa uno, ni por su Oscar de 1985 gracias la famosa canción I Just Called To Say I Love You.

Tampoco pienso que sea un genio creador de nuevas vibraciones del aire en forma de música por haber grabado junto a Ray Charles, Paul McCartney, Michael Jackson, Barbra Streisand, Bruce Springsteen, Tony Bennett, John Denver, Snoop Dogg, Andrea Bocelli o Celine Dion. Yendo al extremo, hasta podríamos decir que tampoco lo afirmo por haber sido el artista más joven en tener un número uno en USA, con apenas 13 años de edad. A los 16 ya se enfrentaba al micro con esa eterna sonrisa que mira (apunta) al cielo.

El verdadero motivo por el que cualquier experto musical podrá afirmar, y seguro que ya lo hace, que este tal “Esteban Maravillas” (traducción literal de su nombre artístico) es un creador nato, es sin duda por su enorme capacidad para componer no solamente partituras excepcionales, sino también los sonidos que las materializan.

Fue uno de los primeros músicos de éxito mundial que usó instrumentos complejos, ya en los 70, como samplers, y otras filigranas que ahora cualquiera puede hacer a golpe de móvil. Siendo un artista absolutamente fuera del estilo “tecno”, pocas personas le reconocen ese extraordinario talento para crear sonidos. Se puede apreciar en este precioso trabajo de 1979 que curiosamente vendió en España más que en prácticamente ningún otro país del mundo. Se llamó Stevie Wonder’s Journey Through «The Secret Life of Plants», que aquí se redujo y tradujo como “La vida secreta de las plantas”.

Sí, realmente nuestro país ha acogido siempre de forma excepcional al artista. Hace poco me contaba el disquero Domingo García las anécdotas de rodaje de algo que todos los lectores recordarán: el famoso mensaje de la DGT, con acento extranjero, “si bebes no conduzcas”.

El motivo de esa canción quizá no sea tan de dominio público como la campaña. El artista sufrió en sus carnes este asunto cuando, por culpa de un accidente de tráfico, pasó cuatro días en coma y sufrió anosmia total varios años. Perdió el sentido del olfato y el gusto. Pero la vida te da y te quita con capricho, y el mismo día de ese accidente, el seis de agosto, pero quince años después, venía al mundo un hijo suyo, Kwame. De los nueve que tiene, todo hay que decirlo. 40 años hay de diferencia entre el primero y el último.

Seguramente sorprenderá el nombre que le pusieron a la criatura. También habrá quien se preguntará si Wonder (maravilla) es su apellido real. Pues nada más lejos. Su verdadero nombre hay que reconocer que no hubiera quedado bien en las portadas: Stevland Hardaway Judkins. No hizo falta que el cambio fuera a sugerencia de su única compañía discográfica, a la que ha sido fiel toda su vida, la legendaria Tamla Motown, de la que siempre fue abanderado. Y esa colaboración ha funcionado durante cinco décadas. Hasta los teleñecos le hicieron hueco en uno de sus episodios de 1973.

Son canciones y momentos que ya forman parte de la cultura universal del siglo XX. No nos entretendremos demasiado en curiosidades como la de que cuando toca el piano no usa el pulgar derecho, que llevaba su chef vegano a las giras, o que una vez, a fines de la década de 1960, actuó en tres lugares en una noche: el Anfiteatro Carter Barron en Washington, DC; el Lincoln Memorial (para un espectáculo presentado por la Primera Dama Pat Nixon) y en Baltimore, reemplazando a Marvin Gaye enfermo después de un viaje en limusina de alta velocidad de una hora. Confirmado: el chófer no bebía.

Es todo un símbolo que ha enterrado (de forma casi literal, porque actuó en sus funerales) a buena parte del espíritu multirracial de la música. A saber: Aretha Franklin, Michael Jackson, Whitney Houston y Etta James. Nada menos.

Hoy cumple 72 años un ser que triunfó desde pequeño y que puede enseñarnos a todos el goce, el enorme goce, de sentir la música tanto como para mover como él lo hace la cabeza, y no dejar que nada empañe, su sonrisa hacia el cielo al actuar.

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