Música

Shinova, el grupo que nació en Bérriz "sin las líneas rojas de los puristas"

Gabriel de la Rosa, cantante de la banda, nos habla de sus orígenes, sus influencias musicales o su visión de la industria

Integrantes de Shinova, grupo que acaba de estrenar 'El Presente'

Integrantes de Shinova, grupo que acaba de estrenar 'El Presente' Emerge

Empezaron coqueteando con el punk en 2008 y, con el paso del tiempo y con cambios entre los integrantes, fueron llegando al pop rock que firman en la actualidad. Se trata de Shinova, banda cuyo nombre significa nueva energía, que acaba de lanzar su último álbum, titulado El presente, en alusión tanto a la actualidad como a un regalo.

El disco, que ya es número 1 en España, toma el testigo del álbum La buena suerte, escrito antes del confinamiento, que incluía canciones como Puedes apostar por mí, Te debo una canción, Solo ruido o La Sonrisa Intacta.

Hablamos con Gabriel de la Rosa, cantante y letrista del quintento que completan Erlantz Prieto (guitarra), Ander Cabello (bajo), Daniel del Valle (guitarra) y Joshua Froufe (batería); poco antes de que empiecen una gira con Vibra Mahou en abril que cuenta ya con varios soldouts, así como otra de El presente que, además de contar con conciertos individuales en salas, les llevará a festivales por toda la península, como el Warm Up, el Bilbao BBk Live o el Sonorama Ribera.

El grupo se encuentra en el momento más dulce de una carrera que empezó "sin pensarlo mucho", en Bérriz, municipio de Vizcaya. El vocalista empezó cantando con una escoba siendo un niño y a los 14 años subió por primera vez a un escenario, unas experiencias marcadas por la riqueza musical de la zona en la que creció.

"En Vizcaya, pero sobre todo donde yo me movía, que era por Duranto y Bérriz, ha habido una gran cultura musical, con muchas bandas, muy precoces y con un nivel bastante alto. Aprendíamos todos de todos y años después esto se convirtió en nuestra profesión, pero sin olvidar el placer por hacer canciones y jugar encima de un escenario", recuerda.

De esos años, destaca que los conciertos eran el plan de los fines de semana en los gaztetxes, en las salas especializadas o en los propios ayuntamientos, que albergaban propuestas musicales "muy originales".

"En las letras uso la ficción para disfrazar algo demasiado crudo o poco poético"

gABRIEL DE LA ROSA

Además de sus orígenes, cita como sus mayores influencias musicales a Camarón de la Isla, que sigue sonando en su casa los domingos; Korn, Deftones o Los Sabandeños. "Todos los miembros de la banda tenemos en común la variedad musical en nuestros gustos. Dani es un loco de la música jazz y Erlantz de la setentera, somos muy eclécticos. No tenemos líneas rojas de esas que los puristas no se atreven a pasar, nos dan igual", asevera.

Volviendo a su propia música, El presente es el segundo trabajo de la banda con el productor Manuel Colmenero, quien ha trabajado con Sabina, Vetusta Morla o Pastora Soler; en los estudios Sonobox.

Cuenta con temas como Nuestra postal, Los días que vendrán o Pura ironía, resultado de una ardua selección, pues el grupo presentó más de 60 canciones para elegir las del disco. "No es un disco conceptual, aunque sí buscamos que tuviese cierta coherencia temática", explica.

Esas letras surgen de experiencias propias, pero ficcionándolas cuando lo exigen al ser "poco poéticas" o "demasiado crudas". En el último disco, cuentan con una colaboración con Iván Ferreiro. Se trata de la canción Gato azul, que muestra una visión algo decadente —y a su vez romántica— del mundo.

El grupo Shinova acaba de lanzar 'El presente' | Emerge

"Sus canciones habían estado muy presentes desde siempre tanto en nuestras furgonetas como en nuestras casas, pero ahora tenemos también una gran amistad, Iván es alguien que hace las cosas muy fáciles", relata.

En esas giras que lleva a Shinova a hacer horas y horas de furgoneta y en sus conciertos, el grupo carece de rituales más allá de darse un abrazo: "No tenemos ningún grito de guerra como la mayoría de bandas, sí suelen pasar cosas muy humanas y cómicas como que alguien del grupo vaya muchas veces al baño antes de empezar a actuar".

Pese a intentar mantener su percepción de los conciertos como un "juego" del que "disfrutar", reconoce que, en los últimos tiempos, la industria musical ha potenciado su parte más frívola, que es esa en la que el ritmo no lo marcan las canciones, sino las reproducciones y los seguidores.

"¿Qué industria no es pura estadística? En los últimos años esto se ha disparado por las plataformas, los numeros… no nos gusta mucho y quizá por eso no le prestamos mucha atención, algo que puede ser un error. Aunque formen parte de lo mismo, la indsutria y el arte no son lo mismo y lo que importa es lo segundo: cuando alguien te explica lo que le ha aportado una canción tuya o si interpretación. Eso es lo que se queda y lo demás es humo", concluye.



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