Este viernes llega a Youtube la película documental Periplo, que en un principio iba a estrenarse en la pantalla de un centro cultural de Madrid. Sin embargo, el actual estado de alarma ha precipitado que su difusión sea a través de Youtube, por lo que gracias a su estreno online y a través de la plataforma https://ko-fi.com/periplo, los protagonistas del documental podrán «pasar la gorra» como estarían haciendo en este momento, si la pandemia lo permitiese. Y es que Periplo narra la historia de dos titiriteros que actúan en la calle, y en los que se ha fijado la co-directora y editora del documental, Bally Valdivieso.

¿Cómo nace este proyecto? Bally Valdivieso ha estado un tiempo hablando con Quiero, una agencia de comunicación que trabaja sobre temas de sostenibilidad, y ambas partes querían hacer un documental sobre el orgullo del trabajo. Tras una serie de reuniones, concluyeron que querían contar la historia de una persona que fuera feliz yendo a trabajar. «Un día nos encontramos con Periplo, un dúo que suele trabajar en la calle Bailén, y quedamos encantados por todo lo que transmiten a través de las marionetas». Aunque en la película iban a contarse las historias de varias personas, decidieron dar todo el protagonismo a esta compañía de títeres que forman Andrés Maturana y Diana Romero.

Periplo lleva 16 años dedicándose al oficio de las marionetas, y diez con su compañía de teatro especializada en títeres realistas de hilo. Gracias a su trabajo han recorrido el mundo, han trabajado para publicidad y han rodado videoclips internacionales, aunque siempre vuelven a su pequeño taller madrileño para continuar su investigación, descubrir nuevas formas de interpretar con sus títeres y escribir historias que, cada vez más, mezclan la ciencia ficción y las aventuras, con la concienciación medioambiental y social.

«Este es un trabajo que no está regido por el sistema y no tienen un jefe que les exija», detalla Bally Valdivieso. Sin embargo, la inestabilidad intrínseca de este oficio significa que «esa libertad tiene su coste». Periplo reconoce que cuando llega el momento de trabajar en la calle, es cuando se convencen de que ese precio merece la pena, reflejado en las caras de las personas, la posibilidad de interacción y la libertad de dejarse llevar haciendo lo que le gusta. En definitiva, estos titiriteros callejeros «ponen por delante la felicidad al dinero».

El confinamiento para evitar la propagación del virus, ha paralizado los proyectos en los que la pareja estaba inmersa: «tenían unas actuaciones en Corea del Sur, Brasil y España y se han cancelado todas. No pueden salir a trabajar», argumenta Bally Valdivieso. Si su situación es normalmente precaria, «ahora lo es muchísimo más». Sin embargo, gracias a Youtube pueden representar online el espectáculo que harían en la calle, y recibir las donaciones de los usuarios, a través de la plataforma Ko-fi.com.

Los primeros días de Periplo

Andrés Maturana y Diana Romero se conocieron en Barcelona. Él llevaba un tiempo dedicándose a un espectáculo de títeres en La Rambla, mientras que Diana dio sus primeros ‘pinitos’ en el mundo del títere, tras un primer contacto cuando trabajaba como periodista. En un momento determinado ambos coinciden, y deciden trabajar juntos.

Al principio, temían por lo que pensaran sus familias: «Que no estén orgullosos de ellos o que piensen que no sepan cómo salir adelante». No sentían recelo por lo que pensaran los desconocidos, sino sus seres queridos. Sin embargo, a medida que han ido conociendo su forma de vida y que podían mantenerse, aunque sea de forma más austera, «lo han acabado aceptando y se han sentido orgullosos».

Empezaron en el mundo de los títeres, sumando las teorías que encontraban en la biblioteca del Institut del Teatre, y la práctica en las calles de Barcelona. Comenzaron con el estudio del movimiento y el realismo en la construcción, para conseguir su propio estilo. Después se sumergieron en el guión, la dramaturgia y la dirección, montando pequeñas piezas. Como constructores empezaron a trabajar en el mundo audiovisual, para después adentrarse en todo lo relacionado con la edición, la iluminación y el mapping.

En esta búsqueda, integran la luz, la imagen en movimiento y el títere-actor, intentando que el espectador se sienta dentro de una experiencia visual envolvente, bella y desconcertante, jugando constantemente con su capacidad sensorial.