El estrés frecuente o continuado afecta a unos 12,5 millones de personas en España, un trastorno que en más de la mitad de los casos (el 53%) termina provocando una enfermedad o problema emocional, según el VII Estudio Cinfasalud «Percepción y hábitos de la población española frente al estrés». Sin embargo, según este mismo estudio, sólo un 16,4% recurre a ansiolíticos, relajantes, antidepresivos o somníferos bajo prescripción médica.

Estos datos, dados a conocer con motivo del Día Mundial de Salud Mental el 10 de octubre, ponen sobre la mesa el riesgo de que una situación de estrés se convierta en un problema grave si persiste en el tiempo.

Entre los problemas que el estrés puede generar y que deben ser señal de alarma, hay que estar atento a los siguientes problemas físicos.

  • Efectos en el sistema inmune. El estrés aumenta el riesgo de padecer infecciones (gripes, herpes…) y alergias. Así mismo, puede derivar en una peor evolución de enfermedades inmunológicas como el cáncer.
  • Alteraciones digestivas y gastrointestinales. Pueden aparecer dolor de estómago, diarrea, gases, estreñimiento, acidez, digestiones pesadas o vómitos. Además, a largo plazo, pueden desarrollarse enfermedades como colitis ulcerosa, colon irritable, dispepsia (dolor y molestias en la digestión) o úlcera gástrica.
  • Sistema cardiovascular. El estrés es un factor de riesgo para las enfermedades coronarias, porque aumenta la frecuencia cardíaca y la presión arterial. Además, según el estudio Inter Heart de 2012, el estrés triplica el riesgo de infarto si se suma a otros factores de riesgo como el tabaquismo y la obesidad.
  • Sistema endocrino. El estrés eleva la concentración de azúcar en sangre, con la posibilidad de sufrir sobrepeso y actualidad.
  • Sistema respiratorio. El estrés puede aumentar el ritmo de respiración, lo que puede derivar en episodios de hiperventilación o sensación de falta de aire. Estos, a su vez, se asocian a crisis de ansiedad y ataques de pánico.
  • Sistema reproductor y sexualidad. El estrés puede producir irregularidad en la menstruación, mayor probabilidad de aborto, disminución de la fertilidad, disfunción eréctil y reducción o desaparición del deseo sexual.
  • Problemas dermatológicos. Si el estrés se prolonga en el tiempo, el organismo puede no regular correctamente la hidratación de la epidermis y ello favorece la dermatitis y la caída del cabello. También aumenta el riesgo de acné y eczemas y el riesgo de brotes de psoriasis entre quienes padecen la enfermedad.

En el ámbito psicológico y mental, el estrés puede generar distintos trastornos que pueden aparecer, además, de forma conjunta.

  • Trastornos de ansiedad.  La ansiedad no es completamente negativa, es una reacción emocional que pone en alerta al organismo para que active sus mecanismos de defensa ante un conflicto. Pero se convierte en un problema si es excesiva o desproporcionada respecto a la amenaza que provoca y altera el estado psicofisiológico, el bienestar, el comportamiento y la vida diaria. Así, el estrés puede generar ansiedad generalizada (sin causa aparente y sin que la persona pueda controlarla), ataques de pánico, fobias o trastornos obsesivo-compulsivos, así como de estrés postraumático.
  • Trastornos del estado de ánimo: el estrés prolongado puede derivar en depresión, que se manifiesta en sentimientos persistentes de tristeza, ansiedad, vacío, desesperanza, pesimismo, sentimiento de culpa e inutilidad, irritabilidad e inquietud.

Teniendo en cuenta que entre 2011 y 2014 la incidencia de las enfermedades mentales aumentó un 10,8% en España, según el informe «La Sanidad Española en Cifras», es importante poder identificar y combatir el estrés con las estrategias adecuadas. Según el estudio de Cinfa Salud, el estrés debe abordarse incidiendo sobre las causas exteriores – reduciendo las tareas, apagando el móvil, delegado, etc. – y recurriendo a técnicas de aceptación del estrés, como la relajación, el deporte, el cuidado del sueño o la búsqueda de apoyo en caso de que sea necesario.

La Sociedad Española para el Estudio del Estrés y la Ansiedad y el Ministerio de Sanidad proponen un entrenamiento para la resolución de problemas (y control del estrés) en las siguientes fases:

  1. Definir el problema de forma clara y sin mezclarlo con otros.
  2. Realizar un listado con las posibles soluciones.
  3. Enumerar ventajas e inconvenientes de cada solución.
  4. Evaluar esas ventajas e inconvenientes.
  5. Seleccionar la alternativa más beneficiosa o menos perjudicial.
  6. Tomar una decisión y no volver atrás

También recomiendan seguir una dieta saludable y mantener una actividad física y una rutina de sueño y descanso adecuados para mantener el estrés a raya y evitar que derive en problemas de salud.