Así se vive en las granjas españolas: luces y sombras de la normativa de bienestar animal.

Así se vive en las granjas españolas: luces y sombras de la normativa de bienestar animal. EP

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Así se vive en las granjas españolas

Vida Sana

Así se vive en las granjas españolas

Luces y sombras de la normativa europea de bienestar animal, la más exigente del mundo, que permite prácticas como la castración de los lechones sin anestesia durante la primera semana de vida.

Alrededor de un 30% de los lechones son castrados en su primera semana de vida. Una práctica que la ley permite realizar sin anestesia ni analgesia. El motivo para cortar los testículos a las crías de cerdo «es que el olor hormonal se traspasa a la carne a partir de los seis meses, aunque existe también la posibilidad de hacerlo con fármacos”, afirma Juan José Badiola, catedrático de Sanidad Animal y presidente del Consejo General de Colegios de Veterinarios.

Los expertos coinciden en que la castración es una práctica a eliminar, “aunque si se permite es porque hay estudios que afirman que la sensibilidad en los primeros siete días de vida es menor”, añade Antonio Velarde, investigador y jefe del programa de Bienestar animal del Instituto de Investigación y Tecnología Agroalimentarias (IRTA).

Otra de las prácticas más polémicas que se permiten en Europa en ganadería industrial es el corte del pico de las aves o el método para descartar los machos en las granjas de gallinas ponedoras, ya que estos no se destinan ni a la puesta ni a la carne. “Se pueden eliminar por aplastamiento o triturados vivos”, critica Silvia Barquero, del Partido Animalista (PACMA), que considera que hablar de medidas de bienestar animal es “un eufemismo, lo único que se persigue con las medidas es maximizar la producción y evitar que se perjudique la mercancía”.

En el punto de mira están también las jaulas en las que permanecen los animales, que sin embargo han ido aumentando su tamaño y mejorando sus condiciones en los últimos años. «Las gallinas ponedoras vivían en jaulas que tenían el tamaño de un folio. Pero eso cambió en 2003, cuando se aumentó el espacio mínimo legal un 35% así como otras mejoras», asegura Miguel Ángel Aparicio, presidente de la Sociedad Científica Española de Protección y Bienestar Animal (Seproba).

En 2003 aumentó en un 35% el espacio mínimo permitido para las gallinas enjauladas

Las mejoras han sido paulatinas desde que comenzara a aprobarse normativa comunitaria sobre bienestar animal, en la década de los 90. «La Unión Europea ha sido pionera y ha desarrollado la normativa más exigente del mundo, se regula todo el proceso y se valora desde una perspectiva científica», asegura Badiola, que participó en la Comisión Europea sobre Bienestar Animal y fue precisamente uno de los expertos que gestionó la crisis del mal de las vacas locas en 2001.

¿Una ley suficiente?

Para Badiola, «todo es relativo. Hasta los años cincuenta los animales se criaban en los pueblos, pero la gente se mudó a las ciudades y quería seguir comiendo carne y huevos. Y la única forma de conseguirlo fue industrializar el proceso».

El investigador del IRTA, que coincide en partir de que «tenemos la ley más avanzada del mundo», subraya que lo primero para entenderlo tiene que ser definir bienestar animal. «Se considera que existe cuando hay una buena alimentación, buen alojamiento, buena salud y comportamiento adecuado», explica, «pero al igual que para las personas, el bienestar es algo que siempre se puede mejorar».

«La ley controla el ritmo de alimentación, el nivel de luz y oscuridad, el espacio disponible y las condiciones de transporte. Yo no te voy a decir que la normativa sea suficiente, pero ha mejorado espectacularmente en los últimos años y yo diría que los animales gozan de bienestar en general», incide Badiola, que no obstante recuerda que los veterinarios llevan tiempo reclamando la figura de un veterinario responsable de granja, que supervise de forma global las condiciones en la que se encuentran los animales, ya que ahora puede haber distintos veterinarios que pasen por la granja en función de actividades de reproducción, enfermedades u otras necesidades.

Cumplimiento de la empresas

Tras las exigencias de la ley, los animalistas denuncian «trampas» con las que algunas empresas podrían estar esquivando algunos de sus preceptos. Por ejemplo, el de la obligatoriedad de aturdir a los animales antes del sacrificio. «Existe una excepción, en base a la religión musulmana, que permite prescindir del aturdimiento si se acogen al sacrificio por el rito Halal», afirma Barquero, «y hay mercados que ya están sacrificando más animales por este rito que por la forma habitual».

En Cataluña, los animales sacrificados por ese rito ha llegado casi a la mitad, pese a que solo el 2,3% de la población confiesa profesar alguna religión distinta a la católica. En este sentido, Badiola coincide en que es probable que se estén dando fraudes de este tipo, «que deben ser perseguidos».

No obstante, en general, los expertos consultados creen que hay suficientes controles de ley, que «suponen sanciones muy importantes del Seprona o por parte de los inspectores de la Administración que trabajan en los mataderos», insiste el presidente del Consejo de Colegios Veterinarios.

Sello Aenor de Bienestar Animal

Más allá de la ley de mínimos, el IRTA ha desarrollado junto a Aenor el primer sello de bienestar animal (Aenor Confort) que desde 2014 certifica empresas donde el bienestar animal «no sólo es parte de una política de responsabilidad social, sino que también tiene un impacto positivo en la calidad del producto alimentario». Para cumplir ese requisito las granjas deben cumplir 12 normas que acreditan el bienestar relacionados con la ausencia de dolor por el manejo, lesiones o enfermedades; hasta garantizar los movimientos o un adecuado comportamiento.

La primera empresa certificada fue la lechera catalana ATO

La lechera catalana ATO fue la primera en obtener el sello, que desde entonces han conseguido distintas empresas de leche, huevos y carne de diferentes animales de cría. «Con este protocolo nos fijamos en las medidas más basadas en el animal que las condiciones, más orientadas a su comportamiento», afirma Velarde, que desarrolló el reglamento para Aenor.

Desconexión ciudadano-consumidor

Los huevos han sido precisamente la punta de lanza de la mejora del bienestar animal gracias, según los expertos, a una mayor conciencia ciudadana acompañada por un etiquetado con información sobre el origen del producto. Y es que, a juicio de los expertos, este es un tema que, más allá de las polémicas mediáticas como la generada por el último Salvados sobre la cría de cerdos, no consigue el interés suficiente de la población.  «Hay una desafección del ciudadano», afirma Aparicio, «el 90% de los ciudadanos dice que sabe poco o nada sobre la cría de los animales en un país como el nuestro, se ha producido una ruptura».

La presidenta del Partido Animalista también reivindica medidas que mejoren la sensibilización de la población, para la que considera fundamental la introducción de un etiquetado que incluya la trazabilidad, «cómo han sido criados y sacrificados los animales, al igual que se ha hecho con los huevos, ya que si no se conoce es muy difícil concienciarse».

Sin embargo, el último Eurobarómetro sobre bienestar animal, de marzo de 2016, reflejó que el 94% de los españoles considera importante las condiciones de los animales y el 84% cree que deberían mejorarse. Sin embargo, sólo el 51% estarían dispuestos a pagar más por carne procedente de explotaciones con mayor bienestar. “Hay una desconexión entre el ciudadano y el consumidor, no relaciona la carne con el animal”, afirma Velarde.

El 84% de españoles quieren que mejoren las condiciones de los animales pero solo la mitad pagaría más

Porque el bienestar animal es caro. Un estudio socioeconómico sobre bienestar animal en el que participó Aparicio cifró en el 25% el incremento del coste del huevo en relación a la mejora de las condiciones en las granjas. «Hay que encontrar un equilibrio, porque tampoco a las empresas les va a interesar realizar un producto que no sea rentable. Hay que respetar las tres patas, bienestar animal, seguridad ambiental y rentabilidad», incide el presidente de Seproba.

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