Vida Sana

Cremas contra el “envejecimiento digital”, más marketing que ciencia

Varias marcas han lanzado ya cosméticos que protegen contra el envejecimiento supuestamente producido por la luz que emiten los dispositivos móviles, aunque el único efecto demostrado de esta radiación es sobre la alteración de los ciclos del sueño.

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Cremas contra el “envejecimiento digital”, más marketing que ciencia
Dos de las cremas que se publicitan con la protección contra la luz azul.

Dos de las cremas que se publicitan con la protección contra la luz azul.

Resumen:

El sector de la cosmética antiedad nos ha sorprendido últimamente con un nuevo nicho de mercado al que ya se han apuntado al menos compañías como Babaria o Uriage.

El “envejecimiento digital” contra el que varias marcas han lanzado ya sus tratamientos sería el producido por la luz que emiten las pantallas de móviles, ordenadores o tablets (luz LED) que, según venden los productos, estaría produciendo un envejecimiento prematuro de la piel. Pero, ¿se basan estos productos en la evidencia científica?

Al tratarse de un fenómeno reciente aún no hay una gran cantidad de estudios científicos sobre la materia, pero en lo que hasta ahora se puede encontrar un consenso es en que la luz azul influye (negativamente) en los ciclos de sueño.

No hay, sin embargo, nada concluyente sobre “los efectos de la radiación de este tipo de luz en la vista y, menos aún, sobre la piel”, explica Alejandro Gomollón Bel, químico y comunicador científico.

La farmacéutica Gemma del Caño lo explica de forma gráfica: “Lo único que la luz azul puede hacer es engañar a tu cabeza para que crea que es de día en lugar de noche y alterar el metabolismo. Por tanto, el único envejecimiento posible es el que se producirá si duermes menos, pero no por el efecto en sí de la luz azul”.

El sector de la cosmética antiedad nos ha sorprendido últimamente con un nuevo nicho de mercado al que ya se han apuntado al menos compañías como Babaria o Uriage. El “envejecimiento digital” contra el que varias marcas han lanzado ya sus tratamientos sería el producido por la luz que emiten las pantallas de móviles, ordenadores o tablets (luz LED) que, según venden los productos, estaría produciendo un envejecimiento prematuro de la piel. Pero, ¿se basan estos productos en la evidencia científica?

Lo cierto es que nunca antes el ser humano había estado tan expuesto a la luz azul como desde la irrupción de los dispositivos móviles. Según un estudio del Colegio Oficial de Ópticos Optometristas de Cataluña, los menores de 30 años pasan de media frente a las pantallas 10 horas y media diarias y los adultos de entre 30 y 60 años, entre ocho y nueve horas.

Al tratarse de un fenómeno reciente aún no hay una gran cantidad de estudios científicos sobre la materia, pero en lo que hasta ahora se puede encontrar un consenso es en que la luz azul influye (negativamente) en los ciclos de sueño. Así lo explicaba en este periódico Diego García Borreguero, director del Instituto del Sueño: “La luz, especialmente cuando se trata de luz azul, produce una mayor supresión de la secreción de melatonina, hormona que causa somnolencia”, sentencia el doctor Diego García Borreguero, director del Instituto del Sueño.

Pero este es la única evidencia que, hasta el momento, se ha podido demostrar en humanos. No hay nada concluyente sobre “los efectos de la radiación de este tipo de luz en la vista y, menos aún, sobre la piel”, explica Alejandro Gomollón Bel, químico y comunicador científico.

La farmacéutica Gemma del Caño lo explica de forma gráfica: “Lo único que la luz azul puede hacer es engañar a tu cabeza para que crea que es de día en lugar de noche y alterar el metabolismo. Por tanto, el único envejecimiento posible es el que se producirá si duermes menos, pero no por el efecto en sí de la luz azul”.

Protegerse sí, contra la luz ultravioleta

Tanto Gomollón como Del Caño califican de “chorrada” este tipo de cremas protectoras contra la luz azul, especialmente si uno no se protege contra la luz ultravioleta. “Muy poca gente se pone un filtro solar para salir a la calle en abril cuando eso sí que sería conveniente”, explica la farmacéutica.

Cristina Eguren, miembro de la Asociación Española de Dermatología y Venereología, se muestra más a favor de este tipo de cremas, ya que afirma que con los estudios recientes “se puede decir que esta luz aumenta el grado de nivel oxidativo de la piel”. Sin embargo, también lo sitúa como “un complemento para un producto con un buen filtro solar, ya que no tendría sentido protegerse de la luz azul y no de los rayos ultravioleta”.

Los oftalmólogos, contra los filtros de luz azul

Además de las cremas, otro producto anti luz azul ha creado también controversia entre los especialistas. Se trata de los filtros – como el de la marca Reticare – que han provocado ya un comunicado de la Sociedad Española de Oftalmología, que afirmaba que ” la evidencia científica actual no demuestra que la luz azul dañe el ojo y el beneficio de los filtros azules en la prevención de daños oculares por dicha radiación luminosa”. Los oftalmólogos explicaban en un comunicado que “no hay ningún estudio realizado en humanos, necesarios antes de poder emitir una recomendación definitiva acerca del daño de la luz azul emitida por las pantallas de visualización. Estos estudios deben realizarse en humanos y bajo unas condiciones de uso reales y no in vitro o en animales de experimentación sometiéndolos a luces azules de gran intensidad”.

Pese a que en la página web de Reticare plantean la existencia de hasta 120 estudios científicos, tanto los oftalmólogos como otros expertos como Arturo Quirantes, profesor de física de la Universidad de Granada, que critican el apelativo de “luz tóxica” que la compañía de los filtros otorga a la luz azul, así como los fallos metodológicos de los estudios científicos sobre los que fundamentan su producto. También desmontaba en su blog Ocularis los fundamentos de Reticare el oftalmólogo Rubén Pascual.

La Sociedad de Oftalmología afirma que “parece razonable” la necesidad de investigar más sobre el tema, no recomienda el uso de Reticare porque evita “un daño no demostrado en condiciones reales y en humanos por estos dispositivos”.