Un sanitario atiende a un paciente en la UCI del Hospital Ramón y Cajal, en Madrid.

Un sanitario atiende a un paciente en la UCI del madrileño Hospital Ramón y Cajal durante la segunda oleada. EP

Salud | Vida Sana

"La soledad puede llegar a ser tan perjudicial para la salud como el virus"

Especialistas en bioética defienden que los enfermos de coronavirus ingresados en hospitales o centros de mayores puedan estar acompañados, a diferencia de lo que ocurrió en la oleada de primavera: "No pueden morir solos"

Especialistas en bioética defienden la necesidad de disponer de protocolos que posibiliten que los enfermos graves de coronavirus ingresados en hospitales y centros de mayores «puedan estar acompañados y no sufran la soledad», a diferencia de lo que ocurrió durante la oleada registrada la pasada primavera. Miles de personas fallecieron durante la primera embestida sin poder sentir la cercanía de familiares en un intento de evitar la propagación del virus.

Ésta es una de las conclusiones de la Jornada de Bioética 2020, una cita que de forma telemática organizó el pasado 30 de octubre la Asociación Española de Bioética y Ética Médica (AEBI) y dedicada monográficamente a analizar los problemas y retos que ha planteado la covid-19. Las tensiones que provoca entre los profesionales sanitarios la escasez de medios y la necesidad de reforzar el sistema para no descuidar la asistencia habitual fueron otros de los asuntos candentes que salieron a relucir en las ponencias.

De acuerdo con el sentir generalizado de los participantes, hay que aprender la lección de la primera oleada y contar con los medios y guías necesarios que permitan que el enfermo por coronavirus pueda estar acompañado. «La soledad puede llegar a ser tan perjudicial para la salud, o incluso para la vida, como el propio virus SARS-CoV-2», resume el documento de conclusiones.

La propuesta que sale de esta jornada va en línea con lo que el Comité de Bioética de España planteó en una declaración fechada el pasado 15 de abril -cuando la pandemia se estaba cebando con residentes de centros sociosanitarios- con la que instaba a estudiar el modo de «mejorar el acompañamiento».

«En estas semanas, miles de pacientes han fallecido sin sentir el afecto y la cercanía de sus seres queridos, así como sin contar con apoyo espiritual o religioso conforme a sus convicciones y creencias. Las circunstancias forzadas por una infección con tan alta contagiosidad y letalidad hacen que sea imperativa la adopción de medidas muy estrictas para prevenir la transmisión de este virus. No obstante, también debemos reflexionar sobre el modo de facilitar un entorno más compasivo en el morir de estos pacientes, lo cual forma parte de la auténtica calidad asistencial. Igualmente, hay pacientes vulnerables que presentan unas necesidades específicas de apoyo y acompañamiento que no se están ofreciendo en todos los casos», exponía el manifiesto.

Especialistas en bioética defienden que los enfermos de coronavirus puedan estar acompañados: «No pueden morir solos»

La AEBI entiende que, mediante la elaboración de protocolos, se pueden conjugar las medidas de seguridad que eviten la transmisión de la enfermedad con dar compaña, especialmente en la fase final de la vida. «No pueden morir solos», zanja Luis Miguel Pastor, catedrático de Biología Celular e Histología de la Universidad de Murcia y presidente de esta asociación. Ésta tiene como razón de ser promover la dimensión ética en la medicina y en la investigación científica relacionada con la vida y con el hombre.

Pastor recuerda que en la primera ola hubo algún centro de mayores que permitió que algún familiar pudiera despedirse de su ser querido y no registraron contagios con posterioridad. «Siempre jugamos con probabilidades, pero hay bienes que tenemos que hacerlos lo más compatible posibles. Se puede cerrar por completo y tener aislado a todo el mundo, pero no podemos hacer que esas personas no tengan derecho a ser acompañadas en sus momentos finales», razona Pastor.

En opinión de la AEBI, habría que procurar ofrecer ese acompañamiento no sólo a las personas que no tienen opciones de superar la enfermedad. «Hay muchas personas mayores que pueden salir adelante y a las que, si están aisladas y sin compañía, les pueden surgir complicaciones de tipo psicológico y otros perjuicios para su salud», enfatiza.

Esa carencia afectiva que sufrieron miles de personas contagiadas durante la primera avalancha de casos se logró paliar en parte por la sensibilidad demostrada por centenares de sanitarios y personal asistencial, que no dudaron en ofrecer sus propios teléfonos para que los pacientes pudieran mantenerse conectados con sus seres queridos. Fue, sin duda, una gran lección de generosidad en medio de la tragedia.

«Tensiones éticas por escasez de medios»

La Jornada de Bioética también sirvió para analizar y fijar posición sobre otros aspectos relacionados con la incidencia de la covid-19 y sus secuelas. Así, la AEBI ha tratado de llamar la atención de los poderes públicos acerca de la necesidad de «reforzar el sistema sanitario» para que no resulten perjudicados los enfermos con otras patologías. Como pasó en primavera, se están cancelando operaciones programadas y se están habilitando áreas hospitalarias para poder atender a pacientes de coronavirus ante la presión asistencial que está sufriendo ya el sistema por el avance de la transmisión.

La Asociación Española de Bioética y Ética Médica también considera primordial «no exponer a los profesionales sanitarios a un grado de esfuerzo en sus tareas que los lleve al agotamiento, al desaliento o a la pérdida de su salud psíquica», así como «no someterlos a tensiones continuas de carácter ético debidas a escasez de medios».

En este sentido, los especialistas han coincidido en que hay que «anticipar los escenarios éticos que pueden conllevar más dificultad de resolución», al tiempo que instan a las autoridades sanitarias a aprobar «criterios básicos» que permitan que el peso de la responsabilidad de la toma de decisiones delicadas no recaiga exclusivamente sobre las espaldas del profesional sanitario que se encuentra en primera línea de la lucha contra la enfermedad.

Durante la primera oleada, la gravedad de muchos casos y la insuficiencia de los recursos obligó a algunos médicos a tener que decidir qué pacientes podían ingresar en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) y cuáles no por falta de equipos de ventilación mecánica. Esa situación, que genera un formidable estrés para el facultativo, es la que la AEBI pide ahora evitar.

Evidencia científica y consideraciones éticas

«Corresponde a las autoridades sanitarias aprobar los criterios básicos para su solución respetando la lex artis [conjunto de reglas que ha de observar un profesional en el ejercicio de su tarea], la legalidad vigente y habiendo escuchado el parecer del Comité de Bioética de España o, en caso de problemas de alcance autonómico, los correspondientes comités autonómicos de Bioética. Todo ello porque las decisiones sanitarias o políticas no sólo deben atender a la necesaria evidencia científica sino también a consideraciones éticas que busquen como fin último el bien común y el respeto a la dignidad de la persona», concluye la AEBI.

Igualmente, instan a la Administración a «prestar atención al efecto» que pueda tener en la población la adopción de medidas de restricción de movimientos a fin de contener la transmisión del virus. «No sólo por el efecto sobre la actividad económica, sino también por el no menos importante en la salud física, psíquica y espiritual de las personas», observa.

A juicio de esta asociación de bioética, la pandemia debe servir para «tomar conciencia de la interdependencia» en la que vive el ser humano y representa una oportunidad para «configurar una humanidad en la que todos nos cuidamos y acompañamos». «No sólo los profesionales tienen la responsabilidad de la salud de las personas, sino todos los ciudadanos», concluye.

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