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Cómo dejar de fumar... por 'whatsapp'

Una mujer fuma un cigarro mientras consulta su móvil. Eduardo Parra / Europa Press

El 1 de enero de 2020 la Sanidad pública empezó a financiar dos fármacos para dejar de fumar. La vareniclina (de marca comercial Champix) y el bupropion, cuyo coste sin subvención es superior a 100 euros al mes. Con esta noticia y después de 30 años fumando, Daniel decidió que había llegado el momento de dejar el tabaco. Fue a la Unidad Especializada de Tabaquismo de Oviedo y lo pidió. “Para darte el fármaco necesito que participes en la terapia”, le dijeron.

A regañadientes aceptó Daniel participar en la terapia, sin saber que después de nueve meses la mitad de su éxito como ex fumador se la debería al whatsapp. “Acepté porque no me quedaba otra. Supongo que la idea de terapia de grupo que tenemos todos es la de las películas y las reuniones de alcohólicos anónimos. Sinceramente pensé que no me iba a servir de nada, y ahora sé que ha sido un 50-50 con la medicación”, cuenta el asturiano.

Y es que esta herramienta de mensajería que usa la gran mayoría de los españoles se ha convertido también en una de las fórmulas de las que se sirven Raquel García y José Manuel Iglesias, responsables de la Unidad Especializada contra el Tabaquismo de Oviedo. “Fue una alternativa para llegar a más gente, vimos que era la herramienta más utilizada junto a las redes sociales”, explica Iglesias.

Así se convirtieron García e Iglesias, en 2016, en pioneros en el uso del whatsapp para ayudar a la gente, a través de una herramienta que comenzaba a convertirse en hábito, a dejar otro hábito muy dañino. Desde entonces, más de 800 personas han participado en estos grupos en la zona de Oviedo.

La filosofía del Ubuntu

Compartir lo que se tiene en común y ayudarse era la filosofía del grupo en el que García e Iglesias querían “favorecer el acceso de los participantes a nosotros, que aportaran sus experiencias, que plantearan sus dudas, que fueran cómplices… Luego además se convirtió en un estímulo para nosotros por los mensajes de agradecimiento que nos mandaban”, cuenta García.

La idea salió no sin antes vencer los problemas de protección de datos personales que impedían, aunque hubiera consentimiento de los participantes, que fueran los funcionarios quienes crearan los grupos. “Así lo que hicimos fue que uno de los participantes era el que tenía que crear y administrar el grupo, nosotros somos un participante más”, cuenta Iglesias.

«Nos sorprendió desde el principio la gran acogida que tuvieron los grupos. Siempre había voluntarios para crear los grupos. Nos creíamos que nos iban a freir a preguntas y la verdad es que entre ellos se solucionaban la mayoría de las dudas, nosotros estábamos ahí para reforzar y guiarles», explica Iglesias.

El primer mes del grupo en el que participaba Daniel fue muy intenso: “Entrabas y había 500 mensajes de drama. Imagínate, habíamos empezado en marzo y nos pilló el confinamiento. La gente en plan ‘no puedo más’, ‘me quiero morir’”. En esos momentos de más dificultad era donde los tutores hacían una labor más importante. “Raquel era como la mano de Dios”, recuerda, “siempre apaciguaba los ánimos, sabía cómo calmarnos… Era fundamental porque estábamos muy perdidos. Además se involucraba mucho, te enviaba un mensaje privado si te veía mal para ayudarte”.

García corrobora que en los primeros días el grupo se llena de mensajes relacionados con cómo afrontar el síndrome de abstinencia. Entre ellos se ayudan al compartir lo que a cada uno le sirve. «Tienen también dudas sobre el tratamiento farmacológico, qué efectos secundarios puede tener. Y nosotros les vamos motivando a que nos cuenten qué sensaciones van teniendo».

A las semanas el tema vira y el trending topic varía hacia las inquietudes sobre posibles recaídas y cómo prevenirlas. «A veces manifiestan que creían que iban a ser más difícil de lo que era y eso ayuda mucho. Lo que sirve a unos es útil también a los demás», añade García.

Dominique, que a sus 48 años y tras 32 fumando acaba de cumplir un mes sin tabaco, también agradece al wasap la «gran ayuda» que le ha prestado. «Era muy bueno para ver las reacciones de la gente al dejar el tabaco, unos lo pasan peor, otros mejor. A mí me ha servido sobre todo para compartir la alegría de dejar de fumar», asegura el peluquero.

Ocho de cada 10 asturianos que dejan de fumar en Oviedo con ayuda de la Unidad que dirigen García e Iglesias lo hace con la ayuda del whatsapp. Es parte de la terapia pero una de las más efectivas y que ahorra a sus responsables – que acumulan lista de espera – tiempo y consultas. «Y ahora con la pandemia más todavía, que no se puede atender presencialmente, a partir del primer mes se hace todo telemático», indica Iglesias.

“El champix es una maravilla porque te quita toda la parte física pero el whatsapp era la válvula de escape. Porque la cabeza juega muy malas pasadas, el grupo te sirve para cambiar el chip. Ahora somos 15 y seguimos en contacto, hablamos de la Pantoja o de cualquier cosa. Nos reímos”, concluye Daniel.

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