Nutrición

Aitor Sánchez y Lucía Martínez: “El menú infantil es una abominación alimentaria”

Reconocen que en los últimos tiempos se habla mucho de alimentación infantil, pero lejos de pensar que es el reflejo de que los niños están comiendo mejor o lanzar cualquier campana al vuelo, Aitor Sánchez y Lucía Martínez lo califican de «espejismo»: «Llevamos muchos años arrastrando problemas y ahora el vaso se está desbordando. En España la situación avanza a mayor ritmo que en Estados Unidos, lo raro sería que el problema no estuviera sobre la mesa».

Sánchez y Martínez son dietistas-nutricionistas, triunfan en las redes sociales y acaban de publicar ¿Qué le doy de comer? Una guía para que los más pequeños coman de forma saludable (Paidós), donde denuncian sobre todo la alimentación diseñada para los niños.

Critican todos los productos tipo «Mi primer…» por ser «innecesarios e insanos, que hacen un juego sucio de marketing porque hacen creer a los padres y madres que ese producto es lo mejor para su hijo y que le aportará beneficios», afirman en el libro. Además, añade Sánchez, «han tenido que recurrir a ese argumento para vender ya que nutricionalmente esos productos no tienen nada que decir».

Si llaman a eliminar de la despensa cualquier alimento para bebés, también advierten a los padres que eviten los menús infantiles de los restaurantes, que califican directamente de «abominación alimentaria». «No deberían existir, porque no responden a ninguna necesidad alimenticia del niño sino únicamente a criterios de comodidad. A los padres les vale más la pena escoger cualquier otra cosa de la carta», añade Sánchez.

Para Sánchez, las recomendaciones que aún salen de muchas consultas de pediatría y que incluyen marcas concretas y productos como galletas, potitos envasados o cereales triturados solo pueden ser «fruto de un gran desconocimiento del profesional o un conflicto de intereses».

Porque estos dos autores denuncian los principales productos que, bajo falsas creencias, «muchos padres los ofrecen a su hijos pensando que son sanos cuando no lo son». El primero de ellos se toma, además, desde muy pronto. «Aunque suene chocante, tanto las leches de continuación – a partir de la 2 – como las papillas de cereales son totalmente prescindibles. Las leches de continuación las hacen básicamente para poder publicitarlas, puesto que las leches de inicio de fórmula tienen en España prohibida su publicidad. Y en el caso de los cereales, o no son más sanos o son mucho más caros que la harina del cereal comprada tal cual», afirma Sánchez.

Además de éstas, los autores también creen que los padres no son del todo conscientes de otros productos insanos. «Tanto las galletas como los cereales de desayuno, los cacaos azucarados y los postres lácteos. Todos ellos contienen mucho azúcar y deberían sustituirse por otros productos más sanos», añade Martínez.

Sobre los menús escolares, cuya composición está también cada vez más en el punto de mira de los padres y otros profesionales, estos autores animan a los padres a movilizarse. «Los padres tienen que tener el poder, las AMPAS pueden hacer mucho pero tienen que ponerse de acuerdo en qué quieren. Porque las empresas, por lo general, solo se van a esforzar en cumplir un pliego de condiciones y no en su calidad». Sánchez, además, critica que los nutricionistas que suelen avalar estos menús «trabajan para la propia empresa que sirve el menú y tienen las manos atadas».

A las instituciones públicas también dirigen un claro mensaje estos nutricionistas y les piden que dejen de guiarse por intereses económicos. «Cuando la Asociación Española de Pediatría pone su sello en unas galletas o cuando la asociación de médicos de atención primaria [Semergen] hace una alianza con el lobby cárnico están primando los intereses económicos. Y eso no puede estar por encima de los intereses de salud».

Pero si llegados a este punto, los padres están ya más preocupados por cómo hacerlo que por qué hacer, los autores calman el ánimo: «En el libro contamos que se puede ir poco a poco. Si el niño es muy dependiente de ciertos productos, se puede ir bajando la frecuencia y la cantidad. Por ejemplo, de desayunar ocho a cuatro galletas, y cuando esos alimentos vayan perdiendo protagonismo, poderlos eliminar», explica Martínez.

Por eso, para ir empezando, estos dietistas proponen por ejemplo evitar un abuso de los alimentos disñados «para niños, porque no son aconsajebles y no deberían ser protagonistas de su dieta». Y, además, «sustituir algo de carne por pescados o huevos, aumentar el consumo de legumbres, frutas y verduras».

Unos cambios que, recuerda Sánchez, tienen consecuencias directas para la salud: «Lo principal es que se puedan mejorar las cifras de sobrepeso y obesidad. Es un fracaso que en España hayamos llegado a tener diabetes tipo 2 en niños. Y las consecuencias no se quedan en la infancia. Empeoran de adultos y disparan el gasto sanitario, que esto, si no lo demás, también le interesa a la Administración».

Por terminar con un mensaje positivo, aunque reconocen que no pueden ser «optimistas», Sánchez asegura que «España está en las mejores condiciones para mejorar, porque hay materias primas de calidad, frutas, aceites… deberíamos tenerlo fácil para revertir la situación», concluyen.