Salud

El ozono mata a 500 personas al año en España y es solo "la punta del iceberg"

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El ozono mata a 500 personas al año en España y es solo "la punta del iceberg"

Investigadores de la Universidad de Huelva (UHU) analizan el ozono. EP

Resumen:

Está denominado un «contaminante secundario» porque no lo genera directamente el hombre sino que se produce por la reacción entre la luz solar y otros contaminantes (dióxido de nitrógeno o hidrocarburos) emitidos principalmente por el tráfico. Pero el ozono troposférico (el que se encuentra en las ciudades, no el que forma la capa) es responsable del 0,2% de las muertes prematuras en 400 estudiadas por un equipo internacional en el que ha participado el Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y que se acaba de publicar en British Medical Journal.

Este estudio, en el que se han incluido 48 ciudades españolas, concluye que unas medidas más estrictas de calidad del aire hubieran evitado más de 6.200 muertes al año en estas ciudades de más de 45 millones de fallecimientos analizados. Los decesos, estudiados entre 1985 y 2015, hubieran podido evitarse de cumplirse los estándares de calidad del aire establecidos por la OMS —explican los investigadores— que son de 100 microgramos por metro cúbico.

«Estas muertes son, como siempre, solo la punta del iceberg. Porque está demostrado que el ozono provoca morbilidad, desde enfermedades a aumento de las urgencias o ingresos hospitalarios», explica Ana María Vicedo, una de las coautoras del informe e investigadora de la Universidad de Berna. Entre esos efectos, señalados por Ecologistas en Acción, la inhalación de ozono produce irritación de los ojos y las vías respiratorias superiores, incremento del riesgo de enfermedades respiratorias agudas y reducción de la función pulmonar, así como el agravamiento de patologías cardiovasculares.

Aunque Vicedo apunta a que la recogida de datos en España en este estudio internacional «ha arrojado datos poco concluyentes, la relación entre ozono y mortalidad existe». Afirma la investigadora que un conjunto de factores como la vulnerabilidad de la población o el tipo de datos recogidos han dificultado que los datos de España reflejen una correlación entre ozono y mortalidad como en otros países analizados. Sin embargo, los datos los corrobora otra investigación reciente del Instituto de Salud Carlos III. Elaborado en 2017 y publicado en Atmospheric Environment, extrajo una proporción similar de mortalidad prematura atribuible al ozono, el 0,2% y su equivalente en 500 muertes anuales.

El contaminante cuyos niveles permitidos más se exceden

Estas muertes son aún más evitables si se tiene en cuenta que «el ozono es el contaminante cuyos niveles permitidos más se exceden», asegura el responsable de calidad del aire de Ecologistas en Acción, Miguel Ángel Ceballos, cuya organización ha llevado a los tribunales a distintas comunidades autónomas o tiene recursos administrativos interpuestos en todas las que incumplen los niveles legales en España y la Unión Europea, de 120 microgramos por metro cúbico (más laxo que el de la OMS).

Según el último informe de Ecologistas en Acción sobre la materia, en octubre de 2019, el 85% de la población respira niveles de ozono por encima de lo permitido. La razón de que este contaminante llegue a la gran mayoría de la población es que afecta, además de a zonas con mucho tráfico, zonas con alta radiación solar y áreas suburbanas y rurales influenciadas por la contaminación urbana e industrial. «Además, en invierno se produce un fenómeno de inversión térmica que hace que no salgan los contaminantes a la atmósfera y provoca un aumento del ozono», añade Vicedo.

Según el informe de la ONG, durante 2019 los territorios más afectados por el ozono troposférico fueron Cataluña y Madrid, aunque también hubo elevados niveles de este contaminante en Andalucía oriental, el norte del País Valenciano y el Valle del Ebro de Cataluña al País Vasco, y más baja en el tercio occidental de la Península, la cornisa cantábrica y la Región de Murcia.

Pese a que la normativa exige que no se superen los niveles de 120 microgramos por metro cúbico más de 25 días al año, la mayoría de las comunidades —excepto Galicia, Asturias, Cantabria y Canarias— lo incumple, según explica Ceballos: «Aunque están obligadas a implantar planes para recortar estos niveles, solo Extremadura lo tiene y es muy deficiente. Lleva un año y medio pero no se han reducido los niveles».

La Región de Murcia es, aparte de Extremadura, la única que está tramitando un plan de este tipo. «En Madrid hemos recurrido la negativa de la Comunidad a elaborar un plan y tenemos recursos administrativos también en Cataluña, Baleares, Valencia, Andalucía y Aragón», apunta Ceballos. En Navarra y Castilla y León la ONG denunció en los tribunales la inexistencia de estos planes y el Tribunal Superior de Justicia de Castilla y León les dio la razón, «pero la región ha recurrido al Tribunal Supremo y actualmente estamos a la espera de su pronunciamiento».

Esos planes para reducir los niveles de ozono pueden apoyarse en distintas vías, que como indican en Ecologistas en Acción, van desde la disminución del tráfico motorizado, la adopción de las mejores técnicas industriales disponibles, la sustitución de los disolventes orgánicos por agua, el ahorro y la eficiencia energética y el cierre de las centrales térmicas de carbón. Además, la ONG apuesta por un Área de Control de Emisiones (ECA) para el Mar Mediterráneo, la penalización fiscal a los vehículos diésel y una moratoria para las nuevas grandes explotaciones ganaderas intensivas.

Además de los daños para la salud, Ecologistas cifra el coste sanitario y laboral de la contaminación por ozono fue de 5.000 millones de euros en 2013, un 0,33% del PIB español, según el Banco Mundial, sin considerar los daños provocados sobre los cultivos y los ecosistemas naturales. Solo los costes económicos de la menor producción de dos cultivos como trigo y tomate, por su exposición al ozono en España, se estimaron en 800 millones de euros en el año 2000, el 3,2 % del PIB agrícola.

Y los expertos miran este contaminante con preocupación pues su relación directa con la radiación solar la sitúa en una escalada en paralelo al cambio climático: «Es hora de revisar si los límites establecidos como seguros son los adecuados y tener en cuenta que el cambio climático no va sino a agravar la situación», concluye Vicedo.

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