Enrique Alonso acudió a su centro de salud, en el barrio madrileño de Lavapiés, a finales de marzo para vacunar por primera vez a su hija Nora. «Había muchas medidas de higiene y todo fue bien, pero al terminar nos dijeron que la vacuna del meningococo B (Bexsero), que está indicada a los tres meses, nos la retrasaban a los cuatro para unirla a las que se ponen a esa edad», explica este padre, que como muchos otros se han preguntado cómo puede afectar la epidemia al calendario vacunal de sus hijos.

La prioridad es la vacunación de bebés hasta los 15 meses y embarazadas

Lo cierto es que los pediatras insisten en que la administración de vacunas debe alterarse lo menos posible y ya el pasado 15 de marzo la Asociación Española de Pediatría (AEP) emitió un comunicado en el que se indicaba la importancia de mantener la vacunación, especialmente en las primeras vacunaciones (a los dos y cuatro meses de edad) y en embarazadas para la inmunización frente a la tosferina. Diez días más tarde – nueve tras la declaración del Estado de Alarma – el Ministerio de Sanidad emitió una recomendación oficial, que es la que se mantiene vigente. Así, debe priorizarse la vacunación hasta los 15 meses y garantizarse especialmente las de los dos y cuatro meses y la administración de la triple vírica a los 12 meses, así como la de mujeres embarazadas y enfermos o población de riesgo.

Desde la Asociación Española de Pediatría, el portavoz del Comité Asesor de Vacunas, Francisco Álvarez, subraya la importancia de hasta los 15 meses las vacunas se retrasen lo menos posible. «No queremos que el coronavirus afecte a la administración de vacunas. El mantenimiento del calendario es muy importante, porque un mes puede no ser problemático pero si la demora se alarga, puede afectar a la reaparición de enfermedades», incide el pediatra. Su organización emitía hace pocos días una nota sobre el posible resurgir del sarampión a nivel internacional por la epidemia de coronavirus y que podría hacer que 117 millones de niños perdieran la posibilidad de vacunarse en el mundo, especialmente en países de ingresos medios y bajos, aunque Álvarez aclara que «ese problema no se va a dar en España».

Retrasos, sobre todo, en vacunas no financiadas

Y es que mientras que en la mayoría de centros se están dando citas para la administración de vacunas financiadas – en el propio centro o en centros cercanos en los lugares donde se han producido cierres y reorganización de la atención – sí es más común que se estén postergando algunas de las citas para las vacunas no financiadas, que son el meningococo B (Bexsero, solo financiado en Canarias y Castilla y León) y el rotavirus, una vacuna que se toma por vía oral y que es de pago en todas las regiones. Vacunas estas que, pese a tener que ser abonadas por los padres, forman parte del calendario vacunal a los tres, cinco y 12 meses. «Tampoco éstas deben retrasarse», indica Álvarez, que subraya otro aspecto que los padres deben tener en cuenta. «Aunque se administre por vía oral, los padres nunca deben dar ellos mismos la vacuna del rotavirus a los niños, en primer lugar porque puede provocarse una reacción, que es minoritaria pero que puede ocurrir, y además porque solo el personal sanitario puede garantizar la correcta administración de la misma», añade el pediatra.

Por ello Álvarez insiste en que los padres deben mantener la calma pero tener en cuenta que «si el centro no está en condiciones de dar una vacuna, la gerencia del mismo debe dar una solución a los padres para que se acuda a otro centro o se dé una respuesta sin gran demora».

A partir de los 15 meses, retrasar las vacunas

En su documento de recomendaciones, Sanidad pide «demorar el resto de las vacunaciones de niños y adultos» a partir de los 15 meses, es decir, en las citas que se dan a los cuatro, seis, 10 y 14 años. Aquí Álvarez afirma que no hay inconveniente en que se retrasen uno, dos o tres meses. «Estas vacunas son de refuerzo y por tanto, el cuerpo ya tiene las defensas necesarias y no importa si se demora esa administración».

Solo una de esas vacunas es nueva para los niños, la del papiloma humano que se administra a los 12 años. «Esa sí sería más necesaria pero hay margen antes de que se produzcan las primeras relaciones sexuales para que los niños puedan recibirla», concluye el pediatra.