Salud ENTREVISTA

"Es absurdo pensar que el coronavirus ha salido de un laboratorio de Wuhan"

La divulgadora científica Deborah García Bello ha escrito durante el confinamiento 'No tocar. Ciencia contra la desinformación en la pandemia del COVID-19' en el que trata de explicar - a través de la ciencia - el porqué de las recomendaciones oficiales.

En los últimos tiempos han surgido algunas teorías de la conspiración que plantean que el Sars-Cov-2 salió de un laboratorio en Wuhan, la ciudad china epicentro de la pandemia. EFE/Djordje Savic/Archivo

Lo llaman la teoría de la conspiración pero la ha defendido hasta el presidente de Estados Unidos. Donald Trump o su secretario de Estado, Mike Pompeo, que este mismo domingo aseguraba que su país tiene «una enorme cantidad de pruebas» de que el coronavirus fue originado artificialmente en un laboratorio de Wuhan, la ciudad china donde surgió la enfermedad el pasado diciembre.

Noticias como ésta son el caldo de cultivo perfecto para alimentar otra pandemia, la de los bulos y la desinformación, que llega a compararse con la sanitaria y que Deborah García Bello, química y divulgadora científica, se ha propuesto tratar de combatir desde su confinamiento en A Coruña. Desde allí ha escrito y publicado No tocar. Ciencia contra la desinformación en la pandemia del COVID-19 y refuta por Skype estas teorías de la conspiración: «Es absurdo decir que este coronavirus salió de un laboratorio. Desde la genética, si hay algún tipo de manipulación, canta. Si cualquier genetista lo mira, lo ve como un manchurrón, sería así de llamativo».

La divulgadora aclara que «no existe una tecnología tan precisa y tan puntera que no dejase ninguna huella y pudiera confundirse con la naturaleza por sí sola, o mutaciones espontáneas. No, al menos que sepamos y dudo que en China tengan esa tecnología desconocida para el resto del universo, no».

Deborah García Bello, química y divulgadora científica.

Desde las teorías de la conspiración hasta los falsos remedios para curar el coronavirus, García Bello busca en su libro aportar a la gente conceptos básicos – qué es un virus, qué es un test PCR o una mutación – para que les sirva en su día a día. «Eso es más eficaz que desmentir bulo por bulo, porque hay cientos y algunos muy descabellados», explica. También pretende, a base de evidencias científicas, «que la gente pueda entender mejor por qué se hacen determinadas recomendaciones oficiales, aunque a veces sean difíciles de entender o parezcan contrarias al sentido común».

Otra de las situaciones que ha generado alarma en esta pandemia ha sido el cambio en algunas de esas recomendaciones, algo que se ha visto claramente, por ejemplo, con el uso de mascarillas. «Lo que para un científico es natural, para la gente puede generar confusión y más alarma. Con las mascarillas fue eso lo que sucedió, no que aprendiésemos más sobre ellas sino que el balance riesgo-beneficio cambió. En un sitio como España en el que no estamos habituados a las mascarillas, al principio se asumió que era un riesgo muy grande el usarlas mal y además no había recursos. Pero eso cambió, la situación se agravó y el riesgo pasó de inasumible a tolerable. Es algo normal que no tenía que haber causado revuelo, pero si se desconoce por qué se hace, se cae en el riesgo de creer que se toman las decisiones al tuntún o por complacer. Y no es verdad, hay ciencia detrás de la mayor parte de las decisiones, aunque no de todas».

Porque otra evidencia, como explica la copresentadora de Órbita Laika (La 2), es que en esta pandemia sin precedentes «no hay evidencia sobre todas las cosas. No hay ciencia sobre la desescalada, las decisiones se van tomando siguiendo lo que ha funcionado en otros países, lo que no, o aplicando el sentido común». Una fórmula obligada, en definitiva, «de prueba error y de copias entre países viendo lo que funciona».

«No hace falta lavar la ropa a 60 grados»

Y precisamente ahora que España se adentra en la fase o de la desescalada, las autoridades apelan más que nunca a la responsabilidad individual y se hace más necesario cumplir con las recomendaciones. Como química, García Bello explica en su libro con detalle cómo deben ser la higiene y la limpieza para matar al Sars-Cov-2.

La científica explica cómo para eliminar el coronavirus de la piel bastan agua y jabón, incluso los más suaves. «El virus lo que tiene es una envoltura lipídica, una suerte de grasa y lo que hacen los jabones es disolverla, igual que los platos con el lavavajillas lo hacen los jabones en la piel. Y lo mejor es usar productos poco agresivos, que no lesionen, porque aunque está demostrado que el virus no atraviesa la piel, lo que no se ha descartado es que no pueda penetrar a través de alguna herida», apunta García Bello, que dice para que el lavado de manos sea efectivo no hace falta cumplir un tiempo determinado pero sí pasar por todos los recovecos de la mano, desde pulgar a las uñas o los huecos entre los dedos.

Tampoco hace falta lavar la ropa a 60 grados para eliminar el coronavirus, aunque con esa temperatura «se eliminan otras bacterias o virus oportunistas». «Pero con la ropa ocurre lo mismo que con el jabón en las manos, la lavadora ya hace la función de frotar y desolverá al virus, que se irá por el desagüe». Por ello, lo que recomienda García Bello es lavar la ropa con más frecuencia.

«Si sacamos el aprendizaje de quitarnos los zapatos al entrar en casa será mejor, y si queremos ser más precavidos se puede echar un poco de espray con una solución de lejía en el felpudo para desinfectarlos», explica la científica. Lo mismo ocurre en casa para matar al coronavirus, «si se puede frotar y aclarar con agua, sería suficiente cualquier detergente, pero si no, serviría el hipoclorito sódico [lejía] a partir del 0,1%». Para los dispositivos electrónicos, García Bello recomienda el alcohol a partir de 60%, «con un trapo o algodón humedecido con alcohol se elimina también el virus por contacto en menos de un minuto».

Con mucha ciencia, García Bello habla además de cómo usar mejor las mascarillas o los guantes, de cómo puede ser la vacuna que logre inmunizarnos del COVID-19 o cómo alimentarse en el confinamiento. Sobre el futuro, la científica lo mira con esperanza. «No sé cuál será la solución, yo creo que la habrá y que si la hay, sí o sí se resolverá de la mano de la ciencia. Desde que lleguemos a una vacuna, a algún tratamiento antiviral que deje el COVID-19 en una enfermedad estacional sin demasiada complicación o de que al entender cómo funciona se acabe resolviendo por alguna vía inesperada. Por ejemplo, ahora se está viendo el porqué no afecta a los niños y si existe una inmunidad cruzada que puede acabar dando una solución distinta a la de la vacuna o el tratamiento», concluye la divulgadora.

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