Un sanitario toma la temperatura a una persona inmigrante. EP

Salud

Cuando la inmigración es un factor de riesgo para el coronavirus

Precariedad laboral, hacinamiento en vivienda y transporte o menos acceso a la Sanidad son algunas de las razones de que casi la mitad de los contagiados en Madrid sean nacidos fuera de España.

Contagiarse de coronavirus en Usera, Puente de Vallecas y Villaverde es dos veces más probable que en todo Madrid. Varias razones convierten a estos tres barrios del sur de la capital en territorios vulnerables al virus y una de ellas aparece en los últimos informes de la Comunidad de Madrid: cerca de la mitad de los contagiados por coronavirus son nacidos fuera de España y estos son tres de los barrios que concentran más población inmigrante.

El caldo de cultivo para favorecer el contagio tiene que ver con muchas de las condiciones de vida que sufren los inmigrantes de forma más acusada y en los que coinciden las fuentes consultadas por El Independiente. Una mayor precariedad laboral, un mayor hacinamiento en las viviendas, mayor dificultad para acceder a la Sanidad, más uso del transporte público y menos conocimientos para manejar la situación hacen que estén más expuestos al virus. Una profesional del SUMMA, una voluntaria de una parroquia, una trabajadora de un centro de Salud, la presidenta de una ONG, el portavoz de una asociación vecinal y la Consejería de Sanidad analizan cuáles son estas causas y aportan posibles soluciones.  

La precariedad laboral

«Si no salen a la calle, no comen», apunta Susana Hortigosa, voluntaria de la parroquia San Ramón Nonato, en Puente de Vallecas, «limpiando, haciendo chapuzas o cuidando ancianos no se puede teletrabajar y se vive, en general, al día». En su parroquia han triplicado las ayudas que prestan y que ofrecen en su mayoría a población inmigrante que ha perdido cualquier oportunidad de trabajo por la pandemia y que no cuenta con ninguna ayuda pública.

Las duras condiciones laborales son también las responsables de que, en algunos casos y como reconoce una trabajadora del centro de salud Numancia, también en Vallecas, «algunas personas que daban positivo lo esconden y van a trabajar porque no pueden permitirse perder el trabajo. Sus necesidades están por encima». La trabajadora, que prefiere mantenerse en el anonimato, relaciona ésta con otra de las causas, pues este tipo de condiciones laborales les imposibilita acceder a viviendas con las condiciones mínimas necesarias para el aislamiento.

Esa precariedad laboral, según explican técnicos de atención primaria, también hace que los inmigrantes «no vayan a los centros sanitarios a hacerse pruebas y a guardar cuarentena por temor» a quedarse sin empleo, que «suelen» ser presenciales.

Las condiciones de vivienda

«Vemos a familias que viven hasta siete en una sola habitación y algunas no tienen ni derecho a utilizar el salón», denuncia Hortigosa, «viven en condiciones lamentables, así qué distancia social o medidas de higiene pueden seguir».

Alquileres sin contratos y que durante la pandemia a veces se los han cortado de repente dejándoles en la calle. «Después de comida, lo que más nos están pidiendo es alojamiento. La situación es gravísima», añade la voluntaria de San Ramón Nonato.

La comida es otra de las claves que, según apunta Rosa López, trabajadora del SUMMA Madrid. «Sus hábitos alimenticios no son los más adecuados y en muchos casos sufren de patologías como obesidad, hipertensión, o diabetes, de las que ahora no se controlan y que son factores de riesgo contra el virus».

Para Juan Manuel Ureña, presidente de la Asociación de Vecinos de Moscardó (Usera), entre los latinos de su barrio también existe una cultura de «estar en la calle». «Hacen lo mismo que hacíamos nosotros, les impregnamos esa cultura y ahora la practican. Si a eso le sumas que no tienen metros cuadrados para estar aislados, salen a la calle para oxigenarse un poquito y para trabajar», argumenta.

Después del distrito Centro, Usera es el área de Madrid en la que viven más inmigrantes. Representan un 24% de la población y son, en su mayoría, latinoamericanos y chinos. En la última actualización del mapa epidemiológico de la Comunidad, Usera lidera en la capital la incidencia acumulada de casos ‘activos’ por cada 100.000 habitantes. Según los mismos técnicos de atención primaria, dentro de la población inmigrante del distrito, los chinos suelen respetar las medidas de protección frente al COVID-19, mientras que los sudamericanos las cumplen en menor medida.

Las dificultades para mantener el aislamiento en los barrios del sur se traducen en una mayor ocupación en sus hospitales de referencia. Según el último informe del Ministerio de Sanidad, el 15% de las camas disponibles en la Comunidad de Madrid para pacientes con coronavirus está ocupado. Dentro de la red del Servicio Madrileño de Salud, el hospital más saturado es el Gregorio Marañón, que tiene asignados a los pacientes de Retiro, Moratalaz y Arganzuela. Le sigue muy de cerca el 12 de Octubre, centro de referencia de los distritos de Usera, Villaverde y Carabanchel. En ambos hospitales, estos niveles de ocupación se deben, sobre todo, a la llegada de pacientes asintomáticos o leves a los que le resulta muy complicado aislarse en sus entornos familiares.

Peor acceso al sistema sanitario

López, representante del sindicato SUMMAT, pone el foco en el cierre de los SUAP (Servicios de Urgencias de Atención Primaria) que se produjo en la región el 22 de marzo y que no se han reabierto: «Son 47 centros en la Comunidad de Madrid y dos de ellos están en Vallecas. Abren cuando cierran los centros de salud, por la tarde noche y fines de semana o festivos, y no exigen tener la tarjeta sanitaria para ser atendidos. Eran el recurso más fácil para muchos inmigrantes».

Estos centros abrían entre las ocho de la tarde y las ocho de la mañana y los fines de semana y festivos, «justo los horarios a los que podían ir muchos inmigrantes que trabajan 12 horas durante el día. Además están en los barrios y no alejados como en el caso de algunos hospitales, donde además hay más tiempo de espera en urgencias que no se pueden permitir si tienen que trabajar al día siguiente», explica la trabajadora del SUMMA. «Al no abrirlos, Sanidad dificulta aún más el acceso de los inmigrantes a la Sanidad porque ellos son quienes más los utilizan, y por tanto su capacidad para ser diagnosticados antes de contagiar a más personas», añade.

Desde la Consejería de Sanidad explican que esta decisión se tomó pensando en la seguridad del paciente, en una época en la que «era preferible que se priorizase la atención domiciliaria». «La recomendación era no acudir al centro sanitario si podía evitarse. Además, estos centros son muy pequeños, y resulta muy complicado mantener circuitos diferenciados de sucio o limpio. Los profesionales del SUAP pasaron a formar la plantilla sanitaria del hospital de Ifema durante las noches y los fines de semana, que es cuando los SUAP abren», precisan.

El cierre de los SUAP ha supuesto un refuerzo de 20 Unidades de Atención Domiciliaria (UAD) más, hasta llegar a las 65 unidades activas. Cada una de ellas está formada por un médico o enfermero y un técnico de emergencias sanitarias que se desplazan a los domicilios. La idea es que cuando algún ciudadano sufra una urgencia médica, llame al 112 o al 061 para que el SUMMA valore si trata de una situación emergente o urgente. Sí es así, enviará un recurso móvil. De lo contrario, ofrecerá al paciente consejos telefónicos.

«Hacinamiento» en el transporte público

Otra razón que explica los contagios entre los inmigrantes es el «hacinamiento del transporte público», afirman técnicos de atención primaria. Hace cuatro días, en cambio, el consejero de Transportes, Ángel Garrido, defendió en su cuenta de Twitter que viajar en el transporte público es «seguro» y no supone un «foco de contagio relevante de COVID-19» por el uso obligatorio de las mascarillas, las desinfecciones intensivas, la renovación del aire en los vehículos y una menor interacción social. De hecho, desde Transportes aseguran que no se han producido situaciones de hacinamiento desde el inicio de la pandemia.

La probabilidad de contagiarse en el transporte público, según comentó Transportes al diario ABC, oscila «entre el 1 y el 0,005 %». Los responsables de Metro y los autobuses madrileños sostienen que aún no se ha podido relacionar ningún brote del virus con el uso de transporte público. En el caso del Metro, por ejemplo, el Sindicato del Colectivo de Maquinistas (SCMM) denunció que en agosto se produjeron aglomeraciones en los intercambiadores y en las líneas 1 y 3. Esta última une Moncloa con Usera y Villaverde. La compañía dijo entonces que, salvo casos puntuales por incidencias del servicio, se cumplieron las normas de distancia social, que permiten juntar a un máximo de tres pasajeros por metro cuadrado.

Ante la vuelta del trabajo y el inicio de curso, Transportes ha reforzado las medidas de protección y las frecuencias de Metro, EMT y los autobuses interurbanos. Aún así, la demanda de viajeros continúa alejada de los niveles del año pasado. El pasado viernes, viajaron en Metro un 51% menos de pasajeros que el mismo viernes de 2019.

Menos conocimientos y estrategias para defenderse del virus

Para quienes vienen de países de habla no hispana, la pandemia les ha golpeado con menos estrategias de defensa y una de ellas era la de entender los mensajes o las instrucciones que iban llegando cada día desde las Autoridades Sanitarias. Nicole Ndongala, presidenta de la asociación de amigos del pueblo africano Karibú, pone de relieve este problema. «Nosotros desde el principio íbamos traduciendo los mensajes y campañas públicas para ayudarles a entender la situación».

Dificultades para entender los mensajes pero también para actuar ante el confinamiento hicieron que colectivos como los africanos aumentaran su ya preexistente vulnerabilidad. «Sabemos que estaban en peores condiciones para afrontarlo aunque no tenemos datos. Tendrían que hacerse pruebas masivas a inmigrantes para conocer cuál es la situación real», plantea Ndongala, cuya asociación también ha triplicado las atenciones diarias que ofrece y que superan el centenar diario.

Hortigosa cita al papa Francisco para tratar de convertir la crisis en oportunidad para el colectivo: «Ya lo ha dicho él, esta crisis está poniendo de relieve la precariedad en la que muchas familias llevan viviendo desde hace tiempo de muchas familias y es el momento de ver el problema y poner soluciones».

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