Salud

VIH, hitos y retos de una pandemia de 40 años y 1,5 millones de contagios anuales

Un test rápido de diagnóstico de VIH.

Un test rápido de diagnóstico de VIH. EP

El Centro de Control de Enfermedades de Estados Unidos identificó por primera vez el VIH en 1981. Aunque aún se tardaría dos años en identificar la causa, ese primer informe hablaba de cinco hombres jóvenes (entre 29 y 36 años), homosexuales y tratados por neumonía por pneumocystis (desconocida hasta la fecha) y candidiasis.

«La pandemia se describió en Los Ángeles porque allí se hacía vigilancia epidemiológica pero los primeros casos se remontan a El Congo entre los años 1920 y 1930. Solo que allí la gente se moría sin saberlo», explica Vicente Soriano, investigador especializado en enfermedades infecciosas y VIH.

1983 – Se identifica la causa

Dos años después de la primera descripción de casos, en 1983, se identifica el VIH en el Instituto Pasteur de Paris y un año más tarde en el Instituto Nacional de Cáncer en Bethesda en Estados Unidos. El primero lo denominó virus
asociado a linfadenopatía (LAV) y el segundo HTLV-III. En 1987 y tras una polémica por la autoría del descubrimiento, la Organización Mundial de la Salud (OMS) acordó la denominación de virus de inmunodeficiencia humana (VIH). La enfermedad se denominaría SIDA (síndrome de inmunodeficiencia humana adquirida).

1985 – Primeros test de anticuerpos

Otros dos años se tardó, como recuerda Soriano, en obtener la primeras pruebas diagnósticas de anticuerpos con el que detectar la infección también en caso de los asintomáticos. La técnica era ELISA, también usada ahora para detectar anticuerpos del SARS-CoV2.

1987 – Primer tratamiento antrirretroviral

El AZT (zidovudina) fue el primer tratamiento antirretroviral autorizado para tratar el sida. «Hasta ese momento la mortalidad por sida era altísima, morían casi todos, fue un gran paso aunque la terapia era cara y tenía muchos efectos secundarios», explica Soriano.

Tras aquello se autorizaron algunos fármacos más, pero el siguiente hito en cuanto a tratamientos, recuerda Soriano, «tardaría casi una década en llegar».

1995- Principio de la terapia triple

Tras la aprobación de distintos fármacos llega a finales de 1995 el primer inhibidor de la proteasa y poco a poco se abre paso la posibilidad de combinar medicamentos diferentes para suprimir completamente la reproducción del VIH. «Esto supuso una auténtica revolución, los pacientes evolucionaban y no se morían. Al principio se daba a los que tenían las defensas bajas y poco a poco se dio también a los que tenían defensas normales para prevenir su empeoramiento», cuenta el especialista.

En aquel momento esas terapias tenían muchos efectos secundarios y los infectados tenían que tomar hasta 10 pastillas diarias.

2001 – Liberación de patentes

Otro de los hitos en el curso de la pandemia, que para inicios del siglo XXI ya estaba en los cinco continentes, fue la liberación de las patentes en 2001. Ahora que también muchas organizaciones y países reclaman que se supriman los derechos de las vacunas frente al Covid, conviene recordar que la Organización Mundial del Comercio reconoció en la Declaración de Doha (2001) el derecho de los gobiernos a tomar medidas para eliminar patentes. Así, el precio de los tratamientos cayó un 99% en una década según datos de Médicos sin Fronteras recogidos por El Independiente.

En el año 2000 había unos 24 millones de personas contagiadas, se produjeron 1,4 millones de muertes y solo 590.000 infectados tenían acceso a antirretrovirales. Veinte años después, la cifra de contagiados ha aumentado hasta los 38 millones, pero las muertes se han reducido a la mitad (690.000) en gran parte gracias a que más de 26 millones de personas tienen acceso a antirretrovirales.

2010-11 – Una sola pastilla y profilaxis preexposición

La segunda década del siglo XXI trajo otros dos cambios importantes en esta pandemia. Por un lado, la evolución de los tratamientos permitió reducir de una decena a una las pastillas diarias para el tratamiento de los enfermos. También mejoró su tolerancia, por lo que los pacientes ganaron en calidad de vida.

Por otro lado, Soriano incide en el salto que supuso la profilaxis preexposición. «Por primera vez se trataba a personas no infectadas, se daba la medicación a pacientes de riesgo – con conductas de riesgo relacionadas con las drogas o el sexo – con lo que se podía evitar el contagio».

El médico subraya que esta vez fue la primera en la que se empleó esa estrategia de tratar a personas de riesgo y que luego se replicó en otras enfermedades como la hepatitis C.

La gran limitación de todos estos tratamientos es que no eliminan el virus y necesitan ser administrados de por vida para evitar que el virus vuelva a la carga.

2020 – Tratamientos long y ultra long acting

Teniendo en cuenta que los tratamientos han de tomarse durante toda la vida, dos de los grandes avances de los últimos años han sido fármacos que pueden administrarse mensual y anualmente.

«El avance más importante de los últimos tiempos fue desarrollado el año pasado por un grupo de Nebraska (EEUU) y consiste en una inyección que tiene una eficacia antirretroviral que dura un año. Esto da mucha libertad a los infectados», explica el investigador.

A lo largo de todos estos años, la evolución de los tratamientos no ha conseguido eliminar la enfermedad pero sí su cura «funcional». «Ahora mismo no se muere nadie que tome antirretrovirales y su esperanza de vida se asemeja a la de la población general. Únicamente padecen un envejecimiento algo más acelerado por lo que tienen un riesgo algo más elevado de enfermedades cardiovasculares y cáncer, pero no mucho más», explica Soriano.

El futuro: la vacuna y la erradicación de la enfermedad

Cuatro décadas después de la identificación de los primeros casos, se estima que esta pandemia ha causado 77 millones de casos y 35 millones de fallecimientos. Ahora sigue produciendo 1,5 millones de casos anuales y medio millón de muertes, especialmente en países pobres, según los últimos datos de ONU Sida.

Una pandemia por tanto aún activa que tiene dos objetivos a alcanzar, según Soriano: la vacuna y la erradicación de la enfermedad. «En el caso de la vacuna se ha avanzado y hay ensayos en fase 2 y 3, aunque ninguna ha demostrado aún la suficiente eficacia». El médico explica que por un lado están las vacunas inmunoterapéuticas, orientadas a personas ya infectadas para que eliminen el virus. Por el otro, las vacunas profilácticas, destinadas a la prevención del sida.

El otro gran reto es la eliminación de la enfermedad. «La gente se cura funcionalmente pero la enfermedad sigue ahí y si dejan la medicación, vuelve a aparecer. Obtener una terapia curativa esterilizante es un desafío que parece llegará de la mano de la terapia génica y el CRISPR, pero aún no se ve cercana», reconoce el médico.

Aunque desde el pico alcanzado en 1988 las infecciones por VIH se han reducido un 47%, el año pasado un 27% de los infectados no pudieron acceder a los antirretrovirales así como un 16% de las embarazadas para evitar transmitírselo a sus hijos. «Hay muchas investigaciones en marcha pero otras se han parado por el Covid. Es importante poner sobre la mesa esta enfermedad que sigue muy activa, en Europa no lo vemos pero en Canadá y EEUU están viendo un repunte de casos relacionado con el consumo de fentanilo«, concluye Soriano.


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