Salud

De los frenos de los coches a las fábricas: conocer el origen de la contaminación para mejorar la calidad del aire en la ciudad

El proyecto RI-Urbans, coordinado por el CSIC, va a dar un paso más en el análisis de la polución del aire. La OMS acaba de establecer nuevas directrices más restrictivas de calidad del aire.

El crucero Costa Deliziosa atracado en el puerto de Barcelona, uno de los focos de contaminación de la ciudad.

El crucero Costa Deliziosa atracado en el puerto de Barcelona, uno de los focos de contaminación de la ciudad. David Zorrakino / Europa Press

El pasado 22 de septiembre, la Organización Mundial de la Salud emitió un informe: restringir los niveles permitidos de contaminantes en el aire es necesario para evitar millones de muertes prematuras cada año. La concentración de partículas, dióxido de carbono o azufre debe ser menor, ya que la ciencia ha demostrado que causan unos siete millones de muertes prematuras cada año y otros tantos millones más de años de vida saludable. Algunas de estas partículas son responsables también del cambio climático.

Este nuevo horizonte de exigencias de calidad del aire da aún más sentido a proyectos como RI-Urbans. Este programa coordinado por el CSIC en el que participan más de 50 centros de investigación da un paso más en la medición de la calidad del aire y su monitorización con fines científicos y orientados a la salud. «Llevamos trabajando en calidad del aire desde 1995 y ahora lo que queremos es que nuestros trabajos de investigación se conviertan en una red europea coordinada y capaz de establecer conexiones en términos de salud o mortalidad», explica el director del programa, Xabier Querol, del Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua del CSIC.

Este proyecto acaba de recibir ocho millones de euros de la Comisión Europea y estableceré un piloto en nueve ciudades europeas, entre ellas Barcelona, en las que irán estableciendo redes de medición conectadas con nuevos parámetros mucho más avanzados. Sus mediciones se centran en las nanopartículas y material particulado, las más pequeñas y con menos control hasta la fecha. «Estas partículas finas tienen un diámetro mil veces menor que el del cabello humano y son tan pequeñas que en los alveolos pulmonares, esas partículas se comportan como un gas y entran al torrente sanguíneo, de manera que pueden alcanzar cualquier órgano. Por ello dijo la OMS en su último informe sobre calidad del aire que la contaminación provoca ya más muertes por causas cardiovasculares que respiratorias», explica Querol.

Así, el objetivo es avanzar mucho más en la medición de parámetros relacionados con estas partículas y con su influencia en la salud. Entre esos nuevos parámetros estará conocer el origen de la contaminación en tiempo real: «Podremos saber qué parte de la contaminación en un momento determinado procede de una industria textil, o entre las procedentes del tráfico sabremos cuáles vienen del tubo de escape y cuáles del desgaste de frenos, por ejemplo, así como del polvo africano». Querol asegura que actualmente ya miden esos parámetros en algunas ciudades gracias a sus proyectos de investigación y un tercio de la contaminación del tráfico la producen los frenos, algo que por tanto no eliminan los vehículos eléctricos.

Conocer ese origen puede dar herramientas a las administraciones para tomar medidas ajustadas a la realidad y que tengan un impacto más real. A través de sus redes sociales, el proyecto ya busca cubrir posiciones como la de analizar la exposición a la contaminación a corto plazo con riesgo de mortalidad e ingresos por distintas causas en las ciudades europeas.

En un principio las pruebas pilotos se desarrollarán en Atenas, Barcelona, Birmingham, Bucarest, Helsinki, Milán, París, Rotterdam-Ámsterdam y Zúrich, aunque Querol asegura que muy pronto se unirán Madrid y Granada, ciudades donde ya se están midiendo muchos de estos parámetros en proyectos de investigación. Las pruebas piloto permitirán demostrar que estas soluciones mejoran los sistemas de monitorización de la calidad del aire y la evaluación de la exposición humana.

Querol cree que ha llegado el momento de extender estos proyectos con los que su laboratorio lleva años trabajando a nivel de investigación. «El aire está mucho mejor que en 2005 [cuando la OMS estableció las anteriores directrices] pero ahora se hace necesario establecer nuevos conocimientos científicos que permitan averiguar las causas específicas de la contaminación y adoptar nuevas legislaciones. La Comisión Europea debe redactar ahora una nueva directiva y no se tienen datos sólidos sobre lo que causa más mortalidad. Este sistema ayudará a conseguirlo», concluye.

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