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Más vulnerables pero no más débiles, por qué las mujeres sufren más depresión

Más vulnerables pero no más débiles, por qué las mujeres sufren más depresión

Más vulnerables pero no más débiles, por qué las mujeres sufren más depresión Unsplash

A lo largo de su vida, una de cada cinco mujeres sufre una depresión. En el caso de los hombres la padece uno de cada ocho. Ellos, sin embargo, sufren más adicciones y se suicidan tres veces más. Además de otros factores genéticos o sociales, el género determina nuestras posibilidades de padecer unas u otras enfermedades. Y la depresión tiene rostro de mujer.

Se puede ver, por ejemplo, a través de los ojos de Meritxell Durán. Ella es ilustradora y lleva conviviendo con la depresión casi desde que tiene recuerdos. «Hola, me llamo Meritxell y soy depresiva», se presentaba en un reciente seminario sobre Depresión y Mujer organizado por Lundbeck. «Aún tengo picos depresivos, que son muy duros, pero vivo con una calidad de vida bestial porque me he esforzado un montón», introducía.

Portada del libro de Meritxell Durán

A través de su libro Depresión o Victoria, Durán ha plasmado su vida a lo largo de diez años. La enfermedad es para ella como un monstruo que no es en realidad más que uno mismo. A veces lo ocupa todo y otras consigue enjaularlo en su interior. «La depresión es luchar contra un enemigo muy duro que eres tú mismo, es una enfermedad poco tolerada socialmente», explicaba sobre su proceso de años.

Meritxell creció en el seno de una familia difícil, pero solo por ser mujer ya afrontaba el doble de posibilidades de padecer una depresión. La prevalencia de este trastorno mental en la población mayor de 15 años (padecerla en los últimos 12 meses con diagnóstico médico) es del 9,1% en las mujeres y del 4,3% en hombres, según la Encuesta Nacional de Salud de 2017.

Desde los 12 años, ellas padecen más depresión y esta brecha de género se mantiene toda la vida, hasta llegar a ser el triple en las mujeres mayores a partir de 70 años. «Los datos son apabullantes», explicaba en el mismo seminario la psiquiatra Marina Díaz, presidenta de la Sociedad de Psiquiatría de Madrid, «y llega la pandemia, que ha afectado aún más a mujeres y a jóvenes. Las mujeres se deprimen más y sufren, además, cuadros más graves».

Más prevalencia de la depresión en la etapa fértil

«El ciclo reproductivo nos da cosas buenas pero trae más depresión. El 50% de los casos de depresión están en torno a los 40 años, con mayor prevalencia en el embarazo y parto así como la perimenopausia», explica en relación a la etapa que rodea a la menopausia.

Además del cerebro de la mujer, que es más vulnerable al estrés que el de los hombres, las hormonas son responsables de esas características diferenciales, como explicaba Díaz en su presentación. «Las hormonas están íntimamente contactadas con las emociones y con el sistema nervioso central y viceversa, las hormonas forman parte del sistema cerebral e influyen en la regulación de las transmisiones y del funcionamiento del cerebro».

Los estrógenos, la progesterona y la oxitocina son esas tres hormonas femeninas a las que se achaca un papel en esa vulnerabilidad femenina a la depresión, explicaba la psiquiatra. «Curiosamente la incidencia de la mayor depresión de la mujer se inicia con el ciclo reproductivo, cuando los estrógenos y la progesterona empiezan a funcionar y se mantiene durante todo el ciclo reproductivo».

El porqué de este papel neuronal tiene que ver con las espinas dendríticas, encargadas de las interconexiones neuronales. «Los estrógenos aumentan antes de la menstruación y se encargan de regar esas espinas dendríticas, con lo que ahí estamos fenomenal, porque hay gran interconexión. Pero para que venga la menstruación los estrógenos tienen que caer y aparece la progesterona. Es como la época de la poda, la progesterona quita las espinas dendríticas y empeora la transmisión. Por tanto todos los meses de la vida fértil de la mujer estamos inmersos en este vaivén de neurotransmisión cerebral», explicó Díaz, que añadió que «los estrógenos actúan también sobre la serotonina, dopamina y otros factores que condicionan la calidad del sueño y del estado de ánimo».

Eso influye por ejemplo en el síndrome disfórico premenstrual, que afecta de forma grave a entre el 3 y el 8% de las mujeres, o la desconocida prevalencia de la depresión durante el embarazo, que según los datos presentados por Díaz oscila entre el 10 y el 15%. «Este tipo de depresión suele estar infradiagnosticada y, por tanto, no tratada. Es grave porque se asocia a partos pretérmino, bajo peso al nacer y bajas puntuaciones apgar en los recién nacidos».

El otro punto clave donde las hormonas ejercen gran influencia es el de la perimenopausia, de dos a cinco años antes del cese de la regla y un año después del mismo. «Es cuando las fluctuaciones hormonales llegan al máximo, ahí la terapia hormonal puede alterar los síntomas depresivos aunque no es su tratamiento».

No obstante, las hormonas son solo uno de los factores biológicos que sitúan a la mujer en una peor posición que los hombres frente a una situación potencialmente desencadenante de una depresión. «La depresión es una enfermedad multifactorial, hay que tener una predisposición genética y además una serie de factores estresantes que se asocian a esa vulnerabilidad, y el resultado será el episodio depresivo», apuntaba la psiquiatra.

Factores de riesgo potencialmente responsables de la brecha de género en la depresión

Susceptibilidad biológica Susceptibilidad psicológicaFactores ambientales
Riesgo genéticoNeuroticismo y afecto negativoAdversidad temprana: abuso sexual infantil
Interacciones gen-ambienteAusencia de afecto positivoViolencia interpersonal después de la niñez
HormonasOrientación interpersonalAcontencimientos comunes de la vida: exposición y susceptibilidad al estrés
Respuesta fisiológica al estrésRumiación y co-rumiaciónDesigualdades estructurales de género en la sociedad
Vergüenza corporal e insatisfacción
The Lancet Psychiatry (2017)

«Hay factores de estrés asociados a la maternidad, si no puedes ser madre por ejemplo, también en el trabajo por acoso laboral, la presión social de sentirse joven y bella, la violencia de género o la dependencia económica, todos ellos están asociados al género», apuntó Díaz, «que la sociedad conozca todos estos factores es clave para entender que mientras la mujer es más vulnerable a la depresión el hombre lo es a las adicciones, la mujer es más vulnerable a la depresión, no más débil».

La médica de familia Verónica Olmo también participó en la jornada hablando sobre la atención de la depresión en Atención Primaria y subrayó otros factores sociales como «el síndrome del nido vacío» o el rol de cuidadora de la mujer «primero de los hijos y después de los padres».

Síntomas específicos de la mujer deprimida

Aunque el diagnóstico sea el mismo, el género femenino tiende a sufrir la depresión con unos síntomas específicos. «Suelen tener una rumiación excesiva de las preocupaciones y cogniciones depresivas, aparecen más síntomas atípicos, es decir, si bien la depresión se caracteriza por pérdida de apetito e insomnio, ellas la pueden sufrir con más hiperfagia e hipersomnia con el aumento de peso que eso conlleva y la presión social añadida. También suelen tener más manifestaciones somáticas, que cuando el malestar se expresa a través del cuerpo. Además, su depresión está asociada a más ansiedad. Todo ello se asocia a mayor cronicidad y posibilidad de recurrencia», explicó la presidenta de la Asociación Madrileña de Psiquiatría.

«Las mujeres mayores con depresión tienen más quejas somáticas muchas veces por la dificultad que tienen para expresar sus propias emociones, no saben qué les está pasando. Somatizan a través del dolor de cabeza o de estómago, que es entre cuatro y siete veces más frecuente entre los pacientes con depresión», incidió Olmo. En su ámbito, la Atención Primaria, un estudio europeo de 2008 cifró la prevalencia de la depresión en un 18,4% en mujeres frente al 11,2% en hombres. Otro estudio en Cataluña en 2010 fijó la prevalencia general en AP en un 9,6%.

El riesgo de caer en un trastorno depresivo sube, además, cuando las mujeres tienen enfermedades previas. «A mayor número de patologías que presenta una persona tiene mayor riesgo de depresión», subrayó Olmo, quien cree que habría que fomentar mucho más el cribado de depresión cuando existen comorbilidades.

La depresión en la mujer mayor

La última etapa de la vida acerca los porcentajes de prevalencia de la depresión entre mujeres y hombres – 11,9% ellas y 9,7% ellos – excepto quienes viven en residencias, donde alcanza el 16%, como explicó el psiquiatra especializado en adultos mayores Javier Olivera según un estudio publicado en Neuroscience Behaviour. Las tasas, no obstante, van aumentando con la edad y adquieren su mayor prevalencia entre los 75 y 84 años.

«Tener una depresión se asocia, especialmente en los mayores, con otras patologías y se ha demostrado que tener una depresión mayor aumenta las posibilidades de enfermar del corazón», afirmó Olivera.

Constelación de síntomas en la depresión de la mujer mayor

https://progress.im/en/content/constellation-symptoms-0

El psiquiatra expuso las condiciones que han hecho que para las españolas mayores de hoy haya un caldo de cultivo para la depresión. «Cuánto han trabajado estas mujeres durante décadas, han sufrido en ocasiones opresión por parte de sus propios maridos, dependencia económica; después son más cuidadoras y sufren más soledad y pérdidas, la peor es la muerte de un hijo», apuntó.

También las causas físicas, como el deterioro cognitivo o enfermedades que cursan con dolor aumentan el riesgo. «La depresión no tiene una causa única y es el modelo perfecto de la enfermedad psicobiosocial», explicó Olivera.

Los datos reflejan que la depresión en la vejez puede aumentar el riesgo de desarrollar demencia y que tiene mayor riesgo de recaída y cronocidad. Olivera aseguró también que la depresión está muy infradiagnosticada en estas edades. «En estas edades la depresión es una enfermedad global, no solo es tristeza o llanto, genera muchos problemas físicos y cognitivos», incidió.

La importancia de la prevención

La realidad que afecta a todas las mujeres puede prevenirse. Una revisión de 30 estudios demostraron que este tipo de actuaciones consiguió reducir la incidencia de nuevos trastornos depresivos en un 25% y hasta un 50% si se ofrecían de forma escalonada.

Educación, terapias psicoterapéuticas, fármacos, cambios nutricionales y en el estilo de visa son vitales para lograr estos cambios. Una prevención que no obstante encuentra barreras en la situación actual que vive la Atención Primaria. «El poco tiempo que tenemos, siete minutos, nos dificulta el abordaje de los trastornos emocionales, porque eso exige una escucha activa para la que no tenemos tiempo», lamentaba Olmo, «necesitamos programas preventivos, no llegar y encontrarla. Echamos de menos más formación sobre estos trastornos también, especialmente en adolescentes».

Otros factores de protección para la mujer son más personales e incluyen un buen apoyo social y familiar, estar ocupada y activa y mantener buenos hábitos. Esa red y esos hábitos, además de los fármacos, fueron los que ayudaron a Durán a salir de su propio abismo.

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