Con la máscara de pestañas recién puesta, paso firme y zapatos planos, Silvia Albert se mueve como un torbellino por la oficina de la agencia de comunicación que lleva su nombre.

“¿Te has vuelto loca?” era la pregunta que más le hacían hace 18 años, cuando siendo la directora de comunicación de Merril Lynch, uno de los principales bancos de inversión, decidió dejarlo para hacerse empresaria. “Querer hacer las cosas de otra forma” fue su fuerza motriz.

“¿Cómo es posible que haya empresarios que sigan si estar convencidos de que la comunicación es fundamental?”, se pregunta Albert, que nada más sentarse frente a la cámara de El Independiente le pide a una persona de su equipo que grabe ella también en vídeo la entrevista. Está en cada detalle. “En este negocio hay que estarlo”, apunta.

Su aventura empresarial empieza el año 1999, en pleno boom de las puntocom. “Y si estas start-up tenían algo claro era la importancia de la comunicación”. La agencia empezó a crecer rápidamente, pero aquel boom en seguida acabó en crash un par de años después.

Las empresas todavía frenan el crecimiento de la mujer y ponen en duda su capacidad de liderar

Cuando aquella primera burbuja de internet se pinchó “nos la pegamos”, reconoce sin tapujos. Eso no la desanimó: “Así aprendimos a salir adelante”. Ahora su agencia es una de las referencias en el sector financiero español y esta última crisis, la que empezó con la quiebra de Lehman Brothers, le ha pillado entrenada.

Acostumbrada a derribar estereotipos, a Albert no le gusta generalizar. Pero no se muerde la lengua al preguntarle si ha encontrado barreras de género a lo largo de su carrera. “Las empresas todavía frenan mucho el crecimiento de la mujer y ponen en duda su capacidad de liderar”, reconoce.

A veces se ha encontrado con altos directivos, confiesa, que todavía creen “que hay cosas que no está bien visto hacerlas con una mujer”. Prefieren ir acompañados de “un hombre con corbata que con una mujer que no lleva tacones”.

Sin embargo, Albert defiende que en un sector tan tradicional como el financiero ha habido en los últimos años una evolución en favor de la igualdad que “se nota cada vez más”. No le pasa inadvertido que al frente de las direcciones de comunicación de las grandes empresas españolas, sin embargo, siga habiendo clara mayoría masculina. “En cambio, hay muchas más agencias de comunicación lideradas por mujeres”.

¿Será porque las grandes empresas todavía ponen trabas para prosperar y ellas optan por ponerse por su cuenta? “Tú lo has dicho”, asiente con una sonrisa.

La asignatura pendiente de la comunicación

Albert, que tiene clientes que van de los 31 a los 82 años, de gestoras de fondos al sector farmacéutico y los ferrocarriles,  se maravilla al recordar que cuando inició su carrera como periodista (trabajó en la Agencia Efe, Expansión y Cinco Días) todavía el fax era fundamental y los teletipos llegaban en rollos de papel. “Estamos viviendo un momento fascinante”, repite varias veces con entusiasmo.

“Esto ha cambiado muy rápido y el mundo de las finanzas se mueve lentamente”, añade. “Todavía hay mucho vértigo porque la inmediatez actual choca con la manera en la que las empresas tradicionales han funcionado toda la vida”.

Los bancos tienen un reto fascinante para conectar con los millenials y la clave va a estar en la comunicación

Gran parte de su trabajo es explicar a sus clientes que internet lo cambia todo. “Todavía hay muchos ejecutivos empeñados en salir en las portadas de los diarios de papel”, afirma haciendo aspavientos con las manos como si fuera incomprensible a estas alturas. “Algunos no quieren ni oír que han cambiado las reglas del juego y ahora hay que estar online. Olvídate de la obsesión por las portadas de los periódicos y las notas de prensa, las empresas necesitan presencia en redes, vídeos… una comunicación de 360º. Eso, además de comunicar, significa escuchar”.

En su especialidad, la comunicación financiera, el reto es doble. “Mi hijo de 25 años me llamó fascinado el otro día porque su banco le había mandado una carta. ‘¡En papel, mamá!’, me decía. No entendía ni lo que la carta le decía ni por qué le llegaba por correo”. Y advierte: “Los bancos tienen un reto fascinante para conectar con los millenials y la clave va a estar, más que nunca, en la comunicación”.

Acaba con un mensaje lleno de energía positiva, como la oficina decorada según el feng shui que tanto le apasiona: “Cualquier sueño que tengamos se puede hacer realidad, todo es ponerse”. ¿Su consejo para triunfar emprendiendo? “Hay que tener muchas ganas, formación y fuerzas”. No hacen falta tacones.