En Aragón hemos aprendido a contar los años por hitos y a ponerles nombre. 2024 fue el año de la prosperidad, y no es para menos. Aquel curso dimos el pistoletazo de salida a una dinámica de captación de inversiones en tecnología, agroindustria, logística y automoción que, pese a estar aún lejos de los 70.000 millones que hoy contabilizamos, sorprendían a propios y ajenos por su consignación milmillonaria.
Este 2025, el año de la tecnología, nos ha enseñado que incluso el mejor escenario es susceptible de mejorar. Nos hemos consolidado como uno de los principales hubs tecnológicos de Europa al captar 60.000 millones en infraestructuras vitales para el desarrollo digital como son los centros de datos.
Pero si para Aragón este ha sido el año de la tecnología no es solo como consecuencia de la inversión privada, que también. Desde el Gobierno de Aragón hemos decidido profundizar en la diversificación de la economía de la comunidad al apostar por la formación tecnológica en todos los niveles educativos –desde Infantil hasta los grados universitarios- o con la construcción del DAT Alierta, un parque tecnológico que servirá para atraer y crear empresas y facilitar la creación de empleo de alta cualificación.
Tengo sobrados motivos para pensar que 2026 merecerá el sobrenombre de 'año del bienestar'. En Aragón, la captación de inversiones, el dinamismo empresarial y los magníficos datos de ocupación y desempleo no son indicadores macro ajenos a la realidad. Todo lo contrario. Vienen acompañados de una notable mejora en los servicios públicos más elementales, esos que elevan la calidad de vida de los ciudadanos.
Hoy, Aragón tiene 1.275 profesionales sanitarios más que hace tres años. Las listas de espera quirúrgicas se han desplomado en un 27% en los últimos doce meses, demostrando que el modelo aplicado por el Gobierno de Aragón funciona. A igual nivel funciona el Plan de fidelización MIR, que ya ha logrado cubrir 76 plazas en el medio rural, pese a que nos dijeron que la fórmula no daría resultados.
En materia educativa también hemos reconducido la errática situación heredada tras ocho años de socialismo. La izquierda convirtió a los maestros aragoneses en los peor pagados de todas las comunidades autónomas, un agravio intolerable que hemos corregido al equiparar sus nóminas a la media del país. También el número de profesores se ha incrementado, nada menos que en 3.125 profesionales en el último trienio.
Aportaré un último dato para celebrar el notable refuerzo de los servicios públicos aragoneses en esta legislatura, en este caso en lo que concierne a la Dependencia en Aragón. Desde agosto de 2023, el sistema ha multiplicado por cuatro su capacidad para resolver solicitudes. Y el tiempo medio de resolución de expedientes, de 152 días, es ya el menor de la historia de Aragón. Todo ello a pesar de ser un sistema infrafinanciado por el Estado.
Queda mucho camino por recorrer. Los aragoneses merecen lo mejor. Y este 2026 va a ser un año de impulso decidido a la Sanidad, la Educación y los servicios sociales. Pero también de inversión en materias tan importantes como las políticas de vivienda -contemplamos impulsar 5.000 públicas en cuatro años y muchas de ellas ya están en marcha-, carreteras, transporte público entre municipios o de apoyo a nuestro sector primario. Por todo ello, 2026 será un año de bienestar y progreso para todos los aragoneses.
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