Es muy pronto para hablar de los premios Goya 2027 (disculpen las molestias), pero hay una película que, desde su proyección en la última edición del Festival de Málaga, donde se llevó el galardón más importante (la Biznaga de Oro), ya está en las quinielas: Yo no moriré de amor. Se trata de la ópera prima de Marta Matute y tiene entre sus filas a Sonia Almarcha, Tomás del Estal y Laura Weissmahr. Interpretan a una familia que debe hacer frente a la enfermedad degenerativa de la madre. La joven protagonista es Júlia Mascort, a la que el público catalán quizás recuerde por la serie diaria Com si fos ahir. Yo no moriré de amor es su debut como actriz en el largometraje; un papel por el que se llevó la Biznaga de Plata en Málaga.

PUBLICIDAD

Ya habrá tiempo, muy probablemente, de hablar con Júlia Mascort. De momento, El Independiente habla con Sonia Almarcha. Tras trabajar a las órdenes de Fernando Franco en Subsuelo ("una comedia ligerita", ironiza ella); la actriz estrena este mes dos películas: Yo no moriré de amor (8 mayo) y A la cara (29 de mayo).

PUBLICIDAD

"Me gustan los personajes con mucha enjundia; son personajes muy ricos de hacer. Maravillosos. También he hecho comedia y personajes muy divertidos. Pero luego no me acuerdo de ningún personaje al hacer otro. Lo separo mogollón. Cuando termino una peli, termino una peli", comenta Sonia Almarcha (Alicante, 1972) al final de la entrevista. Vayamos al principio.

P.- La directora [Marta Matute] habla desde un lugar de absoluto conocimiento de la enfermedad. ¿Qué hablaste con ella para hacer este personaje? Parece ser una versión de su propia madre.

R.- (Sonia Almarcha) Sí, lo soy.

P.- ¿Cómo te has relacionado con el personaje? ¿Ha habido algún caso [parecido] en tu familia o, afortunadamente, has tenido que preguntar?

R.- (Sonia Almarcha) No, afortunadamente. He tenido que trabajar bastante sobre ello. No es que haya tenido – es que fue casi una de mis condiciones cuando Marta [Matute] me ofreció hacer el personaje. Tuvimos una charla para contarme cómo era y todo lo que iba a tener que hacer, y si realmente yo quería meterme a hacer esto. Me emocionó. Leí el guion y me atravesó. No es que lo quisiera hacer – es que lo iba a hacer. El casting lo iba a ganar yo. Me atravesó el personaje.

Marta [Matute] fue supergenerosa. Ella me mandó vídeos y fotos de su madre; me contó todo lo que recordaba - que no era mucho. Tuvo que preguntar mucho a sus hermanas mayores porque ella tenía borradas de su memoria muchas cosas; tuvo que disociarse en algún momento para seguir. Y luego tuvo la enorme generosidad – su padre está pasando ahora por un proceso igual que el de su madre, y estuve con su padre en su casa, con ella, comiendo y 'hablando'. Grabamos en vídeo para tener referencias físicas. La generosidad fue extrema.

Yo confiaba mucho en que ella [Marta Matute, la directora] iba a saber medir muy bien. A mí, lo que me preocupaba era que se viera en algún momento el armazón de este personaje; que se viera a una actriz 'haciendo de'. Yo, trabajando, soy tirando a obsesiva, sobre todo cuando hay un cambio de fisicidad. Me preocupa mucho que se vea que estás haciendo 'de'.

Yo pedí a la productora y a la directora que me dieran cobertura tanto de tiempo –preparar el personaje antes de empezar la película– como a nivel de medios: que pudiéramos contactar con asociaciones, enfermos y familiares. Estuvimos trabajando con gente que estaba en estado leve, moderado y grave. Yo estaba como una enferma más en las clases con las neurólogas, o de recuperación de habla. Estuve con gente que tenía afasia. En las fases más agudas, más graves, yo simplemente estaba allí con ellos y las cuidadoras, observándolos, viendo cómo comían, cómo se atragantaban o como no miraban; esa mirada perdida. Y luego ensayamos cinco semanas prácticamente a diario. O sea, tuvimos casi un proceso teatral para poder hacer eso tuyo, que no se vea que estás haciendo.

P.- Al final son 6 años [de enfermedad en la película] y nosotros echamos un vistazo.

R.- (Sonia Almarcha) Marta [Matute] y yo teníamos varios excels con la cronología de la enfermedad. En qué momento entra la afasia, cuáles son sus fases, en qué momento deja ya de hablar y empieza a hacer sonidos guturales… Hay alguna secuencia que se ha caído en montaje donde se ven fases que no salen en la peli [Yo no moriré de amor]. Es una pena, pero siempre pasa. En montaje, al final, se acaba de hacer la peli; y cuando la vas a montar hay cosas que no casan o se cae el ritmo. Era más minucioso. De hecho, la familia, cuando ensayábamos, me preguntaba exactamente en qué momento estaba de la enfermedad. Entonces, dependiendo de en qué fase estaba yo, estaban ellos también.

P.- Es el rácord llevado al extremo. Es un papel muy físico. ¿Cómo reaccionó tu cuerpo? ¿Te empezó a doler algo o no notaste nada?

R.- (Sonia Almarcha) No, no, no. A mí casa no me llevo nada; ya bastante tengo en casa. Tengo niños, perros, gatos, marido; muchas cosas. Sí es verdad que trabajé mucho el cuerpo. De hecho, yo les comuniqué tanto a Julia [actriz] como a Marta [directora] mi necesidad de trabajar desnuda con ellas, sobre todo con Julia, que es quien me cambia el pala; lo que luego tenía que verse en la peli. Ella ha tenido que cuidar y tocar a su madre, bañarla y limpiarle el culo, que es lo que pasa en la realidad. No es lo mismo hacerlo una vez que hacerlo todos los días muchas veces. La única manera de hacerlo [posible] es que ellas me vieran a mí [desnuda] y que yo me acostumbrara a estar así.

Al principio, Marta [Matute] quería hacer una cosa cronológica; [los enfermos] se van quedando chupados y más rígidos. No había tiempo para hacer esto, así que había que hacerlo físicamente. Trabajé a nivel corporal el meter los abdominales hacia dentro para que el cuerpo se acabe deformando un poco, que no haya esa masa muscular; estudié bien cómo era esa rigidez.

P.- Y encima poco diálogo. No es una película donde los personajes hablen de lo que está pasando. Es lo que hay y se enfrentan a esa situación.

R.- (Sonia Almarcha) Como las buenas situaciones, las ves; no las oyes [se ríe].

P.- Por un momento pensé que Yo no moriré de amor es una película muy española porque en España sí hay una tradición, una cultura, de cuidados.

R.- (Sonia Almarcha) Creo que eso ya no está pasando tanto. Mi abuela tuvo un ictus y la cuidó mi madre hasta el último momento; vivió con nosotros en una cama postrada toda mi infancia. La gente se ocupaba de sus mayores; sobre todo, las mujeres cuidaban de sus mayores y de los mayores de su marido; de los suegros y de las suegras. Es posible que en otros países no se de tanto. Esto es muy mediterráneo, ¿no? Me lleva un poco a las familias italianas o griegas. Pero igual cada vez menos, ¿no?

P.- ¿Has tenido conversaciones sobre esto con tus hijos? Tipo 'si me pasa algo, enviadme a una residencia'.

R.- (Sonia Almarcha) Mis hijos tienen 24 y 17 años. No sólo hemos tenido conversaciones – han pasado muchas cosas con este personaje. Mis padres fallecieron el año pasado, los dos, en 9 meses. Eran muy mayores. Habían vivido muy bien. No había demencia de ningún tipo. Tenían 96 y 98 años, ojo. Han vivido plenísimamente, pero obviamente, a esa edad, tenían muchas dificultades. Mis hijos nos han visto ocuparnos de ellos, y han cuidado de ellos también. Yo les comunicaba muchas veces lo difícil y lo delicado que es que, de repente, tu padre se hace mayor, necesita ayuda para ir al baño y que le limpies el culo. Y perdona que lo diga así, pero es que es eso. O bañarlos y que ellos se sientan cómodos –al principio no se quieren bañar– con las cuidadoras, porque prácticamente son todas mujeres.

Mi hija mayor no vive en España y no ha podido ver la película todavía. Pero mi hijo de 17 años fue el otro día a un pase; de hecho, él sale un poquito en la película, en el grupo de Júlia, cuando están dándolo todo en el concierto. Él quiere estudiar dirección de cine; entra en la ECAM este año que viene. Y cuando vio la película el otro día… No tenía consuelo; llorando y llorando. Me decía: 'Mamá, flipo con lo que has hecho, pero no te quiero volver a ver así más' [le imita y se ríe]. Fue muy impresionante para él verlo. Me decía: 'Mamá, es que eras la abuela'.