La embajada de Irán en Madrid ha recordado este martes en sus redes sociales las relaciones históricas con España en mitad de la guerra abierta por EEUU e Israel tras el asesinato del líder supremo iraní Ali Jamenei.
"Irán-España; una antigua relación en el espejo del tiempo", presume el título de un tuit publicado por la legación diplomática iraní en Madrid. La publicación está acompañada de fotografías de distintos presidentes iraníes con Felipe González, José María Aznar, Mariano Rajoy y Pedro Sánchez.
El gran ausente es el expresidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero. Las relaciones diplomáticas entre España e Irán se remontan al siglo XIX, pero han mantenido una continuidad especialmente significativa desde la instauración de la democracia española. Tras la aprobación de la Constitución de 1978 y en paralelo a la Revolución Islámica iraní de 1979, Madrid optó por conservar abiertos los canales diplomáticos con Teherán, a diferencia de otros países occidentales que redujeron o suspendieron contactos tras la caída del sha y la crisis de los rehenes en Estados Unidos. Desde entonces, ambos países han mantenido embajadas operativas y un diálogo político estable, aunque de perfil discreto.
Durante las décadas de 1980 y 1990, la relación tuvo un marcado componente económico y energético, con Irán como proveedor relevante de crudo para el mercado español. La evolución posterior estuvo condicionada por las sanciones internacionales vinculadas al programa nuclear iraní, adoptadas en el marco de la Unión Europea y en coordinación con Estados Unidos. Esas restricciones redujeron de forma notable los intercambios comerciales, aunque España respaldó los esfuerzos diplomáticos que culminaron en el acuerdo nuclear de 2015 y defendió la vía del diálogo como instrumento para evitar una mayor desestabilización regional.
En el plano político, la relación hispano-iraní se ha movido en un delicado equilibrio entre el pragmatismo y los compromisos internacionales de Madrid como miembro de la OTAN y de la UE. Los distintos gobiernos españoles han mantenido una interlocución constante con Teherán, al tiempo que han expresado preocupación por la situación de los derechos humanos y por el papel regional de la República Islámica. Sin rupturas formales ni crisis bilaterales graves desde la Transición, el vínculo se ha caracterizado por una diplomacia de bajo perfil, sujeta a las tensiones geopolíticas más amplias que atraviesan Oriente Próximo.
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