En plena escalada regional entre Estados Unidos, Israel e Irán, Teherán ha acusado en varias ocasiones de “ataques de falsa bandera” a algunos incidentes registrados en el Golfo Pérsico que fueron atribuidos a la República Islámica. La expresión, habitual en conflictos internacionales y en el lenguaje de los servicios de inteligencia, describe una operación diseñada para ocultar al verdadero autor de un ataque y culpar a otro actor con fines políticos o militares.
La acusación se ha convertido en un elemento recurrente del discurso iraní cada vez que explosiones, sabotajes o ataques contra petroleros e infraestructuras energéticas sacuden la región, uno de los principales corredores energéticos del planeta. En una entrevista con El Independiente, el embajador iraní en España Reza Zabib lo citó para tratar de desmentir la implicación iraní en algunas de las arremetidas que han puesto en jaque el modelo económico del Golfo. “Le recomiendo que compruebe lo que Tucker Carlson [comentarista conservador estadounidense] ha publicado recientemente. Una enorme operación de bandera falsa se está llevando a cabo allí. Se refiere a la detención de elementos del Mossad en países árabes, atacando instalaciones allí para culpar a Irán”, deslizó.
Qué es un ataque de falsa bandera
Un ataque de falsa bandera es una operación encubierta en la que el autor real de una agresión intenta hacer creer que el responsable es otro país, grupo armado o actor político.
La finalidad suele ser crear un pretexto para una guerra, provocar represalias contra un rival, manipular la opinión pública o justificar una escalada militar. En el terreno estratégico, se trata de una forma de engaño operativo que combina acción militar con manipulación informativa.
En la práctica, estas operaciones suelen ir acompañadas de campañas de propaganda, filtraciones o narrativas destinadas a consolidar la versión de quién sería el supuesto responsable del ataque.
El origen del término
El concepto procede del ámbito naval. Durante siglos, barcos de guerra y piratas navegaban bajo la bandera de otro país para engañar al enemigo antes de atacar.
Esta práctica permitía acercarse a la víctima sin levantar sospechas. Justo antes de iniciar el combate, el barco atacante podía revelar su identidad real o mantener el engaño. Con el tiempo, el término “false flag” pasó a utilizarse en la política internacional para describir operaciones clandestinas diseñadas para simular una agresión y culpar a un tercero.
Cuáles son las principales operaciones de falsa bandera en la historia
A lo largo del siglo XX varios episodios han sido identificados por historiadores como operaciones de falsa bandera utilizadas para justificar conflictos o alterar el equilibrio político.
Uno de los casos más conocidos es el incidente de Gleiwitz, organizado por la Alemania nazi de Adolf Hitler en 1939. Agentes alemanes disfrazados con uniformes polacos atacaron una emisora de radio alemana para simular una agresión de Polonia. El episodio fue utilizado por Berlín como pretexto para invadir Polonia y desencadenar la Segunda Guerra Mundial.
Otro precedente es el incidente de Mukden, en 1931, cuando oficiales del Ejército Imperial Japonés sabotearon una línea ferroviaria en Manchuria y culparon a China, lo que sirvió como justificación para la ocupación japonesa de la región.
En 1939, la Unión Soviética utilizó un método similar en el bombardeo de Mainila, acusando a Finlandia de un ataque que posteriormente se atribuyó a fuerzas soviéticas, un episodio que precedió a la Guerra de Invierno.
También se cita con frecuencia el caso Lavon, una operación clandestina vinculada a redes de inteligencia de Israel en Egipto en 1954 destinada a colocar explosivos en objetivos occidentales y culpar a grupos egipcios.
La acusación iraní en la actual guerra del Golfo
En la crisis actual, Irán ha utilizado el concepto para negar su implicación en varios incidentes en el Golfo Pérsico y el estrecho de Ormuz, donde su cierre ha alimentado narrativas contradictorias. Funcionarios iraníes han sugerido que algunos ataques contra petroleros o instalaciones energéticas podrían formar parte de provocaciones diseñadas para incriminar a Teherán y justificar una escalada militar.
Las acusaciones iraníes se apoyan en precedentes como los ataques contra petroleros registrados en 2019 cerca del estrecho de Ormuz, cuando Estados Unidos responsabilizó a Irán mientras Teherán rechazó las acusaciones y pidió investigaciones independientes.
El argumento ha reaparecido ahora en plena guerra regional, en la que el tráfico energético del Golfo y la seguridad marítima se han convertido en un frente estratégico clave.
Sin embargo, los analistas advierten de que el término “falsa bandera” forma también parte de la guerra del relato que acompaña a los conflictos contemporáneos. Mientras Washington y sus aliados atribuyen a Irán ataques contra infraestructuras y buques en la región, Teherán intenta introducir dudas sobre la autoría de algunos incidentes y presentarlos como provocaciones destinadas a aislar diplomáticamente a la República Islámica.
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