El viraje ha sido más por necesidad que por convencimiento. Ocurrió durante la pandemia, se repitió hace cuatro años tras la invasión de Ucrania por parte de Rusia y el susto ha vuelto a dejar sin respiración a "los 27" tras el inicio de la guerra de Irán. La Unión Europea es energéticamente muy dependiente y la crisis en Oriente Medio ha vuelto a ponerlo de manifiesto con toda su crudeza. Blindar el proceso de descarbonización y reducir fuentes como el carbón, el petróleo o el gas sin poner en peligro el abastecimiento no es una aspiración sencilla.
En la fórmula energética europea, cada vez más países han ido incluyendo la, hasta no hace tanto, denostada energía nuclear. Tanto que, hoy, la mitad de los miembros comunitarios la sitúan como un pilar necesario de su mix energético. Ayer, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, dio un impulso casi definitivo al anunciar 200 millones de euros en ayudas al desarrollo de tecnologías nucleares innovadoras.
La apuesta por los reactores SMR
El reto pasa por extender la implantación de microreactores en Europa en la próxima década. Sistemas que se compaginarían con la construcción de nuevas centrales convencionales. El uso de los Small Modular Reactors (SMR) —dispositivos de menor tamaño que generan menos de 10 megavatios— está diseñado de modo expreso para usos industriales y locales donde se requiere una fuente constante y segura.
Actualmente, en la Unión Europea existe un centenar de centrales nucleares. En la lista de países nucleares no figuran potencias como Alemania o Italia, pero quien lidera sin duda este "renacer" es Francia. El país vecino cuenta con 57 reactores operativos, otro más en construcción y media docena proyectados a medio plazo para consolidar su soberanía energética.
El dilema del cierre en España
España observa cómo el auge nuclear europeo se expande mientras sigue debatiendo el futuro de sus siete reactores. La posición a favor del cierre progresivo parece haberse suavizado; lo que hace un año parecía inamovible —culminar la desnuclearización en 2035— hoy está siendo reconsiderado. La primera de las centrales llamadas al cierre es Almaraz, cuya prórroga depende ahora de una decisión política estratégica ante el nuevo escenario europeo.
En julio de 2022, el Parlamento Europeo aprobó incluir la energía nuclear en la taxonomía verde, decisión a la que España se opuso inicialmente. Sin embargo, los datos son tercos: según la World Nuclear Association, la energía nuclear genera ya el 23,5 % del mix de la Unión. En Francia, el peso alcanza casi el 65 %, mientras que en Eslovaquia llega al 61,3 %. Otros países como Hungría, Finlandia o Bélgica oscilan entre el 40 % y el 48 %.
España: mucha capacidad, poco peso relativa
España es el segundo país de la UE con más reactores (7), que aportan el 20 % del total de nuestra energía. Pese a esta capacidad, nuestro país es el tercero por la cola en cuanto al peso que dota a la nuclear en su mix total, solo por delante de Rumanía (18,9 %) y Países Bajos (3,8 %).
El objetivo marcado por Europa es alcanzar una capacidad de generación de 109 GW netos para el año 2050, lo que requerirá una inversión estimada de 241.000 millones de euros. Hay casos singulares como el de Polonia, que no tiene reactores hoy pero ya planea construir hasta 26 unidades.
La apuesta no es solo comunitaria. El Reino Unido dispone de 9 reactores operativos y dos en construcción, mientras que Ucrania mantiene 15 en funcionamiento. La gran potencia ajena a la UE sigue siendo Rusia, con 36 reactores operativos y un plan expansivo de Putin para construir medio centenar más a largo plazo, consolidando el átomo como la gran herramienta de poder global.
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