"Hasta ahora, solo hay un ganador en esta guerra: Rusia". Así de contundente se mostró el portugués António Costa, presidente del Consejo Europeo en su discurso ante los embajadores de la Unión Europea en Bruselas el martes. "Rusia obtiene nuevos recursos para financiar su guerra contra Ucrania gracias al aumento de los precios de la energía. Se beneficia del desvío de capacidades militares que de otro modo podrían haberse destinado a Ucrania. Y logra que la atención se traslade del frente ucraniano a Oriente Medio". Vladimir Putin efectivamente gana el primer asalto de la guerra de Trump contra Irán.
El año 2026 arrancaba sombrío para Putin. Las perspectivas económicas no eran halagüeñas. La guerra en Ucrania, su obsesión, seguía estancada. Y el día 3 de enero caía uno de sus aliados en Latinoamérica, Nicolás Maduro. Trump dio la orden de secuestrarlo y la operación se ejecutó con éxito. EEUU teledirige desde entonces una Venezuela liderada por Delcy Rodríguez, quien era vicepresidenta con Maduro. Por efecto rebote, la dictadura cubana se tambalea. Un año antes había salido huyendo de Damasco el dictador Bashar Assad, que vive refugiado en una urbanización de lujo a las afueras de Moscú. El 28 de febrero moría en un bombardeo el líder supremo de Irán, Alí Jameneí, otro aliado del Kremlin.
Moscú condenó el ataque de Estados Unidos e Israel contra Irán. Como si fuera Rusia un país ejemplar defensor del derecho internacional, calificó de "acto de agresión armada premeditado y no provocado contra un Estado miembro soberano e independiente de la ONU", en un comunicado del Ministerio de Asuntos Exteriores ruso publicado en Telegram. Putin se refirió al "asesinato cínico" del ayatolá Jameneí. Irán ha proporcionada ayuda militar a Rusia, que usó sus drones Shahed contra Ucrania y luego los ha llegado a copiar con gran acierto.
El tándem Trump-Putin
A pesar de que el golpe mortal a Alí Jamenei, suponía la pérdida de un aliado fiel, Putin se ha dado cuenta de que las consecuencias de la guerra contra Irán le resultan muy favorables. Para empezar, Putin tiene aliados pero no se casa con nadie. Y, sobre todo, le importa preservar su relación con Trump para que el presidente de EEUU le deje hacer en Ucrania.
Así lo explica Sam Greene, profesor de política rusa en el King's College de Londres en X: "No hay ninguna evidencia de que le importe [el destino de sus aliados], de que afecte su autoridad en el país o su legitimidad en el extranjero". Y añade Greene: "No va a sacrificar su relación con Trump. Para empezar, eso no traerá de vuelta a Jameneí. Pero, más importante aún, Trump es la mayor fuente de influencia de Putin sobre Europa".
Por lo que sea (¿manejo de información comprometedora sobre Trump?), el presidente de EEUU no tiene en cuenta que Putin sea un aliado privilegiado de los ayatolás. Cuando se le pregunta, Trump se hace el loco. Y hace más caso al presidente ruso que los europeos cuando le aconsejan sobre posibles opciones para bajar los precios del petróleo. El lunes pasado Putin habló con Trump y probablemente le insinuó que sería muy beneficioso para todos que el petróleo ruso que anda flotando en barcos fantasma por el mundo pudiera beneficiarse de un alivio de las sanciones.
Tabla de salvación en un momento crítico
Irán está impidiendo el paso a los barcos petroleros por el estrecho de Ormuz, por donde transita el 20% del comercio mundial. El nuevo líder iraní, Mojtaba Jameneí, ha reconocido que van a seguir usando esta medida de coerción, que ha provocado un alza espectacular en los precios del petróleo y del gas, lo que beneficia a Rusia.
Trump se ha puesto nervioso por el temor a que se desmande la inflación en EEUU. Su equipo no calculó que el golpe a los ayatolás iba a ser como golpear un avispero y que el cierre de Ormuz provocaría un seísmo mundial en el mercado de la energía. De este modo, Trump ha anunciado este viernes que se iban a permitir las compras de millones de barriles de petróleo durante 30 días, lo que estaba bloqueado por las sanciones. El canciller alemán, Friedrich Merz, ha considerado la medida un gravísimo error. Es otra muestra más de cómo Trump, si puede echar un cable a Putin, lo hace. Digan lo que digan sus teóricos aliados en Europa.
El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, ha advertido de que medidas como esa pueden proporcionar miles de millones de dólares adicionales a Rusia, dinero que acabaría financiando misiles y drones utilizados contra Ucrania. En otras palabras: una guerra que Washington libra contra Irán está ayudando indirectamente a sostener la guerra que Moscú libra contra Ucrania. ¿Le importa a Trump? En absoluto. Quizá incluso le haya convencido Putin con el argumento de que así se acabaría antes la guerra. Los europeos, cuyas divisiones se han puesto en evidencia con esta guerra, han quedado de nuevo abandonados por Trump.
Según estimaciones recogidas por el Financial Times, Rusia está obteniendo hasta 150 millones de dólares adicionales al día en ingresos fiscales gracias a la subida del crudo causada por la crisis en Oriente Próximo. El beneficio acumulado podría alcanzar entre 3.000 y 5.000 millones de dólares si los precios se mantienen en estos niveles durante las próximas semanas. Para una economía sometida a sanciones occidentales desde la invasión de Ucrania en 2022, ese dinero tiene un destino evidente: financiar la guerra.
Al borde de una crisis interna
Para Rusia, el aumento de los precios del petróleo representa una bonanza económica en un momento crucial, ya que el costo de cuatro años de guerra en Ucrania amenazaba con desembocar en una crisis económica interna. El ataque a Irán ya está beneficiando a la economía rusa.
Hace apenas unas semanas, el ambiente entre la élite económica rusa era sombrío. El plan presupuestario del Ministerio de Finanzas ruso para este año partía de un precio de referencia de 59 dólares por barril de crudo de los Urales, la principal mezcla de exportación del país. Pero en enero, los ingresos energéticos cayeron a su nivel más bajo desde 2020, lo que agravaba una decepcionante recaudación fiscal.
A medida que las sanciones occidentales, los altos tipos de interés y la escasez de mano de obra tensaban la economía, la tensión entre el Ministerio de Finanzas y el banco central sobre cómo mitigar el daño se hizo cada vez más evidente. "Estuvo lejos de ser un colapso... Pero el gobierno se enfrentaba a decisiones difíciles, tenía que recortar el gasto, aumentar los impuestos e incluso considerar una reducción en el gasto militar", decía Sergei Vakulenko, investigador principal del Centro Carnegie para Rusia y Eurasia, a Politico. Rusia estaba abocada a economizar.
EEUU mira a otro lado
Pero el beneficio para Putin no es solo económico. Es también estratégico. Cada crisis internacional compite por recursos militares, atención política y capital diplomático. Cuando Washington desplaza su foco hacia Oriente Próximo, desde portaaviones, hasta inteligencia y diplomacia, inevitablemente reduce su capacidad para concentrarse en el frente ucraniano.
Este tipo de crisis paralelas tienden a favorecer a Moscú porque diluyen la presión occidental sobre Rusia y complican el flujo de ayuda militar hacia Kiev. Cuanto más tiempo y recursos dedique Estados Unidos a Irán, menos margen tendrá para sostener a Ucrania con la misma intensidad. A Trump ya le dejará de interesar que haya o no paz, dado que tiene la mente en otro lado.
Esta dinámica no es nueva. Durante años, el Kremlin ha tratado de aprovechar cada crisis internacional, desde Siria hasta Gaza, para reducir el foco sobre su propia guerra. La escalada con Irán ofrece ahora una oportunidad aún mayor, porque obliga a Estados Unidos a focalizarse en la situación en una región compleja como es Oriente Próximo, y a su vez a buscar cómo controlar los efectos para que el ciudadano estadounidense no asocie esa guerra con la cantidad de dólares en su bolsillo.
El impacto en el terreno militar
Los conflictos simultáneos generan competencia por los mismos sistemas de defensa. La guerra de EEUU e Israel contra Irán está disparando la demanda global de drones interceptores, defensa aérea y munición de precisión. Incluso países del Golfo han empezado a interesarse por tecnología militar desarrollada por Ucrania para combatir drones iraníes, como sus interceptores. También a EEUU le vendrían bien. Permiten acabar con los Shahed iraníes a un precio irrisorio en comparación a lo que cuestan los misiles Patriot.
Vemos así cómo el mismo ecosistema de armas que Ucrania necesita para defenderse de Rusia puede terminar redistribuyéndose hacia otros escenarios de guerra. Para Kiev, el riesgo es evidente. Cada batería antiaérea enviada al Golfo o desplegada para proteger bases estadounidenses en Oriente Próximo es una batería menos disponible para proteger ciudades ucranianas de los misiles rusos. Por esta razón, Zelenski se ha mostrado dispuesto a cooperar pero siempre y cuando no se ponga en riesgo la defensa de los ucranianos.
Efecto sobre la guerra en Ucrania
A corto plazo, la guerra contra Irán no significa que Rusia vaya a ganar la guerra en Ucrania. Pero sí puede prolongarla. Y ya dura más de cuatro años. El conflicto en Oriente Próximo facilita que Moscú siga luchando: mejora sus ingresos energéticos, reduce la presión internacional y complica el suministro de armas a Kiev.
El Kremlin no necesita mucho más. Desde el comienzo de la invasión, la estrategia de Putin ha sido simple: resistir más tiempo que Ucrania y sus aliados europeos.
La guerra de Trump contra Irán no fue pensada para ayudar a Rusia. Pero en política internacional los efectos indirectos suelen ser tan importantes como las intenciones. Y por ahora, mientras Washington bombardea en Oriente Próximo y el petróleo se dispara, en el Kremlin hay una sensación difícil de disimular: la de haber ganado, al menos, el primer asalto.
Otra cuestión será qué pasará a medio plazo. Según Petro Burkovsky, fundador de Democratic Initiatives, la guerra va a debilitar profundamente a Irán, ya que Israel seguirá incluso sin EEUU. "Su aliado quedará muy frágil, sus lazos con las monarquías del Golfo han sufrido un duro golpe. No más OPEP+. No le perdonarán a la larga que se enriquezca a costa de los problemas de Arabia Saudí y los Emiratos Árabes. Por lo tanto, al final Rusia quedará debilitada".
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