El racionamiento de recursos energéticos ya está sobre la mesa. Las llamadas a la población para dosificar los consumos, también. Las compuertas de las reservas se han abierto más que nunca y las previsiones de las economías mundiales empiezan a revisarse a la baja. Y todo en apenas 20 días. La guerra de Irán iba a ser poco más que un suspiro y parece que no será así. Trump ha reiterado que acabará pronto pero cada vez menos le creen. El suministro no sería un problema, quizá solo el precio: ahora lo son ambas cosas.
La radiografía dibuja un escenario que pocos vieron venir. En las previsiones de los organismos internacionales y los gobiernos no figuraba la posibilidad de que en apenas tres semanas el mundo cambiaría tanto. Que la economía se asomaría al abismo y que los planes de países, empresas y hogares habría que reformularlos de urgencia. El 28 de febrero todo cambió con el primer misil. Ahora, casi un mes más tarde, la incertidumbre se ha asentado, el miedo a no encontrar una salida pronta se ha extendido y los planes de emergencia han comenzado a ponerse en marcha.
De la crisis de suministro a la de producción
El último episodio que ha alterado los mercados ha sido los ataques de refinerías y plantas de gas de Oriente Medio. La línea roja ha saltado por los aires y algunos de los motores de producción de gas y petróleo que alimentan buena parte de la economía mundial han quedado diezmados y dañados. Lo han hecho además sembrando una fractura cruzada de enfrentamientos entre los países de la zona que será difícil de recomponer.
La escalada unilateral iniciada por Trump y Netanyahu y replicada por Irán ha situado al mundo en una posición jamás vista. Los expertos de la Agencia Internacional de la Energía (AIE) alertan ya de la relevancia real que está teniendo el conflicto. También de los plazos que, en el mejor de los casos de una próxima finalización del conflicto, tendría volver a una cierta normalidad. La AIE habla de al menos seis meses o más para restablecer la situación con el impacto ocasionado hasta ahora.
A la estrangulación del estrecho de Ormuz, punto por el que circulaba un 20% del petróleo mundial y un 25% del gas, se le suma ahora los ataques de los últimos días a importantes centros de producción de petróleo y gas de Irán, Qatar, Arabia Saudí, Kuwait y Emiratos Árabes Unidos. El problema hace días que dejó de ser únicamente de circulación en la zona para ampliarse a una dificultad de producción en Oriente Medio, uno de los puntos clave de la energía mundial.
El ataque a las plantas de producción, línea roja rebasada
El petróleo y el gas no llegan a Asia, Europa y América como lo hacían antes. Pero además, su producción se ha visto seriamente dañada a consecuencia de los ataques cruzados en la zona. El campo de gas de South Pars, el más grande del mundo y que comparten Irán y Qatar, es el más relevante, pero no el único. Otras instalaciones de gas y petróleo también han sido atacadas: Ras Laffan, la refinería Samref de Arabia Saudí, el campo de Shah de los Emiratos o la mina Abdullah y la mina Al Ahmadi de Kuwait.
En este escenario, el petróleo acumula ya una subida en su cotización del 54%. Lejos quedan los 72 dólares por barril que se pagaban antes del inicio de la guerra en Irán. Ayer la cotización superaba los 112 dólares por barril. En estos días se han llegado a alcanzar los 120 dólares. El 11 de julio de 2008 se registró la cotización más alta de la historia: 147,5 dólares por barril. Los expertos de la AIE aseguran que no es descartable que ahora, si la guerra no se reconduce, ese récord pueda rebasarse y superar los 150 dólares por barril.
Racionar el consumo mundial
Lo que ahora también empieza a preocupar son los siguientes pasos que Irán podría dar. El régimen ya ha advertido que está dispuesto a llegar hasta el final para vengar a sus dirigentes asesinados. Si la situación en la cotización del petróleo y el gas ya es extrema por el bloqueo del estrecho de Ormuz, el escenario podría complicarse aún más. El miedo a que grupos rebeldes de los hutíes de Yemen pueda atacar el estrecho de Bab el-Mandeb, en el mar Rojo empieza a revolotear. De hacerlo, el bloqueo sería aún mayor.
En esta situación, los países han comenzado a preparase. Lo han hecho para frenar el impacto directo: el alza de precios. Los combustibles y los fertilizantes han sido los primeros en sentirlo. En el caso del gasóleo y la gasolina en España el precio por litro rebasa ya los 2 euros por litro en miles de estaciones de servicio. El encarecimiento de los fertilizantes, sumado al transporte, tendrá un efecto próximo en el precio de los bienes de consumo.
En nuestro país España ha aprobado una batería de 80 medidas para mitigar las consecuencias de los precios del combustible y el gas. La rebaja del IVA del 21 al 10% es la más relevante pero no la única. Además, se han aprobado medidas de rebaja fiscal aplicadas al transporte, el campo y la pesca o rebajas para los peajes energéticos para las industrias electrointensivas, entre otras medidas.
La mayor liberación de reservas de la historia
Por su parte, la AIE alerta de la necesidad de aguantar mejor las reservas, por si acaso. Moderar el consumo puede convertirse en una vía de urgencia necesaria para prever un empeoramiento del escenario. Esta semana aconsejaba a los gobiernos promover planes para fomentar el teletrabajo, reducir los desplazamientos en avión en un 40%, bajar en 10 Km/h la velocidad en las autopistas, la gratuidad del transporte público o compartir coche.
De aplicar este ‘racionamiento energético’ estima que cada día se podrían ahorrar hasta 6 millones de barriles de crudo de consumo. Supondría una compensación significativa si se tiene en cuenta que por el estrecho de Ormuz bloqueado desde el inicio de la guerra pasaban cada día 15 millones de barriles de crudo y 5 millones de productos petrolíferos.
La situación de emergencia energética ha llevado a los 32 países de la AIE a aprobar la que ha sido mayor liberación de reservas estratégicas de su historia: 400 millones de barriles. España asumirá su parte proporcional, que equivaldrá a 11,6 millones de barriles que se irán desbloqueando a lo largo de los próximos tres meses. Nunca antes se había adoptado una medida de esta envergadura ante una crisis de suministro.
Subestimar el alcance de la crisis
El director de la AIE, Fatih Birol, aseguró el pasado viernes al ‘Financial Times’ que el volumen de gas que se ha perdido ahora es el doble de lo que perdió Europa en 2022 tras la invasión de Ucrania. También que el petróleo que ha dejado de entrar en el mercado es superior al de las dos crisis de los años 70. Birol mostraba su preocupación por la actitud de gobiernos y mercados ante lo que está ocurriendo. En su opinión, aún se está subestimando la magnitud de la crisis que estamos viviendo.
En el caso de España, además del impacto energético global, las consecuencias se traducirán en una caída de la recaudación por parte de la Administración. El plan de ayudas anti crisis que beneficiará a 20 millones de hogares y 3 millones de empresas tendrá un valor de 5.046 millones. Pondrá gran parte de su peso en la rebaja fiscal, con lo que la caída de la recaudación tributaria a las arcas del Estado se estima en 2.500 millones de euros.
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