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Ningún escritor rechazará el millón de Aena: los finalistas defienden un premio que “eleva el trabajo cultural”

GRAFCAT784. BARCELONA, 07/04/2026.- La escritora chilena Nona Fernández (i), la argentina Samantha Schweblin (2i), el colombiano Héctor Abad Faciolince (2d), y los españoles Marcos Giralt Torrente (c), y Enrique Vila-Matas (d), los cinco finalistas del primer Premio Aena de Narrativa Hispanoamericana, galardón con una dotación de un millón de euros que se dará a conocer mañana miércoles, momentos antes de la rueda de prensa en la que han defendido la importancia de poner en valor tanto social como económicamente el pensamiento, las humanidades y la literatura. EFE/Quique García
De izquierda a derecha, Nona Fernández, Samantha Schweblin, Marcos Giralt Torrente, Héctor Abad Faciolince y Enrique Vila-Matas, este martes en Barcelona. | Quique García / EFE

Los cinco finalistas del I Premio Aena de Narrativa Hispanoamericana han defendido este martes en Barcelona la legitimidad de un galardón que ha situado en el centro del debate su cuantía –un millón de euros para el ganador– y han coincidido en subrayar su utilidad: ampliar lectores y otorgar visibilidad a la literatura en español.

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La víspera de la entrega, que se celebrará este miércoles en el Museu Marítim de Barcelona, Héctor Abad Faciolince, Nona Fernández, Marcos Giralt Torrente, Samanta Schweblin y Enrique Vila-Matas han comparecido juntos y han fijado una posición común ante las críticas surgidas en las últimas semanas, desde que se conoció la millonaria y sorprendente iniciativa del gestor aeroportuario participado en un 51% por el Estado. Las críticas han sido numerosas y variadas: por el fetiche ostentatorio del millón, la dudosa utilidad social del premio, el capricho a la hora de seleccionar al jurado y al equipo de preselección o la falta de imaginación de la organización al sumar un nuevo premio a la galaxia de premios comerciales españoles, desprestigiados "y todos amañados en un grado mayor o menor", como señalaba hace unas semanas el crítico y editor Ignacio Echevarría en uno de los artículos más severos de cuantos se han dedicado al premio de Aena, publicado en su página semanal de El Cultural.

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Abad Faciolince ha respondido con ironía a la polémica: “A los tenistas si le dan un premio, el gremio de los tenistas no protesta. El nuestro sí. Estamos hechos para criticarlo todo”. Y ha añadido que los votos de pobreza de los escritores no tienen por qué ser “perpetuos”. El autor colombiano ha ido más allá en su argumento comparativo: “Si le dan premio a un tenista un premio similar o muy superior, pues nadie lo pone en duda. Pero no pasa igual con los escritores”. En su caso, ha admitido que evita proyectarse sobre el dinero: “Recuerda el cuento de la lechera” cada vez que lo intenta.

Dinero para "encerrarse a escribir"

La defensa del premio ha pivotado sobre una idea compartida: la necesidad de reforzar el lugar de la literatura en el espacio público. Nona Fernández lo ha formulado en términos directos: “En un mundo en el que las humanidades se desacreditan, donde no nos quieren pensando, cualquier iniciativa que eleve el trabajo cultural y el pensamiento debería ser bienvenida”. Para la autora chilena, el dinero tiene una traducción concreta –y por otro lado nada original–: “la compra de tiempo para encerrarse a escribir”.

Giralt Torrente ha insistido en esa dimensión práctica: estos premios permiten “visibilizarse ante nuevos lectores y nuevos mundos más allá del literario”. En la misma línea, Vila-Matas ha resumido: “Resume el valor real de los premios, que es la visibilidad”.

Schweblin ha introducido un matiz sin cuestionar el fondo: “Las críticas pueden ser entendibles”, ha dicho, aunque ha pedido “no sacrificar el espacio que trae este premio”. La escritora argentina ha rebajado además la presión sobre la dotación principal: “Lo otro, por suerte, ni me lo planteo”, en referencia al millón de euros, frente a los 30.000 que ya perciben como finalistas.

Una final acaparada por los grandes grupos

Los cinco autores han llegado a la final con obras publicadas en el último año: Ahora y en la hora (Alfaguara), de Abad Faciolince y Marciano (Random House), de Fernández (editadas respectivamente por Alfaguara y Literatura Random House, ambos sellos del gigante Random House); El buen mal (Seix Barral), de Schweblin y Canon de cámara oscura, de Vila-Matas (editados por Seix Barral, de Planeta), y Los ilusionistas (Anagrama), de Giralt Torrente. Una de las principales críticas al galardón señalaba que los grandes grupos editoriales y la editorial literaria española por excelencia hubieran acaparado la selección.

La mayoría de los autores ha reconocido esta mañana en Barcelona que su selección fue inesperada. “No conocía el premio y no entendía nada. Me quedé en shock cuando me llamaron”, ha dicho Fernández. Vila-Matas ha descrito el proceso con distancia: anticipó unos días “divertidos” y ha admitido cierta inquietud inicial al conocer a los otros finalistas, que se transformó en “tranquilidad” al constatar “el nivel y altura”.

Un premio en busca de continuidad

Desde la organización, la responsable de Comunicación de Aena, María Gómez, ha confirmado que la intención es consolidar el premio como cita anual, fallarlo cada mes de abril y mantener su dotación económica.

La sede futura sigue abierta. Barcelona ha acogido esta primera edición por su condición de “centro editorial”, aunque la compañía no descarta itinerancias.

El jurado, presidido por la novelista Rosa Montero, está integrado por la escritora y editora Pilar Adón, el poeta Luis Alberto de Cuenca, el escritor mallorquín José Carlos Llop, los argentinos Jorge Fernández Díaz y Leila Guerriero y el mexicano Élmer Mendoza. Ejercen de secretarios Jesús García Calero y Sergio Vila-Sanjuán, directores, respectivamente, de los suplementos de Cultura de ABC y La Vanguardia, mandarines bien relacionados del establecimiento cultural español.

El galardón nace con vocación transatlántica y se dirige a una comunidad de más de 630 millones de hispanohablantes, con la colaboración de la Fundación Gabo y la Cátedra Vargas Llosa.

La discusión sobre la cifra millonaria del premio acompaña la primera edición. Los finalistas han preferido hablar de otra cosa: tiempo, lectores y visibilidad.

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