Por primera vez desde 1979, Estados Unidos e Irán han mantenido conversaciones directas encaminadas a la firma de un acuerdo de paz. La tregua que anunció el presidente Donald Trump en la madrugada del miércoles es tan frágil que hubo momentos en que se temió que finalmente las delegaciones no se encontraran en Islamabad, capital de Pakistán, país mediador. La sorpresa de la primera jornada ha sido que el vicepresidente J.D. Vance y el presidente del Parlamento iraní, Mohamad Baqer Qalibaf, que encabezan las delegaciones, se han encontrado cara a cara. Hay cierto optimismo inicial.
En las conversaciones que mantuvieron EEUU e Irán en febrero pasado no se llegó a un encuentro de tal nivel. Tampoco las delegaciones tenían una representación tan sólida. Es la buena señal, aunque el camino hacia la paz aún está lleno de desafíos. Entre ellos cómo restablecer el paso por el estrecho de Ormuz. Este sábado dos destructores de la Armada estadounidense han empezado las tareas de desminado.
Cuarenta días de bombas y un alto el fuego frágil
Estados Unidos e Israel atacaron Irán el 28 de febrero, cuando estaban negociando. En los primeros bombardeos murió el Líder Supremo, el ayatolá Alí Jameneí. Sin embargo, fue reemplazado por su hijo, Mojtaba Jameneí. El régimen de los ayatolás sigue intacto, a pesar de los intentos de EEUU e Israel por hacerlo caer.
Según publicó The New York Times, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, convenció a Trump de que había llegado el momento de dar un golpe mortal al régimen de los ayatolás. Le aseguró que la operación sería certera y rápida. Pero no fue así. Los iraníes sufrieron bajas relevantes, y perdieron material militar, pero el régimen se mantuvo firme. Y descubrieron que contaban con un arma crucial: el control del estrecho de Ormuz por donde pasa el 20% del gas y el petróleo del mundo.
Después de 40 días de intensos bombardeos, EEUU e Irán accedieron a una tregua de dos semanas, gracias a la mediación de Pakistán, y al empuje de China. A pesar de sus bravatas, Trump estaba deseando encontrar una salida. EEUU se había empantanado en una guerra que cada vez se complicaba más, ya que los efectos económicos los sufrían los americanos, no sólo los europeos. Sus aliados en la región estaban sufriendo los bombardeos de Irán. Llegó un momento que o bien tenía que lanzar algún tipo de intervención por tierra, con enormes riesgos, o bien buscar un acuerdo. Gracias a la mediación de Pakistán y el empuje de China, se alcanzó una frágil tregua.
Hubo dificultades desde el primer día del alto el fuego debido a que Israel aseguró que el Líbano quedaba fuera de lo negociado, mientras que Irán y Pakistán suscribían lo contrario. Las autoridades iraníes amenazaron con dejar las negociaciones en suspenso si no paraban los bombardeos sobre el Líbano, después de que el miércoles Israel atacara Beirut con fuerza inusitada: hubo al menos 250 muertos y un millar de heridos. Pero Trump presionó a Netanyahu para que desescalara y, sin reconocerlo, lo hizo.
Nadie cuenta con buenas cartas
"Ninguno llega con buenas cartas, pero quizá con más apremio y necesidad lo hace EEUU porque ha fracasado estrepitosamente en su estrategia de cambio de régimen en Irán. Teherán tiene el tiempo a su favor y no ha tenido prisa porque sabe que generando daño y problemas económicos ponía presión a EEUU", explica Alberto Priego, profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad Pontificia Comillas ICADE.
Así aterrizaron las delegaciones a Islamabad este sábado, donde fueron recibidos por el mariscal Asim Munir. En esta ocasión Trump ha encomendado al vicepresidente J.D.Vance que se una a su yerno Jared Kushner, y a Steve Witkoff. Los iraníes están encabezados por el presidente del Parlamento, Mohammad Bagher Ghalibaf, y el ministro de Exteriores, Abbas Aragchi. En total la delegación iraní la componen unas 70 personas.
"Estas negociaciones parten con una representación de alto nivel por los dos lados. Es muy importante que esté presente J.D.Vance y marca una diferencia con las conversaciones de febrero. Trump quiere testar si los iraníes quieren llegar a un acuerdo. También los iraníes han lanzado una señal de que están preparado para unas conversaciones serias", afirma Kawa Hassan, experto en Oriente Próximo y norte de África del centro de análisis Stimson.
Léna Georgault, directora del grado en Relaciones Internacionales de la Universidad Villanueva, también destaca la presencia del vicepresidente de Estados Unidos. "Refuerza la credibilidad del proceso al implicar a alguien que, dentro de la administración, había mostrado una mayor prudencia sobre los riesgos de escalada, especialmente en relación con el margen concedido a Israel en el Líbano. En ese sentido, indica que Washington quiere controlar la negociación, pero con una mayor conciencia de sus implicaciones. Trump sigue queriendo salir pudiendo declarar victoria, pero ahora con más conciencia del riesgo que supone dejar el frente libanés fuera de control".
Posiciones antagonistas: Ormuz y el Líbano
Una de las principales exigencias de la parte estadounidense es la reapertura del estrecho de Ormuz. Irán ha bloqueado efectivamente el estrecho, y Trump exigió su reapertura con declaraciones apocalípticas: prometía acaba con toda una civilización si Irán no cedía a sus demandas.
Desde que se alcanzó la tregua actual, el ejército iraní ha dado a entender que planea mantener el control del estrecho, mientras que Trump ha sugerido que Estados Unidos podría controlarlo conjuntamente con Irán.
Para Trump eliminar el programa nuclear de Irán es también una cuestión clave. Irán quiere que Estados Unidos acepte su capacidad para enriquecer uranio, a lo que se niega EEUU. Irán busca que se descongelen sus activos congelados, se levanten las sanciones y que le garanticen que no habrá nuevos ataques.
Según Léna Georgault, "a primera vista, parece muy difícil que estas negociaciones tengan éxito, porque hay posiciones aparentemente irreconciliables, especialmente en torno a Ormuz y al papel del Líbano en la tregua. Pero en realidad es bastante normal entrar en una negociación con planteamientos muy maximalistas: se trata de marcar líneas rojas y ganar margen de concesión más adelante. En última instancia, todo dependerá de la relación de fuerzas entre ambos lados".
Israel, el elefante en la habitación
Lo primero que han de hacer es construir confianza. "Los iraníes estaban comprometidos en las conversaciones de febrero y antes en junio de 2025, pero fueron atacados. No confían por eso. Netanyahu no quiere que las negociaciones prosperen y hará todo lo posible por boicotearlas con ataques en el Líbano y si hay acuerdos tratará de convencer a Trump para que no cumpla los compromisos que se alcancen. El frente libanés puede torpedear las negociaciones y por eso ha presionado Trump a Netanyahu", apunta Kawa Hassan. Añade el investigador que los países del Golfo también tienen sus demandas sobre Ormuz y sobre el programa de misiles balísticos de Irán, porque supone una amenaza como han visto estos días.
Precisamente, la ausencia de Israel en las negociaciones de Islamabad introduce un factor de incertidumbre añadida. A juicio de Léna Georgault, "Netanyahu quiere aprovechar esta ventana de oportunidad para desarticular a Hizbulá en el Líbano. El problema es que los vínculos entre Irán y Hizbulá hacen que sea una cuestión central para Teherán, hasta el punto de formar parte de sus demandas en la negociación. Eso genera un auténtico cóctel de objetivos divergentes: Washington busca contener, Israel quiere seguir presionando, e Irán no puede ignorarlo sin perder credibilidad. Es una cuestión que pone en peligro la tregua".
Todo apunta a que las delegaciones de EEUU e Irán, que han empezado con buenos augurios al aceptar verse frente a frente, sortearán una carrera de obstáculos. Han visto que la guerra les perjudica claramente pero han de buscar una salida que tanto unos como otros puedan vender como victoria. O que no sea interpretada como una derrota al menos.
Según Alberto Priego, "si fracasan las negociaciones, el más perjudicado será EEUU porque su sociedad demanda más responsabilidades. Trump por el momento vive en una democracia tiene que rendir cuentas con las midterms y su propio movimiento ya le está presionando". Priego es pesimista: cree que la situación quedará empantanada, el estrecho de Ormuz quedará muy controlado y los precios del petróleo se encarecerán.
Léna Georgault sostiene que "Trump no necesita una paz sólida, sino una salida que le permita declarar victoria. Lo más probable es un acuerdo transaccional e inestable, una serie de prórrogas sucesivas de la tregua, con una negociación irregular, avances puntuales, por ejemplo, sobre el nuclear, y un alto grado de ambigüedad política. Cabe esperar vulneraciones puntuales y una presión sostenida. La tregua podría deteriorarse rápidamente si la negociación se bloquea o si el frente libanés vuelve a escalar, hasta el punto de hacerla inviable".
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