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Final Copa del Rey 2026

La Real aprovecha la inexplicable apatía del Atleti y gana la Copa del Rey

Los donostiarras se imponen en los penaltis y suman su cuarto título copero

Mikel Oyarzabal rodeado de sus compañeros de la Real Sociedad levanta la Copa del Rey en el Estadio de la Cartuja de Sevilla, este sábado.
Mikel Oyarzabal rodeado de sus compañeros de la Real Sociedad levanta la Copa del Rey en el Estadio de la Cartuja de Sevilla, este sábado. | Julio Muñoz / EFE

La Real Sociedad se llevó el gato al agua y la Copa del Rey en los penaltis con un canterano como héroe, Pablo Marín; calificativo ex aequo con Marrero. El meta guipuzcoano detuvo dos lanzamientos.

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El Atleti hizo justo lo prohibido para comparecer en una final: arrancar con una falta de tensión tan extraña como compleja de interpretar. Una frialdad impropia del equipo con garra que apeó este mismo martes al Barça en su duelo europeo. Todo lo contrario a lo que intuíamos en la previa. Vayamos por partes, nunca mejor dicho.

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El primer golpe de los de Matarazzo llegó antes de cumplirse el minuto uno. Saque en largo de Marrero. Nahuel deja que bote la pelota. Giuliano, a verlas venir. A Ruggeri le basta con mirar. Y, como consecuencia, un balón en banda que Guedes centra desde la izquierda con concreción y finaliza en un certero cabezazo de un Barrenetxea que anotaba a los 13 segundos de partido ante un Musso vendido a la par que impensablemente estático.

Gol histórico por ser el más tempranero de todas las finales de la Copa. Si cabía un error grosero, era el momento. Aunque, quien golpea primero, golpea dos veces. Y la profecía se cumplió en esta oportunidad. Y es que lo peor para los intereses rojiblancos estaba por llegar.

La Real, muy ordenada, presionaba y robaba. Con decisión. Con hambre. No hablamos de peligro asfixiante pero sí de dominio y control. De certidumbre en el seguimiento de un plan. Al revés que su rival, que parecía atenazado. Especialmente trémulos Molina y Ruggeri. ¿El mazazo de un tanto sumamente tempranero? ¿Un calendario nada favorecedor para el Atlético? Simeone aludía a esa contingencia en la rueda de prensa posterior al encuentro.

Sea como fuere, conviene agregar que Soler llegaba a todo. Llorente, en cambio, desdibujado en el medio. Inició en esa posición por la merma de efectivos del Atleti. Ni Barrios ni Hancko saltaron finalmente al verde.

No en vano, una suerte de oasis se esbozó para el conjunto colchonero en el minuto 17 con el tanto de Ademola, concesión de Ćaleta-Car mediante. Griezmamn puso la magia. Julián se aparta. Y Lookam, desde la frontal, enchufa a la primera. Inasumible para Marrero.

Paradójicamente el Atleti no despertó su garfio. Siguió en el letargo. Noqueado. Autonoqueado, más bien. Y el ánimo se volvió trizas nuevamente en el 45 con un innecesario penalti que Musso, en una horrible salida, comete sobre Guedes, que buscaba el remate. Amarilla (justa) para el meta argentino. Oyarzabal convirtió desde los 11 metros con una gran ejecución engañando al portero. Llegábamos así el descanso.

Lo inexplicable

Sigamos por partes. Con algo más de chispa ingresó el Atlético en la segunda mitad. No era difícil, visto el primer acto. El dominio mudó de bando. Vale. Pero no hubo certera sensación de amenaza. La Real seguía bien ordenada y no se le hizo demasiado dura la pretensión del oponente de hallar petróleo.

Simeone agitó el avispero. No le quedaba otra. Era reacción o entregar la toalla. Entraron Sørloth, Nico, Baena y Almada. Salían Lookman (por 'decreto' suele acabar en el 60, más allá de que este sábado era la daga atlética más afilada), Giuliano (una sombra del habitual), Ruggeri y Griezmann. El Principito acabó masticando las ganas del cierre perfecto del círculo.

Algo de frescura experimentó el Atleti. Insuficiente, eso sí, para una Real muy segura de sí misma. En el 77, Cardoso entraba por Nahuel y Llorente regresaba al lateral. Volvimos a encontrar, así, al Marcos más reconocible.

Y en el marasmo que provoca la cercanía al pitado final, emergió el momento más luminoso del conjunto madrileño. El chispazo de la Araña a falta de ocho minutos para la conclusión del tiempo reglamentario. Zurdazo de oro desde la frontal. Imparable. Simeone corrió a abrazar a su compatriota. Tablas. 2-2. Y bien podría haberse teñido el metal de rojiblanco, pues Sørloth, Baena (en fuera de juego) y Cardoso dispusieron de ocasiones clarísimas a puerta vacía. Llorente también la tuvo. Prórroga.

La Real se repuso del mazazo del empate, pero no inquietó sobremanera. Ya no contaba ni con Oyarzabal ni Guedes, pero sí con unos valiosos Marín y Kubo. Musso, en su partido más aciego como rojiblanco, se redimió con una paradón de tras un doble disparo de Oskarsson. En el 99 Julián (el mejor con diferencia de los madrileños) la lanzó al palo con un increíble derechazo desde fuera del área. Baena, nuevamente errático a portería vacía.

El último cuarto de hora del extra fue más de contención que de ocasiones. Calambres. Un físico resentido en ambos conjuntos. Arberola Rojas, que usaba por vez primera la RefCam y cuyo trabajo este 18 de abril fue correcto, indicaba que nos íbamos a los lanzamientos desde los 11 metros.

La historia se repite

Y así llegábamos a la perversa lotería. Y a la reiteración de la historia. La de la final del 87, que, curiosamente, enfrentó a idénticos participantes y se decidió igualmente por penaltis. También llegaron empatados a dos. También cayó del lado realzale.

Volvió lo inexplicable. Lo inexplicable para el Atlético de Madrid, que decidió poner a sus mejores especialistas en pena máxima a lanzar los primeros. Bien. Buena estrategia, Pero no resultó. Lo del Atleti con las tandas en finales es digno de estudio. Tanto Sørloth como Julián fallaron, allanando el terreno para la gloria al conjunto vasco. La emoción la puso el error de Oskarsson. Si bien, ya era tarde y no hubo más despistes (3-4). Oyarzabal alzaba al cielo de Sevilla la cuarta Copa para la Real. El Atleti puede llegar a otra final el próximo mes. La de la Champions. Eso sí, para ello habrá que personarse con credenciales desde que el crono eche a andar...

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