Hace cincuenta años, el tiempo se detuvo en Tinduf. Miles de refugiados saharauis huyeron de la ocupación marroquí y se instalaron en campamentos de refugiados en el desierto argelino. Una situación que debía ser temporal y que se ha convertido en espera prolongada.
El pueblo saharaui lucha para que el mundo no se olvide de ellos. Y una de las formas en las que lo hace es a través del cine. Así, un año más ha dado comienzo el Festival Internacional de Cine Saharaui, probablemente uno de los más especiales que se celebran en todo el mundo.
Los campamentos se llenan de visitantes internacionales, que durante una semana participarán de un evento con un propósito claro: 'Caminando a nuestra tierra'. Sin embargo, el festival va mucho más allá del cine.
Un festival que no debería existir
El Sáhara Occidental es hasta el día de hoy la última colonia de África. Desde que España abandonó el territorio, los saharauis presenciado cómo el mundo se ha ido olvidando de ellos. Así, este festival no es sólo una muestra del cine de un pueblo sin tierra.
A través del arte, los saharauis han creado un espacio que este año cumple su XIX edición con el deseo de que desaparezca, en palabras del representante del Frente Polisario en España, Abdulah Arabi. Si existiese un Sáhara libre, un festival de este tipo no sería necesario.
Por ello, a lo largo de estos días, se mostrarán filmes que reflejan la voluntad de los saharauis de regresar a su tierra, ocupada en gran parte por Marruecos desde la Marcha Verde. Como parte de su grito contra la colonización, este año también hay cintas sobre el conflicto en Palestina y del pueblo sami en el norte de Europa. Unos invitados que comparten con los saharauis la reivindicación por la tierra.
Inauguración con la presencia de Brahim Gali
Además de la muestra cinematográfica que se exhibe estos días en Tinduf, los visitantes internacionales encuentran en esta ocasión una oportunidad para conocer de cerca la cultura de un pueblo que no tiene más a lo que aferrarse. La música, los gritos de las mujeres saharauis y la alegría lo llenan todo. Todo ello entremezclado con los uniformes militares del Frente Polisario, un recordarlo constante de que el conflicto del Sáhara Occidental sigue abierto.
Precisamente el rostro más reconocible del Polisario, el presidente de la República Árabe Saharaui Democrática, Brahim Gali, ha sido el encargado de inaugurar el festival. Paseando entre las jaimas, Gali ha ido saludando a sus compatriotas. Los niños se han amontonado a su alrededor y le han ofrecido regalos y muestras de la comida tradicional saharaui.
Muchos de estos niños visten camisetas del Fútbol Club Barcelona o con mensajes en euskera.
El Sáhara no olvida a España
Por mucho que España haya dado la espalda a los saharauis, ellos no olvidan su relación con nuestro país. Es imposible encontrar a un habitante de los campamentos que no conozca a alguien que haya pasado veranos en España, o incluso estudiado durante años en nuestro país.
Una deuda histórica no saldada, especialmente desde que el Gobierno de Pedro Sánchez dio un giro histórico a la posición de España respecto a la excolonia, apoyando el plan de autonomía marroquí. Este cambio de postura todavía duele en Tinduf, donde muchos confiaban en la defensa española de los intereses saharauis. Una “hipocresía” que ha resaltado Arabi al comienzo del festival: “Hipocresía política para quienes defienden el derecho internacional para otros países mientras lo niegan para el pueblo saharaui”.
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