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Del criadero al bar: la ostra gana peso en el consumo urbano europeo

Europa refuerza la cadena de valor en sectores como la acuicultura

La ostra empieza a ganar presencia en bares y restaurantes especializados en las ciudades europeas de la mano de un consumidor cada vez más atento al origen, la trazabilidad y las diferencias entre criaderos. Y es que, detrás de este cambio existe toda una cadena de valor vinculada a la economía marítima europea, donde el origen, la trazabilidad y la rapidez logística se han convertido en elementos cada vez más relevantes para el consumidor final.

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La cuestión ha estado presente este jueves y viernes en el European Maritime Day celebrado en Limassol (Chipre), el principal encuentro anual de la industria marítima europea, donde instituciones y empresas han debatido sobre las prioridades económicas y de sostenibilidad ligadas al mar en un contexto en el que sectores como la acuicultura, año a año, ganan peso dentro de la economía comunitaria.

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En el caso de la ostra, el origen y la logística resultan determinantes porque gran parte del comercio europeo se realiza con producto vivo. Según destaca EUMOFA (Observatorio Europeo del Mercado de los Productos de la Pesca y la Acuicultura), dentro de la UE, tanto en el comercio interno como en el externo el producto se concentra en ostras vivas, una circunstancia que convierte la proximidad, la rotación y la trazabilidad en elementos clave para la cadena de valor, desde la producción hasta el consumo final en las ciudades.

La dimensión económica del sector también da contexto a esta transformación. Según los datos de la Comisión Europea, la acuicultura alcanzó en 2020 alrededor de 1,2 millones de toneladas comercializadas, con una facturación de 3.900 millones de euros y cerca de 57.000 empleos directos repartidos entre unas 14.000 empresas, en su mayoría micro y pequeñas compañías.

Esta importancia del origen termina trasladándose también al consumidor final. A medida que aumentan los espacios especializados, la procedencia de la ostra, el tipo de criadero o incluso la forma de producción empiezan a convertirse en parte de la experiencia de consumo en bares y restaurantes.

En este contexto han proliferado modelos de negocio que convierten el origen en parte de la experiencia de consumo. Ostras Pedrín, por ejemplo, ha desarrollado un modelo de franquicia apoyado en la colaboración con criaderos de España y Francia que le permite controlar todo el proceso, desde la cría hasta el transporte y el servicio final. La trazabilidad y la especialización funcionan así como elementos diferenciales incluso al replicar el concepto en distintas ciudades.

La tendencia se repite en otros operadores del sector. En Madrid, Barbillón Oyster pone el foco en el producto y la estacionalidad, mientras que en Valencia, Ostrabar reivindica un enfoque desde el conocimiento del producto: "Somos productores de ostras y profesionales del mundo de la pesca". En términos de mercado, este tipo de relato conecta el consumo urbano con la cadena anterior: el origen y la especialización se convierten en parte de la experiencia, y eso acelera la normalización del producto entre públicos más amplios.

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