Opinión

EL GOLPE

A Sánchez ya sólo le queda el lawfare

A Sánchez ya sólo le queda el lawfare
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez | Europa Press

David Sánchez (David Azagra cuando se pone parche de encajito en el ojo) ha sido condenado a 9 años de inhabilitación por un delito de prevaricación. Y eso que él tenía toda la razón suponiendo que la Oficina de las Artes Escénicas se ocupaba, efectivamente, de las artes escénicas. Y que tal oficina, personal o rodante, estaba exactamente donde él estaba, quizá, incluso, en cualquier lugar en el que él estuviera, que la llevaba en el corazón como un amor de verano o un inverno de San Petersburgo, o en el chaleco como un monóculo con cadenita. La cosa podía parecer ese enchufe de pueblo con hermanazo, hermanísimo, rey Gaspar y reina de la vendimia, y ha terminado en una condena por unanimidad de la sala de la Audiencia de Badajoz, con pena, si no de cárcel, sí de vergüenza. Pero en realidad, ya saben, resulta que esto es lawfare. A mí, la verdad, me parece una mierda de lawfare, que ya que un tribunal entero, rudo, rural, patriota, quitinoso y kamikaze se decide a prevaricar para hundir a Pedro Sánchez, lo lógico y malvado hubiera sido enviar a su hermano al Alcatraz de Badajoz, a componer bajo la inspiración del cautiverio y la injusticia, como Olivier Messiaen. Pero es lawfare, tiene que ser lawfare como ya va a ser todo lawfare a partir de ahora. No sólo para Sánchez sino para sus socios, que no pueden ser ya, tampoco, otra cosa más que sanchismo.

PUBLICIDAD

David Sánchez (David Azagra cuando se pone el frac o se pone la oficina igual que el frac) ha sido condenado, y también el expresidente de la Diputación de Badajoz, Miguel Ángel Gallardo, que era como el que pasaba el platillo o la pandereta del arte partidista y familiar por el público de lo público. En realidad se han librado los dos del delito de tráfico de influencias porque no se han podido probar las presiones o recomendaciones (parece el tercer acto del Fígaro: “La prova? Il testimonio?”). Digamos que falta algo así como el mensajito de Leire, la grabación de Koldo o el email de Red.es. Pero sí se considera probado que la plaza fue creada ilegalmente. Afortunadamente para los dos hermanísimos y para el de la pandereta, sólo jurídicamente se puede mantener que en este caso ha habido prevaricación pero no tráfico de influencias, porque, según la lógica partidista, familiar y panderetera, no puede haber una cosa sin la otra. Oyendo el relincho sanchista se diría que ésa es justo la evidencia del lawfare, cuando se trata de lo contrario. La ley, en realidad, ha salvado a David Azagra (David Sánchez cuando se quita la giubba), porque no ya la maldad pura sino la lógica pura lo dejaría en el San Quintín de Badajoz, tocando el piano en los barrotes con melancolía y mitones.

PUBLICIDAD

Todo esto es lawfare, no puede ser sino lawfare, como va a ser lawfare todo a partir de ahora. Un lawfare cada vez más ancho y espeso, que cada vez implica a más jueces, más tribunales, más instancias, más prevaricadores en masa y casi en orgía, esa cama redonda que sugiere esa abundancia de encaje, terciopelo y señores y señoras castigadores con mucho vuelo, charol y vicio. Todo es y será lawfare porque, simplemente, Sánchez ya no tiene otra cosa. Ese grito del lawfare es una agónica confesión en sí misma, significa que el sanchismo ha renunciado a buscar la inocencia y la verdad. El propio Sánchez, estirando hasta agrietarla su cara de tranchete, ha dicho muchas veces que “confía en la Justicia” y que “el tiempo pondrá todo en su sitio”. Si fuera realmente así, el sanchismo, sus ministros tamborileros, sus portavoces con ruedines, sus tertulianos con dorsal y sus socios con cazo confiarían en los recursos a las instancias superiores y estarían denunciando por prevaricación a esos jueces que salen de cacería o de bukkake. Si no lo hacen es porque saben que es para nada. Y no sólo en el caso del hermanísimo lírico y tragicómico.

Sánchez ya no tiene más instancias, más recursos, más justicia ni más verdad a los que apelar. Sólo le queda el lawfare

El sanchismo saca el lawfare, que suena a rendido resoplido y lo es, porque no puede hacer otra cosa. El señor que no sabía dónde trabajaba ni lo que hacía, y la fontanera con licencia para matar, y Zapatero chapoteando en leche de burra, y los de las mordidas, las chistorras y las concesiones desde Ferraz, los ministerios y las empresas públicas; y el fiscal general dependiendo de quien depende, y la reina de la Moncloa ascendiendo por las escalinatas de los negocios y los paraninfos hablando inglés de burrotaxi; nada de esto necesita ningún lawfare para explicarse. Se entiende bastante bien por sí mismo, y se va entendiendo mejor con cada caso y cada sentencia. Se entiende tan bien como el propio Sánchez, desde sus primarias y pucherazos hasta sus amnistías, desmayitos y cloacas. En cuanto a sus socios, hace mucho que ligaron su destino a Sánchez. Rufián ya va diciendo que la condena a David Sánchez (David Azagra cuando se pone guante blanco) es “una sobrada” y que “están persiguiendo a gente por la cara”, o sea que esto ya no es un Estado de derecho. Resulta hasta tierno porque es como si aún pidiera un ministerio cuando todo se derrumba. Quizá aún lo espera, un ministerio con malecón en la republiqueta de cocoteros en la que esto puede desembocar.

Todo es lawfare, no se salva ni el Supremo, ni la Audiencia de Madrid, ni la Audiencia Nacional, ni los modestos jueces de Badajoz, como curas de pueblo en una gran conjura vaticana. No se salva ni el sentido común, que es lo que más cuesta obviar después de ver a estos artistas artisteando y a estos sinvergüenzas sinvergonzoneando. Sánchez ya no tiene más instancias, más recursos, más justicia ni más verdad a los que apelar. Sólo le queda el lawfare, que es desde luego la única defensa cuando uno sabe la verdad y asume y presume la culpabilidad. Aunque creo que no se trata tanto de la culpabilidad del hermanísimo, ni siquiera de Zapatero o Leire, sino, lo que es más importante, de Begoña y del propio Sánchez. Es lawfare lo de ahora para que sea lawfare lo que viene. Este clamor de lawfare con el hermano lírico y algo bobo me parece algo así como el ensayo familiar en un descampado para el escenario que se avecina con los zares de la Moncloa. La credibilidad, la respuesta, la movilización, los tertulianos en llamas y quizá hasta el país en llamas, todo eso están probando y evaluando ahora. Lo que pasa es que no va a colar porque la España del lawfare es inventada como las tertulias del lawfare y las encuestas del lawfare. 

Comentarios

Normas ›

Para comentar necesitas registrarte a El Independiente. El registro es gratuito y te permitirá comentar en los artículos de El Independiente y recibir por email el boletin diario con las noticias más detacadas.

Regístrate para comentar

Te puede interesar

Lo más visto