EL CÍRCULO PERFECTO DEL LAWFARE. Tres encuestas convergentes, sincrónicas y oportunísimas nos han venido a decir que el españolito cree que hay lawfare, aunque ahora, con el Mundial, estoy por decir que lo han confundido seguramente con el offside. Pero hay otra explicación, teniendo en cuenta cómo el sanchismo cierra el círculo perfecto del lawfare, hermoso, brillante y macabro como esas joyas de Barba Azul de Zapatero. O sea, teniendo en cuenta cómo el lawfare sale y vuelve al mismo sitio, del Gobierno al Gobierno o de TVE a TVE, pero engordado, reventón y algo así como sacralizado. En Mañaneros 360, por ejemplo, Javier Ruiz, con susto permanente de ojos y muecas, como el Igor de El jovencito Frankenstein, nos comunicaba entre truenos y relinchos la terrorífica verdad de que “el destino de Begoña Gómez está en manos de un juez”. Sí, nada menos que el destino, como si fuera ella Helena de Troya, y nada menos que en manos de un juez, no de un perito forestal. “Ése es el nivel de poder / arbitrariedad”, decía, que así llama él, ya ven, a la función jurisdiccional.

Ahí nace el lawfare, como en el torreón electrificado del castillo. Ese mecanismo o engendro, repetido cada día por Ruiz como Bolaños, o por Bolaños como Ruiz, o por cualquier otro teletubbie, y pasado por el pulcro encuestómetro de El País y La Ser, le permite al programa, poco después, ponernos en un pantallón con distorsiones de lupa estas sentencias: “Los jueces haciendo política: dos de cada tres españoles cree que hay lawfare”, y “Encuesta: los jueces favorecen a la derecha”. Y con imágenes de Koldo, Zapatero, Cerdán, el hermanísimo David Sánchez (David Azagra cuando se pone pendiente de perla), todos como santos descendidos o ascendidos, y, al otro lado, el novio aguililla de Ayuso, González Amador, para que identifiquemos a los favorecidos y a los perjudicados. Sí, Koldo, Zapatero o Cerdán como ilustración del lawfare, cuando ni Rufián se cree ya eso... Pero el lawfare que lanzaron ya está recogido, amplificado y colocado como verdad, con sospecha o absolución al gusto. El círculo ya está cerrado, o casi.
JUECES PARA EL DISTANCIAMIENTO. Aun con el lawfare (suena a suspiro o bufido) devuelto como sentimiento nacional, casi futbolero, allí justo donde se originó como simple consigna, el círculo no está cerrado. Quedan aún un par de trazos. El primero, el magistrado sensible a ese pálpito del pueblo, que aunque sea de la Moncloa viene con viento de pueblo, de verdad y de telediario, como el anticiclón de las Azores. Por ejemplo Joaquim Bosch, de Jueces para la Democracia (no confundir con los jueces para la satrapía o la tiranía, que por el nombre de la asociación se diría que los hay). Bosch, contactado siempre como en la pecera de su casa, por Ferreras o, en este caso, por Jesús Cintora, es el elemento que, desde ese abombamiento reflexivo de pez, propicia la introspección, la culpabilidad y la redención internas.

“Hoy aparecen encuestas en la prensa que dicen que está en retroceso la credibilidad de la Justicia”, le daba el pie Cintora (es curioso lo de “aparecer”, que tiene un matiz mágico y performativo absolutamente exacto). Bosch le contestaba: “Lo que dicen las encuestas que hemos conocido hoy va en la línea de diversos estudios que ha hecho la UE (…) y sí que detecta que en los últimos años en España se está produciendo un progresivo distanciamiento de la ciudadanía hacia el sistema judicial”. Las causas son la politización, algo desde luego innegable en el caso del CGPJ, y, luego, “decisiones concretas que pueden parecer discutibles en temas muy sensibles políticamente”. Esto, no el círculo perfecto que decíamos, es lo que “explica” estas encuestas.
La verdad es que del “distanciamiento” con la Justicia, que a mí me parece ancestral en el españolito como el distanciamiento con el guardia civil, hasta el lawfare generalizado, mefistofélico, hay mucho trecho. Pero lo importante es, precisamente, que el concepto cale con ambigüedad. También en El País, y también muy circular y sincrónicamente, Edmundo Rodríguez, portavoz de Jueces para la Democracia, decía que “ha habido actuaciones judiciales que explican que haya sensación de lawfare porque hay resoluciones de tribunales muy difíciles de entender por la sociedad”. No deja de sorprender que se espere que la sociedad tenga que entender el Derecho y el Derecho se tenga que adaptar a las sensaciones de la sociedad. Como no deja de sorprender que ciertas sensaciones del pueblo, como ésta del lawfare, se tomen como un llamamiento a la reflexión, a la reforma, a la catarsis, y otras, como el problema de la inmigración ilegal, o la mala percepción del Gobierno, con peor nota que la Justicia en el CIS, se tomen como infección.
De todas formas, el círculo aún no está completo. El círculo no lo podía cerrar sino Bolaños, que, en Cinco Días, lo concluía todo artística y científicamente, como la última pieza del relojero: hacen falta reformas, ahí están las encuestas, lo pide la gente (lo piden ellos, en realidad). Y la reforma más urgente, encubierta bajo una reforma de las acusaciones populares, es su viejo sueño: que sólo acuse la Fiscalía, que depende de quien depende, o sea de quien está ahora de corrupción hasta el cuello membranoso o hasta las cejas opulentas. De la Moncloa a la Moncloa, pasando por la Prensa del Movimiento. Sí, el círculo perfecto, euclidiano, cínico y sanchista.
ROBANDO COBRE EN EL CONGRESO. Después de la condena a Ábalos y Koldo y en pleno desvendamiento de Zapatero como una momia enjoyada. En medio de la triunfal expansión, igual que una franquicia, de los negocios, tricorniazos y contactos de Leire Díez (el último, Juanma Serrano, exjefe de gabinete de Sánchez) y hasta de Begoña Gómez (a su amigo, mentor o socio Barrabés le adjudicaban los contratos públicos por gracia divina o rosca presidencial). Cerca de la imputación del PSOE como persona jurídica o incluso de Sánchez como persona humana (a Nacho Abad, en En boca de todos, sólo le quedaba la duda de si lo imputarán como presidente o ya como expresidente). Con 127 investigados dentro de la Corte (de momento) y viendo, además, cómo el lawfare se cuece y se vende en el mismo cuarto sin ventanas, como en una cocina fantasma. Con todo esto, en fin, y lo que se avecina, yo creo que Sánchez tenía que explicar su democracia. Y lo ha hecho de la manera más pedagógica: sacando una marca fake de ropa adolescente. Qué es la democracia de Sánchez sino una marca fake impresa en la sudadera con capucha que lleva su gente...

El Gobierno ha sacado la marca Dmocracia (se les vuelan las letras, como al PSOE), que no es una marca real, para vender, sino un invento de una campaña para acercar la democracia a los jóvenes (la democracia de Sánchez se acerca mejor si se le van quitando letras, principios y valores y se van sustituyendo por moda y logotipos). Unas influencers lánguidas o todavía dormidas, a medio montar o desmontar dentro de su ropa de saco o cartón, se han puesto pantalones y sudaderas anchos, con su gran marca democrática, sospechosa de puro grande como las marcas de los horteras, y han posado en el Congreso despatarradas y aburridas, como en los últimos minutos basura de la disco. En Todo es mentira lo llamaban “democracia cuqui”, pero a mí me daba la impresión de que habían entrado en el Congreso para robar cobre, exactamente como la gente de Sánchez. Unos 380.000 euros ha costado la campaña, que a mí me parecen muy bien gastados. No podía quedarnos más claro lo que es la democracia para Sánchez.

ERROR Y CARA DURA. La valentía confundida con el error suele ser error, o ya cara dura. Lo de Feijóo no ha sido valentía sino un gran error, que aunque España tiene un problema con la productividad, con las horas no trabajadas, voladas en los días ventosos igual que el paraguas, él confundió y mezcló conceptos, usó datos incorrectos y exhibió un desconocimiento imperdonable incluso para no llevar gafas (otro error fue quitarse las gafas, que así pensamos que prefiere la coquetería a la claridad). Feijóo invalidó el debate sobre un problema real y regaló una caricatura cegatona a la sanchosfera, que vive de caricaturas. Feijóo sigue siendo torpe, lo que pasa es que eso, ahora, casi parece tierno mirando el otro lado. Lo que no fue error ni valentía, sino cara dura, fue esto de Illa en la radio catalana, pillado por Vicente Vallés: “En este momento, la prioridad es garantizar que la vivienda sea para personas que residen en Cataluña y trabajan en Cataluña”, decía Illa. “En eso consiste precisamente el arraigo”, aclaraba Vallés. Sí, el tan criticado arraigo. Y es que en eso de la prioridad nacional, y de la cara dura, por allí siempre estarán antes, más y mejor.
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