LAS BRUJAS DE BADAJOZ. Cuando salió Rosa Villacastín como si fuera la bruja Lola, pensé que TVE es toda entera como esa hora y esos canales de los videntes, con fondo de cortina de hule o de espiritismo de croma para la magufería sanchista. Hay astrología sanchista, tarot sanchista, fantasmas sanchistas, misterios de la antigüedad sanchistas, gemoterapia sanchista (las joyas de Zapatero como ese cuarzo rosa que dicen que atrae el amor) y hasta lentos gurús sanchistas puestos de flores machacadas (Xabier Fortes sugiere esa bonhomía de secta entre el colocón, el camelo y la burla). Todo es como las tres de la mañana con candelabro, amuleto, teremín y estafa sanchistas. Rosa Villacastín, en fin, con velas negras en las manos o en los ojos, con voz de resfriada del otro mundo, hundida en un sillón habitado por fantasmas, encontrada o desenterrada en un desván como una emparedada, había mirado en el negro cielo o en sus amarillos cuencos y se decía “horrorizada” por lo del hermano de Pedro Sánchez. No era como si lo hubiera condenado un tribunal por prevaricación sino como si Plutón estuviera en Acuario.

David Sánchez (David Azagra cuando se pone colgante) ha sido condenado por prevaricación, pero en TVE sólo parece que le han hecho vudú esas viejas de los tribunales, con muchos alfileres y gargajos. Es que “la propia Fiscalía decía que eran conjeturas”, decretaba Villacastín como consultando sus cartas con ahorcados y locos. Increíble que el tribunal no haya hecho caso a la Fiscalía, que depende de quien depende. Quien había contactado con Villacastín, quien la había invocado, como desde otra realidad, era Javier Ruiz, que a mí me parece el Sandro Rey del sanchismo. Javier Ruiz tiene mirada de mal de ojo, manos de manejar sonajeros y patas de gallo, hondos y acojonantes veredictos de bajilí y hasta un pantallón en el que giran zodiacos, proyecciones astrales y espectros con halo, que si no te convencen por lo menos te aturden. Le falta la melena para hablar con convicción sobre el “acordeón de tiempo” (!) que gasta nuestra Justicia.
Salmodiaba Ruiz, mientras rodaban ruecas de bruja, que David Sánchez (David Azagra cuando se pone túnica) había sido “condenado por prevaricación sin ser funcionario público”. Tres brujas de rueca, tres brujas de Badajoz como de Macbeth, no habían caído en esto. La verdad es que un funcionario público para el Código Penal no es lo mismo que para el opositor de Correos. Es el que “por disposición inmediata de la Ley o por elección o por nombramiento de autoridad competente participe en el ejercicio de funciones públicas”. El Código Penal es tan poco esotérico... Además, el hermanísimo no ha sido condenado por crear la plaza o firmar la resolución, sino como cooperador necesario. Tan necesario que sin su actuación, o sea sin aceptar el chanchullo, no podría haber existido delito. ¿Qué sería la Oficina de Artes Escénicas sin él, sino un edificio vacío? Bueno, no había “edificio físico”, pero ya me entienden.

No pensaba en esto Javier Aroca, que aparecía como un viejo y sordo Merlín del socialismo (si Chaves fuera el rey Arturo y los ERE el Grial). “¿Eso lo ha hecho David Sánchez? [crear y modificar la plaza]”, preguntaba enfadón y encarón, que él ya tiene enfado y encaramiento de viejo señorito (los palacios y peroles del PSOE andaluz dan viejos señoritos con jaca). “Estos jueces están subvirtiendo la democracia”, se atrevía a decir. Lo suyo es verdadero oficio, que son muchos años ya llevando el capirote de hechicero o nazareno de la cofradía. Cuando apareció Pedro Piqueras, convertido como en árbol con cara de un bosque mágico e infantil, y tirando también por la conjura de las brujas, apagué ya la tele o cerré el portal dimensional.
LA EXCESIVA JUDICALIZACIÓN DEL DELITO. En La noche en 24 horas, Xabier Fortes, tan blando por fuera que se diría todo de algodón, también trató el caso del hermanísimo (dentro de la TVE esotérica y magufa, él retomó el misterio de otra manera, ya digo, como un gurú de setas o, quizá, un hada blanca con fondo oscuro). Un tertuliano (a veces son indistinguibles o intercambiables, como una junta de ateneo, que hasta se visten de ateneo en verano); un tertuliano, un poco tibio, parecía no ver lo del lawfare, o no quería pronunciar la palabra abracadabrante. Simplemente, el tribunal “no había podido escapar de la atmósfera política”. Intervino entonces Xabier Fortes el Blanco, o el Gris, para aportar claridad micológica: “Si en vez de Sánchez se llamara Fernández no habría este caso: se entiende que haya gente que diga que se ha condenado para castigar al presidente del Gobierno”. Va a resultar que el nepotismo es eso, que te den el puesto por el apellido. Si se llamara Fernández, no habría Oficina de Artes Escénicas. Bueno, no había de todas formas, pero ya me entienden. Lo comparaban con el caso de Toni Cantó, que fue un cantazo pero era un puesto de libre designación, no personal laboral sujeto a un proceso de selección público. De todas formas, a Elsa García de Blas, de El País, y del ateneo de verano, y del horóscopo sanchista, y de la casita de la pradera, le parecía que el nepotismo es algo muy corriente. El problema es la “excesiva judicialización de la política”. En este caso, la excesiva judicialización del nepotismo. Yo diría más: el problema es la excesiva judicialización del delito.

En realidad, Xabier Fortes y su ateneíllo habían llegado al hermanísimo después de pasar por Feijóo, que había llamado a Sánchez “presidente autoritario”, acusación que se diría peor que el propio autoritarismo. Elsa García de Blas, de mirada y naricilla afiladas, como la Samantha de Embrujada, se percató de un detalle absolutamente destructor, y es que Feijóo no había dicho nada del hermanísimo todavía porque, claro, eso refutaría la idea de Sánchez como autócrata. Enseguida se adelantó Fortes: “En una dictadura no se condena a un hermano [del presidente]”. Bueno, si la reforma de Bolaños se hubiera aprobado tal como querían (y aún quieren), y sólo acusara la Fiscalía, desde luego que no se hubiera condenado. Es decir, Sánchez sería un autócrata fallido, o en el intento.
Nuestro ateneíllo, nuestra prensa del Movimiento y nuestros gnomos de jardín aún quieren que pensemos en un dictador con gorra de plato y tanques en los semáforos que gobierna a caballo. Pero ni siquiera Chávez o Maduro actuaron ya así. Las democracias, como explican muy bien Levitsky y Ziblatt en su conocido libro, ya no terminan con una brusca dictadura caqui, sino con autocracias electorales e iliberales. No caen por un golpe de pistolón o corneta, sino progresivamente, por erosión interna, por colonización de las instituciones del Estado, por el desarme de los mecanismos de control y los contrapoderes, por la asfixia económica y mediática a los opositores, por el acoso a la prensa, a los jueces y a los disidentes. O sea, justo lo que hace Sánchez. O lo intenta, porque no lo consigue del todo. Ni él ni sus ateneíllos.
EL ULULAR DEL LAWFARE. Con el hermano lírico y lívido sólo ha podido competir esta semana la esposa lírica y lívida, Begoña Gómez, que finalmente va a ser juzgada a pesar de toda la poesía gótica y las velas negras del sanchismo (bueno, en realidad Rajoy creo que ha salido más que ellos, ha sido como el levitón o la manta zamorana que tapaba a jueces y condenados, y en Mañaneros 360 hasta le dedicaban una restrospectiva que parecía de Crónicas marcianas). Yo diría que la derecha de barbería hace lo que puede, con sus torpezas y cojetadas, y la TVE santera también, con sus invocaciones y conjuros, pero es imposible competir con el sanchismo. Begoña Gómez va a ser juzgada, el juez Peinado ha sido purificado de sus malos pelos por la Audiencia de Madrid, los cuatro delitos se quedan o se subsumen en dos, le devuelven el pasaporte ya romantizado, como un pasaporte de Casablanca, y aunque los pitonisos y pacoporras de TVE sigan con el lawfare, yo quiero destacar cómo dio TVE 24 horas la noticia, la buena / mala nueva. Sí, algo así fue, como si no supieran todavía, sin las órdenes de la superioridad, cómo tratar exactamente el tema, y por eso les salió agridulce, zozobrante, reiterativo, confuso, triunfante al principio, cuesta abajo después, y patético en suma. “La Audiencia Nacional (sic) levanta las medidas cautelares sobre ella y además revoca parcialmente el procedimiento con jurado popular, ordenando que sea juzgada por jurado popular por los presuntos delitos de tráfico de influencias y malversación de caudales públicos”. El tono de la presentadora (y quizá del redactor del texto) fue modulando, con poética cesura incluida, desde la euforia o el alivio con el “levantamiento” y la “revocación” a una pesadumbre o crudeza con el juicio y de los delitos. Había que ser optimista sin mentir, había ser realista sin desesperanzar, o no estaba muy claro todavía qué había que ser. Seguro que ya lo tienen más claro. El ulular de TVE en los visillos sigue sonando a lawfare.

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