Sánchez se ha traído de Ankara un revólver como de Harry el Sucio, de justiciero con flecos, de tendero del Bronx, de apoteosis de Tarantino, de masacre de blaxploitation, o sea lo que para Chuck Norris sería un mechero. Erdogan, que ya tenía pinta de tipo con pistola freudiana, con cachas de nácar y calibre compensador o consolador, le ha regalado a cada líder de la OTAN un Sarsilmaz SR 38 personalizado con su nombre, que en su cajita parece un violín de la muerte. Yo estoy seguro de que Erdogan llama al suyo Betsy o algo así, explicando enseguida que es una belleza salvaje que dispara plomo del 357 Magnum o del 38 especial según el humor, el día o el enemigo que se le cruza. A lo mejor Sánchez le pone a su revólver Sweet Leire, o Lawfare, que aunque nuestro presidente vaya de pacifista sabemos que es una pose, que en realidad él es un killer y tiene andares de cowboy con cartuchera pendulona. Además, ya está cerca de quedarse solo ante el peligro, ante Liberty Valance o ante un juez con cascabeles negros, como uno de esos vaqueros de sombrero negro, el villano black hat, tan del género. Sí, a mí me parece que el revólver le viene ahora a Sánchez mejor que la guitarra mojada de playa y novia, que la pluma epistolar y que el mandilillo de James Stewart, que nunca le ha pegado ni nos lo hemos creído.
En la cumbre de la OTAN, al final, después del fútbol, del dinero y hasta de los tangos (lo de Trump y Sánchez ha sido como una especie de tango con desprecios y revolcón), alguien ha sacado por fin un arma de verdad, hermosa como una pipa de espuma de mar, terrible como una quijada bíblica, simbólica como un cuerno vikingo. Y, sobre todo, algo que parece real y realista entre los belicistas de lejos y los belicistas de terceros, entre los pacifistas de chancleteo y los pacifistas de la poca pasta (Sánchez es de los dos tipos). Erdogan da el tipo de los que tienen el revólver como novia o como prótesis, ya digo, pero eso de sacar un arma cierta, cruda, inminente, como sacar un jamón de su estuche, después de hablar de armas teóricas, de guerras teóricas y de carne teórica, es algo así como una lección de realidad. Las armas contempladas parecen sólo armas de diosa o cornetas de musa, como debe de parecerles la guerra a los mandamases de la OTAN. Pero algo cambia al cogerlas, al sostenerlas, al sentir su peso, que es como tomar conciencia de la irreversibilidad de su tarea, de la irreversibilidad de la muerte. Erdogan les regaló el revólver a todos pero yo creo que a los que, como Sánchez, habían ido a hablar de fútbol o a añorar a la señora como a Annabel Lee, se lo ha regalado con más retranca. Erdogan se sorprendería, porque yo diría que Sánchez ha recibido y reconocido el revólver como Ulises su arco.
Sánchez ha mentido y ha hecho trampas sin perder la sonrisa ni el sombrero porque siempre ha ido con un revólver o con más de uno, en la cintura, en la pernera o en el caballo
Sánchez con revólver, la verdad, no me parece un santo con pistolas, sino algo así como Fray Escoba con escoba. Sánchez con revólver es más Sánchez que Sánchez con gafas, con gorra, con traje berenjena, con boda balinesa y con gobierno de progreso. Sánchez ya era un presidente con pistola como una dama con pistola, con la Derringer de dos cañones, que casi parecía un impertinente de teatro, en el bolsito o en la liga. Sánchez iba con revólver desde aquellas primarias con pucherazo o atraco, que yo lo recuerdo mirando desde el atrilito como desde la barra del saloon, con los ojos fríos y fijos igual que dados. Iba con revólver y muesca con Susana, con los críticos y con los tibios, y ha seguido yendo con revólver y muesca con los periodistas, con los jueces, con la verdad, con el Estado entero y hasta con su yo del pasado, al que sigue retando en el espejo cada día, como Robert De Niro en Taxi driver. Sánchez ha resistido, ha atacado, ha emboscado, se ha atrincherado, ha aniquilado, ha mentido y ha hecho trampas sin perder la sonrisa ni el sombrero porque siempre ha ido con un revólver o con más de uno, en la cintura, en la pernera o en el caballo.
Dicen que el revólver que le ha regalado Erdogan, con el nombre de Sánchez grabado como en un violín del Diablo, se encuentra custodiado en el Ministerio del Interior, que a uno le parece exagerado y peliculero, como si fuera el martillo de Thor. Dicen que lo inutilizarán, que será como mutilar a la pobre Betsy, a la buena de Sweet Leire, al justiciero Lawfare. Pero yo no sé si Sánchez se lo está pensando, mientras lo mira como a una ballesta o a una cítara, con la muerte o la belleza en perfecto equilibrio y en máxima tensión. Viene el revólver con seis balas como de plata, como balas de Zapatero; seis balas simbólicas como seis rosas, seis balas como para seis hombres lobo, para seis pseudoperiodistas, para seis jueces con capote negro, incluso para seis Balas, que sé que me queda muy macabro y duro pero es metafórico, eufónico y teatral como la guillotina. Ahora que hay un nuevo hombre de Sánchez, Juan Manuel Serrano, exjefe de gabinete, metido en las cloacas; ahora que el presidente de la pistola de oro o de la flor en el ojal está más rodeado cada día, que todo está a punto de estallar y todos a punto de cantar, no le vendría mal otro revólver u otra metralleta. Ya saben, eso de morir matando. Un hombre y un destino. Yo creo que ya va ensayando con espejo, con sombrero y hasta con horca.
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