Un relieve de madera tallada, dorada y policromada que representa a San Buenaventura y que llevaba desaparecido desde hace 16 años ha regresado finalmente al patrimonio religioso navarro. La pieza, sustraída del Monasterio de Santa Clara de Fitero —también conocido como Monasterio de Santa María de Niencebas—, ha sido entregada al párroco de la localidad en representación de la Archidiócesis de Pamplona y Tudela, legítima propietaria de la obra.
La recuperación pone fin a un largo recorrido que llevó a esta valiosa talla desde un puesto del Rastro de Madrid hasta una casa de subastas de Barcelona, pasando por varios propietarios antes de ser localizada por los investigadores.
Según ha trascendido, el relieve pertenece al círculo del escultor renacentista Juan de Anchieta, uno de los grandes maestros de la escultura española del siglo XVI. Por ello, los expertos estiman que la obra podría superar los 500 años de antigüedad. La pieza, de 81 centímetros de alto, 45,5 de ancho y 10 de profundidad, constituye un ejemplo de la imaginería religiosa renacentista que formó parte del patrimonio artístico del monasterio durante siglos.
El Monasterio de Santa Clara de Fitero, situado a orillas del río Alhama, en el sur de Navarra, es uno de los conjuntos monásticos más relevantes de la comunidad foral. Levantado entre los siglos XII y XIII, el edificio conserva un importante legado histórico y artístico, motivo por el que cualquier expolio supone una pérdida de gran valor para el patrimonio cultural.
El recorrido de la talla
La investigación permitió reconstruir el recorrido que siguió el relieve tras su desaparición del monasterio. Según ha trascendido, las pesquisas se iniciaron a partir del actual propietario de la obra, quien manifestó que había adquirido la pieza en una casa de subastas de Barcelona.
A partir de esa información, los investigadores reconstruyeron el recorrido comercial del relieve. Los responsables de la casa de subastas explicaron que ellos, a su vez, habían comprado la obra a otra persona, quien la había adquirido previamente en un establecimiento dedicado a la compraventa de antigüedades.
La investigación, desarrollada de forma conjunta por la Policía Nacional y los Mossos d'Esquadra, permitió seguir la cadena de transmisiones hasta reconstruir el itinerario completo de la pieza desde que fue robada del monasterio. Las pesquisas concluyeron que, tras el robo, el relieve fue trasladado a un puesto del Rastro de Madrid, donde comenzó un largo periplo comercial que hizo que pasara por distintos propietarios antes de acabar en Barcelona.
Fue a finales del pasado mes de abril cuando los agentes localizaron e intervinieron finalmente la obra en la capital catalana. Tras informar a la autoridad judicial competente, esta acordó que el relieve fuera restituido a la Archidiócesis de Pamplona y Tudela, al considerar acreditada su titularidad sobre la pieza.
La recuperación supone el cierre de un caso que permanecía sin resolver desde hacía más de una década y permite devolver al monasterio una de las obras que formaban parte de su patrimonio histórico.
El tráfico de arte sacro, un fenómeno recurrente
Aunque no se trata de un delito especialmente frecuente, el robo de bienes pertenecientes al patrimonio religioso sigue siendo una preocupación, especialmente para los responsables de la conservación del patrimonio histórico. En numerosos casos, las piezas sustraídas no permanecen ocultas durante mucho tiempo, sino que entran en circuitos de compraventa legales o semiclandestinos, lo que dificulta seguir su rastro.
Uno de los casos más conocidos de los últimos años fue el de una banda que actuó en varias iglesias de la provincia de Ourense. Según la investigación, los acusados asaltaron distintos templos y sustrajeron cálices, sagrarios, imágenes religiosas y otros objetos litúrgicos de valor histórico y artístico. Parte del botín terminó siendo vendido a través de establecimientos de compraventa de metales preciosos y otros canales de comercialización.
También en Ávila, la Guardia Civil consiguió recuperar un cuadro del siglo XVIII cuya investigación permitió determinar que había circulado por el mercado ilegal de antigüedades e incluso había llegado a venderse en un mercadillo antes de ser localizado.
Madrid vivió un episodio similar en 2021, cuando la Policía recuperó dos cálices y una Biblia antigua que habían sido robados años atrás de una parroquia. Los investigadores consiguieron localizar las piezas después de que fueran puestas a la venta a través de una plataforma de compraventa entre particulares en internet.
Casos como estos ponen de manifiesto la dificultad para rastrear el patrimonio religioso robado, cuyo recorrido puede prolongarse durante años e incluso décadas antes de que las obras sean identificadas y regresen a sus legítimos propietarios.
1 Comentarios
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hace 1 segundo
Muy interesante el enfoque del artículo.