Medio Ambiente

Diez años de la plaga flotante que se clona a sí misma y destruye el litoral español: "No hay dinero en el mundo para acabar con ella"

Arribazones de alga asiática en Cádiz.
Arribazones de alga asiática en Cádiz. | Sara Haro / CSIC

Se llama Rugulopteryx okamurae, pero es popularmente conocida como alga asiática, y se ha consolidado como la especie marina invasora "más virulenta" en la historia del litoral español. Lo que comenzó en 2015 y 2016 como un hallazgo puntual en las aguas del Estrecho de Gibraltar y Ceuta se ha transformado en una crisis ecológica, económica y turística que ya azota de norte a sur la costa española, de Cádiz a Santander, con un impacto que los científicos califican de "sin precedentes".

PUBLICIDAD

"No hay dinero en el mundo ni conocimiento suficiente para acabar con ella", advierte a EFE María Altamirano, bióloga e investigadora del Departamento de Botánica y Fisiología Vegetal de la Universidad de Málaga (UMA) y una de las principales expertas del país. Según la investigadora, la erradicación completa del alga asiática es imposible una vez asentada la especie, por lo que el esfuerzo debe centrarse en la prevención, la educación y la preservación de las zonas aún no infectadas para mitigar sus destructivos efectos.

PUBLICIDAD

Medio millón de clones por metro cuadrado

Parte del éxito devastador del alga asiática reside en sus mecanismos reproductivos. Recientes investigaciones lideradas por las universidades de Málaga y Granada han revelado que la macroalga se expande principalmente formando clones de forma asexual a partir de pequeñas esporas y fragmentos de sí misma.

En ecosistemas clave como las praderas de Posidonia oceanica —cuya biodiversidad ha sido literalmente "barrida" en puntos de la costa granadina—, el alga puede generar más de medio millón de nuevos ejemplares potenciales por metro cuadrado al año, concentrando su mayor capacidad infectiva durante la primavera y el verano.

Además de fijarse violentamente al fondo marino desplazando a la flora autóctona, esta especie ha desarrollado una adaptabilidad sin precedentes: una gran parte de su población vive suspendida en la columna de agua sin tocar el suelo. Estas masas flotantes viajan a la deriva a lo largo de cientos de kilómetros, engullendo las artes de pesca en alta mar y provocando arribazones masivos en la orilla.

Un impacto socioeconómico sin precedentes, de norte a sur

El desastre no se limita al sur de la Península. Aunque la presión es especialmente asfixiante en las cinco provincias costeras de Andalucía —donde localidades como Tarifa o Algeciras han llegado a retirar miles de toneladas en un solo verano y la Junta ha tenido que declarar la situación de "fuerza mayor y extrema necesidad"—, la plaga se extiende ya con fuerza por todo el litoral.

En Andalucía, los pescadores del Estrecho, como la flota artesanal de Barbate o Algeciras, sufren pérdidas drásticas por la rotura de aparejos y la ausencia de capturas. En municipios como Rota o Marbella, la retirada constante de biomasa satura los vertederos y ahoga las arcas municipales.

En la ría de Arousa y en diversos bancos marisqueros, el sector alerta de que los aparejos salen repletos de macroalgas, poniendo en riesgo el sustento del marisqueo a flote. La Xunta ha activado un plan de gestión y el proyecto Algasdet para monitorear su avance.

Más al norte, en arenales cántabros como la playa de Trengandín de Noja, el Gobierno regional ha tenido que recurrir de nuevo este mes de agosto a la declaración de emergencia, desplegando un dispositivo nocturno de maquinaria pesada que ha retirado más de 4.000 toneladas de alga solo en lo que va de verano.

"Un día se irá"

Los científicos recuerdan que aún quedan zonas del litoral libres de infección, pero advierten de que la actividad humana actúa como el principal vector de propagación. Los puntos de entrada suelen detectarse en escolleras y del interior de los puertos, impulsados por las aguas de lastre de los barcos, las embarcaciones recreativas y el transporte en equipos de buceo.

Frente a la inacción o la falta de recursos, la ciencia ha comenzado a articularse con la ayuda ciudadana. Proyectos como ¡Invasoras en la costa!, impulsados por el CSIC y la plataforma Observadores del Mar, o la app Rugu Map buscan mapear mediante fotografía y geolocalización satelital (a través del programa europeo Sentinel-2) el avance de esta marea verde.

A pesar del desolador panorama, Altamirano mantiene cierto optimismo sobre el futuro a largo plazo: "Un día se irá, pero mientras tanto hay que entender cómo vive y cómo se reproduce para evitar que siga colonizando el litoral".

Comentarios

Normas ›

Para comentar necesitas registrarte a El Independiente. El registro es gratuito y te permitirá comentar en los artículos de El Independiente y recibir por email el boletin diario con las noticias más detacadas.

Regístrate para comentar

Lo más visto