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Harald, todo por amor y por Noruega: la vida del rey ejemplar que demostró que monarquía y modernidad no son incompatibles

El rey Harald V de Noruega en uno de sus últimos retratos oficiales.
El rey Harald V de Noruega en uno de sus últimos retratos oficiales. | Casa real de Noruega

"Jeg er livredd": "Estoy aterrorizado". Con esa confesión, realizada a un estrecho colaborador la noche del 17 de enero de 1991 tras la muerte de su padre, el rey Olav V, iniciaba Harald V su andadura en el trono. Como recordaba hoy el exdirector del diario de referencia noruego Aftenposten, Harald Stanghelle, aquel "candidato a rey aterrorizado" acabó convirtiéndose en el "verdadero rey del pueblo". Este viernes, tras "fallecer pacíficamente a las 06.35 horas", según reza el anuncio oficial, en el Rikshospitalet de Oslo rodeado de los suyos, la nación noruega llora la pérdida del monarca que mejor supo encarnar la empatía y la modernización institucional.

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Primer príncipe heredero nacido en suelo noruego desde 1380 (el 21 de febrero de 1937 en Skaugum), su infancia estuvo marcada por la convulsión europea. Con solo tres años, la ocupación nazi le obligó a exiliarse junto a su madre y hermanas en Suecia y Estados Unidos. Tras la liberación en 1945 y su posterior formación académica en Oxford y militar en la caballería de su país, Harald V asumió la condición de heredero en 1957.

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Un rey cercano, cálido y jovial

Su perfil personal estuvo siempre definido por la firmeza en sus convicciones. La mayor prueba de ello fue su lucha de nueve años para casarse con la plebeya Sonja Haraldsen, en una época en que dicho enlace amenazaba con abrir una crisis institucional. Llevado por el compromiso con sus sentimientos, planteó un órdago directo a la corona: o se casaba con Sonja o permanecería soltero, poniendo en riesgo la continuidad dinástica. "Tenía sentimientos encontrados, porque me gustaba Sonja Haraldsen, pero también tenía mala conciencia por mi padre y por Noruega", reconocería décadas después. El permiso real llegó en 1968, consolidando una unión de la que nacieron la princesa Marta Luisa y el príncipe heredero Haakon.

Al suceder a su padre en 1991, Harald adoptó sin dudar el lema familiar Alt for Norge ("Todo por Noruega"), que definió no como una consigna, sino como "una regla de vida que cobra fuerza de la fe y la convicción". Durante sus 35 años de reinado, el monarca logró índices de aprobación superiores al 70%, gracias a su cercanía física —visitó prácticamente los 357 municipios del país— y a un carácter cálido y jovial. "El rey Harald es el gran modernizador de nuestra monarquía. Es un hombre que comprende su época y que cambia para conservar", ha sintetizado Aftenposten sobre su figura.

Un referente de inclusión, humor y valores

Su reinado destacó por un perfil marcadamente inclusivo y plural. En su emblemático discurso con motivo de sus 25 años en el trono, el 1 de septiembre de 2016, Harald V reivindicó el carácter acogedor y multicultural de la sociedad noruega, una defensa de la diversidad que marcó época. Simultáneamente, demostró un carácter unificador en los momentos más trágicos, como tras los atentados de 2011 –cuando el extremista de ultraderecha Anders Behring Breivik perpetró un doble ataque en Oslo y en la isla de Utøya que se cobró la vida de 77 personas–, llorando junto a sus ciudadanos y encontrando las palabras precisas cuando el país más lo necesitaba.

Conocido por un particular sentido del humor y su afición al deporte –llegó a competir en tres Juegos Olímpicos en la disciplina de vela y a lograr títulos mundiales–, el rey sobrellevó con entereza los sobresaltos de sus últimos años. Entre ellos, un progresivo deterioro de su salud con múltiples ingresos hospitalarios y complejas situaciones familiares, como el distanciamiento institucional de la princesa Marta Luisa o el reciente y polémico proceso judicial que involucra al hijo de la princesa heredera Mette-Marit.

El luto de una nación

La confirmación de su fallecimiento, que se anticipaba desde hace días dado su grave estado de salud, ha generado una cascada de reacciones institucionales y muestras espontáneas de afecto frente al Palacio Real de Oslo, donde la bandera ondea a media asta. El primer ministro noruego, Jonas Gahr Støre, ha expresado el sentir general de la nación al señalar que "a través de más de tres décadas como rey, Harald V demostró una fe inquebrantable en el pueblo noruego. Nos ayudó a ver lo mejor de nosotros mismos y de los demás". "Kong Harald elsket Norge. Og Norge elsket sin konge", añadió Støre emocionado: "El rey Harald amó a Noruega. Y Noruega amó a su rey".

"Hemos perdido a nuestro querido rey y toda la nación está de luto", ha constatado el presidente del Storting, el Parlamento noruego, Masud Gharahkhani, destacando la profunda gratitud con la que el país recuerda su labor unificadora. En el mismo sentido, la presidenta del Tribunal Supremo, Toril Marie Øie, destacó que Noruega despide a un "rey amado e inclusivo".

El Gobierno noruego se reúne de urgencia en consejo de Estado extraordinario para escenificar la transición formal de la corona. Su hijo, hasta ahora príncipe heredero Haakon, asume el trono al frente de la institución, con el desafío de prolongar el legado de cercanía, veracidad y profundo sentido del deber que deja tras de sí Harald V.

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