Opinión

La responsabilidad de la directora del CNI en el ataque a la frontera de Ceuta

Esperanza Casteleiro, directora del CNI.
Esperanza Casteleiro, directora del CNI. | EUROPA PRESS

La polémica entre la ministra de Defensa y el titular de Interior sobre el papel que jugó el Centro Nacional de Inteligencia (CNI) en los días previos al asalto de casi 80.000 personas a Ceuta está dejando en segundo plano la responsabilidad de la directora de los servicios secretos españoles, Esperanza Casteleiro.

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Este jueves, el ministro de Presidencia y de Justicia, Félix Bolaños, ha vuelto a insistir en que el Gobierno carecía de información sobre la magnitud de la avalancha de inmigrantes que asaltó la frontera española el pasado 30 de julio. "No había información previa ni precisa", ha asegurado uno de los ministros que forman parte del círculo íntimo del presidente del Gobierno. La desautorización a Margarita Robles ya se ha producido públicamente por parte de tres ministros: Grande Marlaska, Ángel Víctor Torres (ahora también mando único en Ceuta) y Félix Bolaños.

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Robles ha mantenido, también en el Congreso, que el día 29 de julio el CNI informó verbalmente de lo que estaba a punto de ocurrir al delegado del Gobierno en Ceuta, lo que también ha desmentido públicamente su titular, Miguel Ángel Pérez Triano.

Al margen de los ministros ya mencionados, otros (como Óscar Puente), han criticado, of the record, la "falta de lealtad" de la ministra de Defensa, que "siempre va por libre". Han vuelto a salir a la luz los comentarios de whatsapp entre Pedro Sánchez y José Luis Ábalos en noviembre de 2020, en los que el presidente califica de "pájara que se acuesta con uniforme" a la ministra, a lo que el entonces ministro de Fomento, añadió: "Sí, el suyo". La trituradora se ha puesto en marcha.

Robles resiste la ofensiva y permanecerá en el cargo hasta que Sánchez decida su destitución, si es que lo hace. Ella no piensa dimitir.

Rocosa, encantada con su trabajo, apreciada por la cúpula militar, ha decidido resistir defendiendo a capa y espada a los funcionarios del CNI, entre los que destaca su directora general, Casteleiro, que anteriormente fue secretaria de Estado de Defensa (2020/2022), y que antes había sido jefa de Gabinete de la ministra (2018-2020). Es decir, que es una persona de la máxima confianza de Robles.

Casteleiro lleva toda la vida en el CNI. De hecho, ella ingresó en los servicios secretos en 1983, en los tiempos del CSID. En el CNI ha ocupado distintos cargos, hasta ser nombrada secretaria general (número dos) durante el primer gobierno de Zapatero. De hecho, su nombre sonó para sustituir al general Félix Sanz Roldán. Es decir, que estamos hablando de una persona que conoce a la perfección el Centro, su estructura, su personal, y, sobre todo, sus funciones.

Si había riesgo para la integridad territorial en Ceuta, Casteleiro debería haber informado al presidente del Gobierno

El artículo 1 de la ley reguladora del CNI (mayo 2002) establece que el Centro es el "responsable de facilitar al presidente del Gobierno y al Gobierno de la Nación las informaciones, análisis, estudios o propuestas que permitan prevenir o evitar cualquier peligro, amenaza o agresión contra la independencia o integridad territorial de España, los intereses nacionales y la estabilidad del Estado de derecho y sus instituciones".

El día 31 de julio, en Ceuta, Pedro Sánchez calificó lo ocurrido como "un ataque a la integridad territorial de España". El presidente usó esas palabras, lo que quiere decir que se refirió exactamente a una de las funciones principales encomendadas al CNI.

Que sepamos, la directora del CNI no ha remitido al presidente del Gobierno ningún informe, ni le ha transmitido de viva voz información sobre el riesgo que corría nuestra frontera con Marruecos. Lo que supone un claro incumplimiento por su parte del artículo primero de la ley reguladora del Centro.

En el artículo nueve de la misma ley se establece como obligación del máximo responsable del Centro "mantener y desarrollar, dentro de su ámbito de competencia, la colaboración con los servicios de información de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, y los órganos de la Administración civil y militar, relevantes para los objetivos de inteligencia". Tampoco hay evidencias de que el CNI transmitiera a los servicios de información de la Guardia Civil y de la Policía una información tan relevante como que decenas de miles de personas estaban listas para saltar nuestra frontera en Ceuta.

Puede ser que un alto cargo del CNI (tal vez la propia Casteleiro) informara al delegado del Gobierno en Ceuta el día 29 de julio de que iba a producirse una avalancha al día siguiente. Y también puede ser que el delegado no le diera la importancia que tenía a esa información; no parece que Triano sea una lumbrera. Pero la responsabilidad de la dirección del CNI en cuestiones que afectan a nuestra integridad territorial es informar al presidente del Gobierno. Cosa que no sucedió.

¿Cómo es posible que Casteleiro no valorase la información que a buen seguro le transmitieron los agentes que se ocupan de la seguridad de la frontera en Ceuta? A mí no me cabe ninguna duda de que los funcionarios sobre el terreno detectaron el peligro e informaron a sus superiores de ello. Pero, ¿qué es lo que ha ocurrido en el seno de la Administración española desde abril de 2022, fecha en la que Sánchez transmitió por carta al rey de Marruecos su disposición a aceptar la soberanía sobre el Sáhara? Bien sencillo: a Marruecos no se le puede molestar, hay que evitar todo conflicto con el país vecino, en los informes hay que dulcificar al máximo las disputas que puedan soliviantar al rey Mohamed VI.

Esa instrucción no es ningún secreto de Estado. Basta con observar al ministro de Exteriores para darse cuenta de que España ha decidido no incomodar a Marruecos aun a riesgo de no defender, como es la obligación del Gobierno, la soberanía sobre Ceuta y Melilla. Albares ha llegado a pedir a la Casa Real que el rey telefonease a Mohamed VI para agradecerle su gestión de la crisis. ¿Hay mayor evidencia de esa política, no ya de apaciguamiento, sino de humillación ante la monarquía alauí?

Pero, en fin, cada uno debe asumir sus propias responsabilidades. Marlaska tiene las suyas, por supuesto, en este caso. Pero cada palo tiene que aguantar su vela. Y, en la crisis de Ceuta, la responsabilidad de Casteleiro es más que evidente. Robles no la destituirá. Pero ella debería dimitir para hacer honor a su carrera y al CNI.

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