Cultura

El Tesoro de Villena: qué esconde uno de los grandes tesoros de la Edad del Bronce robado en Alicante

El Tesoro de Villena, uno de los conjuntos más valiosos de la Edad de Bronce en Europa
El Tesoro de Villena, uno de los conjuntos más valiosos de la Edad de Bronce en Europa | EP

El Tesoro de Villena, considerado uno de los mayores conjuntos de orfebrería prehistórica de Europa, está formado por decenas de piezas de oro, plata, hierro y ámbar que durante miles de años permanecieron ocultas bajo tierra. Ahora, buena parte de este legado se encuentra en paradero desconocido tras el robo del Museo de Villena (MUVI), ocurrido durante la madrugada del pasado jueves. Mientras avanza la investigación, las fuerzas de seguridad trabajan para determinar el alcance del expolio y el número de piezas sustraídas: una tarea especialmente relevante teniendo en cuenta el valor histórico de lo desaparecido y la importancia del conjunto al que pertenece. Pues, el Tesoro de Villena, descubierto en 1963, es considerado uno de los hallazgos más destacados de la Prehistoria reciente, además de una referencia fundamental para conocer la Edad del Bronce en la península ibérica.

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Su importancia ha sido reconocida tanto por los investigadores como por las instituciones públicas: de hecho, en 2003 fue declarado Bien de Interés Cultural (BIC) y el conjunto fue definido como un "unicum", término utilizado para referirse a depósitos excepcionales por sus características, composición y peso.

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La misma resolución recoge la valoración del investigador Antonio Mederos, quien sitúa el Tesoro de Villena como el segundo conjunto de vajilla áurea más importante de Europa, únicamente superado por los hallazgos de las tumbas reales de Micenas, en Grecia. Por su parte, el arqueólogo Julio Asunción lo considera "el hallazgo arqueológico más excepcional de la provincia junto con la Dama de Elche" y la máxima expresión de la orfebrería prehistórica española.

Descubierto por casualidad

El hallazgo del Tesoro de Villena comenzó, casi por azar, en octubre de 1963. Durante unas obras en la calle Ferriz, entre las tierras llevadas desde la Rambla del Panadero, apareció un brazalete de oro. A simple vista, nadie pareció reparar en que acababa de salir a la luz una pieza de un tesoro milenario. El capataz de la obra, Ángel Tomás, lo tomó por una pieza mecánica, algo parecido al cojinete del motor de un camión, y lo dejó allí, esperando que su propietario volviese para recuperarlo.

Fue el joyero local Carlos Miguel Esquembre quien se fijó en aquella pieza y sospechó que detrás de su apariencia había algo mucho más antiguo y valioso. Su aviso al director del Museo Arqueológico de Villena, José María Soler, puso en marcha las primeras investigaciones. Las pesquisas llevaron hasta la Rambla del Panadero, al pie de la Sierra del Morrón.

El 1 de diciembre de 1963, el arqueólogo Soler y su equipo siguieron su rastro hasta encontrar una gran vasija de cerámica enterrada en el cauce de la rambla. Dentro se ocultaba un conjunto de objetos de oro, plata, hierro y ámbar. Aquel descubrimiento pasaría a la historia como el Tesoro de Villena, hoy señalado por un monolito que indica el lugar del hallazgo.

Un depósito de casi diez kilos

Más de seis décadas después de su descubrimiento, el Tesoro de Villena sigue siendo uno de los grandes conjuntos de orfebrería prehistórica de Europa. El depósito ronda los diez kilos de peso, en su mayoría de oro, y está formado por 66 piezas, según el recuento tradicional de José María Soler, o 67 si se incluye la vasija de cerámica que las contenía, tal y como hace el Ministerio de Cultura en su documentación oficial.

De las piezas áureas —fabricadas total o parcialmente por oro—, Julio Asunción identifica 53 objetos: 28 brazaletes, 11 cuencos, dos frascos y 13 fragmentos de láminas de revestimiento que podrían haber formado parte de un cetro o de guarniciones de armamento.

El oro no es el único material del tesoro: el depósito incluye tres recipientes de plata y un brazalete de hierro, además de una pieza de ámbar revestida de oro y un remate de hierro con láminas doradas. Materiales poco habituales para la época que contribuyen a explicar la singularidad del hallazgo.

Aunque España conserva otros importantes vestigios de la Edad del Bronce, como el asentamiento de La Bastida, en Murcia, vinculado a la cultura de El Argar, el Tesoro de Villena destaca por la cantidad de oro y la excepcional calidad de las piezas que lo forman.

El debate sobre los robos de patrimonio

Por otro lado, el robo vuelve a poner el foco sobre la seguridad con la que se custodia el patrimonio histórico y arqueológico en España. El caso se suma a otros episodios de gran envergadura registrados en menos de un año, entre ellos, la desaparición de una colección de 200 monedas del Museo Provincial de Albacete, acuñadas durante los siglos XVIII y XIX.

Para algunos expertos, estos robos no son fruto del azar. Se trataría de "robos por encargo", cometidos por bandas que conocen de antemano qué piezas buscan y cuál es su valor. En esta cuestión, el arqueólogo Alfredo Rodríguez, de Drakkar Consultores, se refiere a las principales dificultades a las que se enfrentan las instituciones que custodian este tipo de patrimonio.

Rodríguez entiende la reivindicación de las comunidades locales que defienden que las piezas permanezcan cerca del lugar donde fueron encontradas y dentro de su contexto histórico. Sin embargo, advierte de que esta descentralización también puede aumentar su vulnerabilidad cuando los museos provinciales no cuentan con los medios de seguridad necesarios. Frente a estas carencias, señala las "instalaciones supermodernas" y los estrictos sistemas de seguridad del Museo Arqueológico Nacional de Madrid, donde algunas de estas colecciones estuvieron custodiadas anteriormente.

El arqueólogo también alerta de otro de los grandes riesgos que afrontan las piezas robadas: que acaben fundidas para hacer desaparecer cualquier rastro de su procedencia. Una práctica que, recuerda, ha provocado durante siglos —desde la época medieval hasta las guerras napoleónicas— la pérdida irremediable de piezas de incalculable valor histórico. Aunque, por las características del robo, podría parecer obra de alguien con experiencia, el experto rebaja esa posibilidad: "No creo que un coleccionista quiera fundirlas".

Mientras la Guardia Civil y la Policía Judicial tratan de reconstruir los movimientos de los autores, España afronta la posible pérdida de uno de sus bienes arqueológicos más valiosos. Si el tesoro no es recuperado, desaparecerá una pieza clave para entender la sociedad, la tecnología y las redes de intercambio de la Edad del Bronce en la península ibérica.

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