El mercado acumula semanas tensionado. Las gráficas de cotización del gas y el petróleo no paran de subir mientras la crisis en Ormuz sigue enquistada. Sin previsión de una pronta –y definitiva- solución, el ruego se orienta ahora hacia la necesidad de un invierno llevadero en Europa. El temor a un encarecimiento de la factura de la luz y la energía hace semanas que se ha instalado en hogares, pequeñas empresas e industrias electrointensivas. En todas ellas, cada una en su escala, una caída de las temperaturas significará más calefacción y más consumo de energía. Y este año, el precio se prevé prohibitivo.
Si nada lo remedia, si el conflicto en Irán no lo impide, la tensión de los mercados de gas y petróleo seguirá complicándose a medida que el otoño y el invierno se acerquen. Por ahora, el problema no está en el suministro, sí en el precio. Algunas estimaciones hablan ya de un sobrecoste de al menos un 8% en la luz. Pero solo una primera estimación, condicionada al desarrollo de la crisis en Oriente Medio.
En España, en mayo pasado los futuros de la electricidad para el cuarto trimestre de este año situaban el precio del MWh en 91,2 euros. Ahora, la OMIP -Operador del Mercado Ibérico de Energía- lo eleva a 127,25, es decir, un 40% más en solo tres meses. En el conjunto de Europa la situación es similar. En esos tres meses el precio ha aumentado un 33% en Alemania y un 40% en Italia. La estimación es que de cara a comienzos de 2027 el precio puede moderarse, pero eso es una previsión que podría cambiar en el convulso escenario internacional.
Reservas de gas bajo mínimos en Europa
La situación es similar con el petróleo. El barril brent ha aumentado su cotización en un 20% en el último mes. El 4 de agosto el mercado lo pagaba a 78 dólares, este viernes lo hacía a 95,5 dólares. Sin duda la crisis en el estrecho de Ormuz, el impacto de la guerra de Irán en muchas plantas de Oriente Medio, ha afectado al abastecimiento de algunas potencias gasistas como Qatar y de otros proveedores de crudo. Las dificultades de suministro del país está dejando en una situación mucho más complicada al mercado global.
La difícil situación se está dejando sentir en los niveles de almacenamiento de gas que registran a día de hoy los países europeos y que están muy por debajo de los habituales por estas fechas. En la UE se obliga a los países miembros a ir abasteciendo sus reservas de cara a poder afrontar con garantías el invierno. A tal fin, hasta hace poco se obligaba que el 1 de noviembre se tuviera colmado en un 90% los depósitos de reservas estratégicas. Pero las dificultades de suministro y abastecimiento que comenzaron con la guerra de Ucrania y siguieron con el veto a Rusia y ahora con la crisis de Irán, hizo que hace un año se flexibilizara ese nivel de almacenamiento hasta el 80%, en caso de dificultad, antes del 1 de diciembre.
Por ahora, en Europa el horizonte se está complicando. A 1 de septiembre pasado, el nivel de almacenamiento en el conjunto de la UE apenas alcanzaba el 65,3% de las reservas que los países miembros necesitarán para afrontar el frío invernal. Se trata de un porcentaje significativamente inferior al 77% de la misma fecha del año pasado, el 92% de 2024 y 2023 o el 80% de 2022.
Impacto en la factura y la cesta de la compra
“Con los datos que tenemos hoy, es claro que la factura que pagarán los hogares y la industria por la energía este invierno será mayor”, aseguran fuentes del sector gasista. Recuerdan que si bien el incremento del precio del gas ha hecho que el precio por MWh se haya más que duplicado por la guerra de Irán, al pasar de 32 euros el MWh en febrero a rondar ahora los 72 euros, “eso no necesariamente quiere decir que ese incremento se traslade directamente a las facturas. En ellas se incluyen muchas otras variables, como el tipo de tarifa, las coberturas, el tipo de contratos con el que operan las compañías…”.
El pasado 1 de julio la Comisión Europea concluyó que por ahora no existe una preocupación significativa por posibles problemas de suministro de cara al invierno. El Grupo de Coordinación del Gas estima que un nivel de almacenamiento del 80% en el conjunto de la UE será suficiente para afrontar con garantías el invierno.
El gas es sin duda un pilar esencial para alimentar la economía europea. Se calcula que una cuarta parte de la energía consumida en la Unión se basa en el gas natural. En España el año pasado el 20% de la energía generada procedía del gas. En el caso de España, desde el apagón de abril de 2025 los ciclos combinados han adquirido un mayor peso en el ‘mix’ de energías necesarias para abastecer a industrias y hogares. Un gas más caro supone una electricidad más costosa y con ella una producción industrial cuyo coste de producción también se verá incrementado este invierno. Una secuencia que terminará con combustibles más caros, energía más costosa y, en definitiva, productos a mayor precio.
Competencia por el mercado de GNL
Pero el temor es que el problema en Ormuz se alargue y se llegue al invierno sin una solución definitiva en la zona. Incluso en ese caso recomponer el impacto que en el sector energético ha tenido este conflicto, costará: “La tensión se percibe en el mercado. Algunas compañías han visto cómo sus suministradores de Qatar han tenido que declarar fuerza mayor y aplazar las entregas de gas. Eso amplía la batalla por competir por los buques de GNL y es ahí donde se incrementa el precio”, señalan fuentes del sector.
“Hay analistas que ya apuntan a que no se llegará al objetivo de almacenamiento. La situación parece ir a peor. El problema no será tanto de abastecimiento como de precio”, señala Antonio García Amate, profesor de Finanzas y experto en energía de la Universidad de Comillas. Asegura que la situación puede ser especialmente delicada para algunas economías europeas como la alemana o la de los países del este. En enero la UE prohibirá la compra de gas a Rusia y el suministro pasará a depender de otros mercados: “Ahora países como Alemania tienen niveles de almacenamiento muy bajos, de en torno al 46%, este invierno va a sufrir mucho su economía”, augura García Amate. Países como Suecia también se encuentran con niveles de almacenamiento inusualmente bajos, no así Portugal, con un 84% o Italia, con un 74% gracias a sus estructuras de regasificación.
España, en mejores condiciones
Apunta a que España se encuentra en una situación más favorable al contar con seis plantas regasificadoras y mayor capacidad de abastecimiento por mar y a través del gasoducto con Argelia: “Eso no ocurre en los países de Centroeuropa y eso les incrementa los costes”. García Amate añade que tras cortar relaciones energéticas con Rusia “en Europa empezamos a depender de otras fuentes y fundamentalmente de Gas Natural Licuado que llega por vía marítima, fundamentalmente de EEUU y, ahora en menor medida, de Qatar: “Y Qatar Energy, la compañía estatal qatarí, ya ha dicho que tiene problemas de fuerza mayor por daños en sus refinerías y eso está afectando al abastecimiento. Ya ha anunciado que suspenderá entregas a Europa y Asia hasta finales de septiembre o comienzos de octubre”.
Para el profesor García Amate, “en realidad lo que hicimos fue, de algún modo, cambiar la dependencia de Rusia por la dependencia de países y rutas que están sujetas a conflictos geopolíticos graves”. A ello añade otro elemento que está tensionando el mercado internacional, como es el impacto que la guerra de Irán también tiene en el mercado asiático que le ha llevado a competir por los buques de GNL: “Están acaparando cargamentos procedentes de Estados Unidos que de otro modo podrían estar entrando en puertos europeos”.
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