Se reabren las tensiones entre el gobierno heleno y turco. En una declaración del ministro de Asuntos Exteriores griego, George Gerapetritis, ha remarcado que, aunque Atenas mantiene su apuesta por el diálogo bilateral para evitar incidentes armados, cualquiera que espere concesiones de soberanía territorial por parte del Ejecutivo heleno se equivoca rotundamente. No solo eso, esta advertencia coincide con el 104° aniversario de la captura de Esmirna por las tropas de la joven república turca en 1922, un suceso que traumatizó a la población griega y que aún hoy condiciona las relaciones entre ambos.
El incendio de Esmirna en 1922
Tal y como explica el ministro heleno: "Hablar con tu vecino, especialmente con aquel con quien tienes diferencias históricas. es necesario". Por ello, para comprender una de estas principales "diferencias" entre ambos países, hay que mirar hacia el desenlace de la guerra greco-turca (1919-1922). Tras el colapso del Imperio Otomano en la Primera Guerra Mundial, las tropas griegas ocuparon Esmirna (en la costa egea de la península anatolia) bajo el amparo de las potencias aliadas. Sin embargo, la contraofensiva del movimiento nacionalista turco liderado por Mustafa Kemal (Atatürk) derrotó al ejército griego y recapturó la ciudad. Fue 9 de septiembre, y Esmirna era una urbe próspera y cosmopolita que contaba con una nutrida población de origen griego y armenio.

Tras esto, del 13 al 22 de septiembre, se declaró un incendio en el barrio armenio, que se propagó rápidamente por los sectores cristiano y griego de la ciudad. Mientras las fuentes turcas argumentaron que el fuego fue provocado por las fuerzas griegas en retirada o por un sabotaje armenio, testimonios e historiadores occidentales atribuyeron la destrucción sistemática a las tropas turcas para borrar la presencia cristiana en la ciudad.

La destrucción del centro urbano acorraló a entre 150.000 y 200.000 civiles helenos y armenios en el muelle de la ciudad (el distrito Kordon). Durante días, miles de personas murieron víctimas del fuego, ahogadas al intentar alcanzar buques extranjeros o a manos de tropas y milicias turcas.

Este hecho se conoce en Grecia como "la Catástrofe de Asia Menor". Tras días de sufrimiento, cientos de buques de rescate pudieron evacuar a más de 200.000 supervivientes hacia Grecia. Finalmente la paz se firmó con el Tratado de Lausana (1923) y el intercambio forzoso de poblaciones: cerca de 1,5 millones de griegos abandonaron Anatolia y unos 400.000 musulmanes salieron de Grecia, acabando con más de tres milenios de presencia helénica en Asia Menor. Actualmente, la ciudad celebra este evento como la "Liberación de Esmirna" (İzmir'in Kurtuluşu).

Firmeza sin renunciar a la diplomacia
Partiendo de ese trasfondo histórico, la postura transmitida por el Gobierno del primer ministro Kyriakos Mitsotakis busca transmitir seguridad y disuasión. Gerapetritis sostuvo que el incremento del peso internacional y del equipamiento militar heleno ha generado inquietud en la política turca. "Quien grita no es siempre el más fuerte; a menudo es el débil", afirmó el canciller, restando valor a la retórica de Ankara y descartando un riesgo inminente de choque militar gracias a los canales directos de comunicación.
Atenas ha reiterado que la extensión de sus aguas territoriales a 12 millas náuticas constituye un derecho inalienable consagrado por la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (UNCLOS). Aunque Grecia no ha fijado un calendario público para ejecutar dicha medida en el Egeo, mantiene que ejercerá sus derechos soberanos en la forma y momento que estime oportunos.
Kastelórizo y las alianzas internacionales
Además, como gesto de reafirmación territorial, el primer ministro Mitsotakis ha programado una visita oficial a los islotes fronterizos de Kastelórizo, Ro y Strongyli, en el extremo del mediterráneo. Situados a apenas un par de kilómetros de la costa turca, estos islotes son el epicentro de la disputa sobre la Zona Económica Exclusiva (ZEE) que reclama Atenas en el Mediterráneo Oriental.

A diferencia del aislamiento diplomático que sufrió Grecia durante la crisis de 1922, el Gobierno actual contrapone una red de alianzas consolidadas. Gerapetritis destacó de forma explícita la profunda cooperación defensiva desarrollada con Israel y otros actores regionales, recordando que Atenas no condicionará su política exterior a las objeciones de terceros países.
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