La Casa Real ha confirmado este jueves que Felipe VI y Letizia irán juntos a Ceuta, cumpliendo los deseos expresados por el monarca desde el verano. El mismo día, el Congreso ha aprobado la ley de nacionalidad saharaui, una reparación histórica hacia el pueblo que España abandonó hace cincuenta años. Y hace una semana El Independiente avanzó que el presidente argelino, Abdelmadjid Tebboune, visitará nuestro país en octubre. Una a una, España ha ido pulsando todas las teclas más sensibles en su relación con Marruecos.
El ministro marroquí de Asuntos Exteriores, Nasser Bourita, ha emitido este jueves un contundente comunicado en el que ha amenazado con "tensiones recurrentes" si continúa la "ceguera recurrente" en nuestro país hacia las relaciones con Marruecos. Lo ha hecho en respuesta a las acusaciones vertidas desde un importante sector político contra el papel de Rabat en la crisis de Ceuta.
Pero, pese a los reproches de Bourita, las provocaciones por parte de Marruecos tampoco han dejado de sucederse desde la llegada de decenas de miles de inmigrantes irregulares a Ceuta el pasado 30 de julio. Ya desde el comienzo de la crisis, la pasividad que mostraron las fuerzas y cuerpos de seguridad alauís ante el flujo masivo que penetraba territorio español fue vista por muchos como una muestra de la mano negra de Rabat. Así lo refleja el informe elaborado por el Centro Nacional de Inmigración y Fronteras (CENIF) de la Policía Nacional.
A la espera de que concluya la investigación de la Audiencia Nacional sobre los responsables de la crisis, sí se pueden tener en cuenta otro tipo de desafíos desde Marruecos. Algunos ministros marroquíes han puesto en duda en repetidas ocasiones la soberanía española sobre Ceuta y Melilla. Es en este aspecto en el que el Gobierno de Pedro Sánchez se ha mostrado más contundente. La españolidad de las dos ciudades autónomas ha sido reafirmada reiteradamente por los miembros del Ejecutivo.
Pero las palabras no suelen amedrentar -o enfadar- a Rabat. Son las acciones las que ponen en marcha la maquinaria del Majzén (el círculo íntimo de Mohamed VI que gobierna el país en la sombra). Y en menos de una semana se han sucedido tres iniciativas desde Madrid que podrían no caer bien en el seno del poder marroquí. "Creo que serán motivo de tensiones entre Madrid y el Palacio", aventura Fouad Abdelmoumni, opositor marroquí en el exilio.
El rey da un paso al frente
Vestido con uniforme militar, Felipe VI mantuvo el martes una reunión con Margarita Robles y altos mandos militares para "examinar la situación en Ceuta desde el punto de vista de la defensa". Toda una declaración de intenciones, a la que le ha seguido el anuncio de la Casa Real sobre la visita de los reyes a la ciudad autónoma.
En un pasado, la relación entre Hasán II y y Juan Carlos I favorecía que, en momentos de tensión, los monarcas pudiesen jugar "un papel moderador", recuerda en conversación con El Independiente Carlos Echeverría, presidente del Instituto de Seguridad y Cultura (ISC). "Yo creo que Mohamed VI no es un perfil susceptible de jugar ese papel", apostilla.
Pese a la buena química que había entre sus padres, los actuales monarcas no congenian. Sus personalidades al frente de sus respectivas coronas son muy diferentes: "Felipe VI tiene un perfil de un rey democrático. Mohamed VI está imbuido desde hace años de una autoconfianza y de una ambición desmedida y yo creo que ahí no hay opción de que, hablando entre ellos, pueden ser elemento de moderación", reflexiona quien es también director del Observatorio de Ceuta y Melilla del ISC.
Cabe recordar que ésta sería la primera ocasión en la cual Felipe VI visitase Ceuta. La última visita de un monarca a la ciudad española se produjo hace casi dos décadas, cuando su padre puso pie en suelo ceutí en un viaje que desencadenó un conflicto diplomático con Rabat.
Aun así, Echeverría cree que la visita debe producirse "lo antes posible" y debe desarrollarse con "total normalidad", puesto que al rey viajará a territorio español, al igual que si lo hiciese a Vigo o a Teruel. "La visita de los reyes a cualquier lugar de España es un tema de política interior", sentencia. Sin embargo, advierte que el "telón de fondo" del asunto son las "malas relaciones" con Marruecos, definida por las "exigencias y ejercicios de coacción" por parte de nuestros vecinos, por mucho que José Manuel Albares asegure que las relaciones son buenas.
Las relaciones Madrid-Argel
Junto a Pedro Sánchez, el rey también ha sido partícipe de otro de los principales motivos de enfado en el país vecino. En octubre, el presidente argelino aterrizará en Madrid para participar en una Reunión de Alto Nivel entre nuestros países, invitado por el jefe del Estado y el presidente del Gobierno españoles. Y, como su principal enemigo en la región, cada vez que España y Argelia acercan posiciones, en Rabat se encienden las alarmas.
De hecho, en un informe publicado el mismo día que comenzó la crisis en Ceuta, el Centro de Inteligencia de las Fuerzas Armadas (CIFAS) vinculó el asalto con la visita de Sánchez a Argelia tan solo diez días antes. "No se puede descartar que exista un cierto nivel de descontento en el Majzén relacionado con visita", subraya el documento.
España camina sobre la cuerda floja para no salir perjudicada de la inestable geometría en el Magreb. Aunque muchas veces es imposible. Cuando Pedro Sánchez anunció el giro copernicano de su Gobierno respecto al conflicto del Sáhara Occidental para apaciguar a Marruecos, desencadenó una crisis diplomática con Argel que no había terminado de superarse hasta este año. Ahora, las tornas podrían cambiarse si el acercamiento con los argelinos es percibido como una amenaza a los intereses de Rabat.
Abdelmoumni no ve descabellado que las autoridades alauís intenten que España "dé su brazo a torcer" en lo que respecta a las acciones que ven hostiles hacia Rabat. Y recuerda la experiencia de la crisis diplomática entre Francia y Marruecos en 2014, cuando los dirigentes marroquíes suspendieron "toda la cooperación judicial" y "en materia de inteligencia". De hecho, apunta a que los franceses barajan la posibilidad de que el atentado contra Charlie Hebdo se produjese "porque los marroquíes retuvieron información al respecto".
"Estas fueron algunas de las acciones que se organizaron hace doce años hacia un país lejano. Por lo tanto, para un país con el que tenemos vínculos territoriales, creo que sería aún peor", vaticina el opositor, que vive exiliado en Suiza por la persecución de la que ha sido víctima en su país.
La respuesta de Marruecos
El enfado alauí podría ir a más a raíz de la aprobación de la ley de nacionalidad saharaui, que permite a todas aquellas personas nacidas en el Sáhara Occidental durante la época de la administración española solicitar la ciudadanía. Para Marruecos, las habitantes del Sáhara son súbditos marroquíes, por lo que no verá con buenos ojos que España los reclame como 'suyos' de esta manera.
Los desafíos de un lado al otro del Estrecho, que han provocado un sentimiento de desconfianza en ambos países hacia la población del otro, hacen que Abdelmoumni no vea "ninguna razón para la esperanza de cara a los próximos días y semanas".
Aun así, y aunque admite que "nunca hay certeza con un régimen personal en el que el capricho del rey puede decidir cualquier cosa", no cree que Marruecos vaya a llevar a cabo acciones "directas", como un "ataque humano" sobre Ceuta y Melilla. "Hoy en día la movilización en España y en Europa es muy fuerte sobre este asunto, y en Marruecos la gente no entiende que utilices a tu población como arma", explica.
Para Echeverría, la solución es clara: España no debería dar explicaciones sobre su política interna -como es la visita del rey a Ceuta o la aprobación de la ley saharaui- o sus relaciones con terceros países -Argelia- a Marruecos. "Estamos dando demasiadas explicaciones para actos que deberían de realizarse con toda normalidad", asegura. Así, España, como "Estado serio" que es, debe tener una relación "sana" con Rabat, en el sentido de ser respetados y no estar supeditados a los intereses de nuestro vecino, sentencia.
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