El suicidio, ya sea en su ideación o consumación, expone una realidad poliédrica tapizada de mitos, tabúes y, en muchas ocasiones, del malhadado manto de lo irreversible. En España se registran casi 4.000 muertes de esta naturaleza al año, según datos oficiales. 11 al día. La crudeza, tras escuchar a voces afectadas y expertas, no comparte denominador común. Cada historia es única. Y merece empatía. Y eludir estigmas. Y un silencio capaz de acompañar sin juzgar.
Eso reclama Adela Montaño (55), representante de la Red Estatal de Mujeres de Salud Mental España. Convive desde los 13 años con el pensamiento de acabar con su existencia. Ella resiste. “Cada mañana, por un grupo de WhatsApp damos fe de vida. ¿Hemos amanecido? Pues vamos a respirar”, relata para El Independiente. En esas necesidades también coincide “plenamente” Iratxe Etxenike, psicóloga especializada en la cuestión y cuyo aita murió por suicidio.
Septiembre amarillo es el mes para la prevención. Conversar con ellas es adentrarse en la convicción de que no resulta viable ponderar un dolor sobre otro. Conversar con ellas es comprender el suicidio desde la orilla de quien no puede más y desde la orilla de quien elaboró un duelo, acaso, “sin muchas respuestas”. “¿Qué muela duele más?”, cuestiona retóricamente Montaño. “Es una pregunta muy buena”, responde la psicóloga. Estas son sus historias. Sus historias de Vida.
En Los Santos de Maimona, pequeño pueblo de Badajoz, ladran con brío los perros con que Adela comparte casa. “Es la hora bruja”, susurra con cierto halo de misterio. Es una tarde ciertamente veraniega y hace ya unas horas que avisó a su grupo de que aquí sigue. “Llevo con TCA (Trastorno de la Conducta Alimentaria) desde que me conozco. Es una autolisis lenta, diaria y continuada si se te cronifica”. Además, convive con fibromialgia y atonía muscular. Trabajó durante casi tres décadas en una residencia de mayores. Actualmente, está jubilada por incapacidad.
Se nos puede notar muy efusivos. Es un sufrimiento que no se ve
“La persona no quiere irse. Es la enfermedad. No eres dueña de tu vida. En mi caso la ideación recurrente es por el TCA. Sin embargo, no todas las personas que intentan terminar con su vida tienen un trastorno mental grave. Yo creo que luchamos mucho y que la conducta suicida es el límite. Siempre ha sido tabú y sigue estigmatizado”.
Es la carta de presentación de Adela, con una voz muy enérgica, si bien lanza un aviso sobre eso. “Se nos puede notar muy efusivos. Hay personas que se han suicidado y la noche anterior cenaron con sus amigos. Es un sufrimiento que no se ve”.
"Cada historia de sufrimiento es única"
A colación de esto último, Etxenike subraya que “cada historia de sufrimiento es única. En algunos casos, el sufrimiento ha sido más visible, intentos previos, verbalizaciones explícitas o no tanto…Y en otros no, aunque luego si rascas hay algunos detalles”.
Pero, ¿qué ha supuesto el TCA en la vida de Adela para convivir diariamente con esta ideación? “Calculo todo lo que como. Me alimento de líquidos y cremas. No recuerdo cuándo fue la última vez que comí algo sólido. Sé que es un atentado continuo contra mi vida…El agotamiento con un trastorno mental 24 horas y los siete días es horrendo”.
Y eso le ha provocado, en múltiples oportunidades, “asomarse al quicio”. Afortunadamente, Adela ha encontrado en esos momentos “algo a lo que agarrarme”. Para ello, la terapia ha sido fundamental, toda vez que continúa asistiendo al centro de rehabilitación psicosocial. “Me ha servido muchísimo”, sentencia al punto, a la par que agrega que “la atención psicológica me ha proporcionado el autoconocimiento y gracias a ella estoy viva. Me ha enseñado a respetarme y a usar la ironía para combatir la enfermedad. Me han dado más herramientas que la caja de un fontanero”.
Ayuda que recibe pero también ayuda que da. “Mi motivación por la vida hoy es el activismo. He conocido a gente fantástica e incomprendida, como yo. La labor del movimiento asociativo es enorme. A tope animando a personas en situaciones similares”.
Que hay cosas bonitas. Siempre encontraremos algo en el camino. Y que si nos hemos despertado hoy, pues vamos a vivirlo de la mejor manera
Entonces, ¿qué le diría esta extremeña a un tercero que no vea salida? “Te escucho. Aquí estoy. Nos acompañaríamos en silencio. Sin pedir explicaciones. Que hay cosas bonitas. Siempre encontraremos algo en el camino. Y que si nos hemos despertado hoy, pues vamos a vivirlo de la mejor manera. Hay reparación, pues nuestras cicatrices están cosidas con oro (famoso Kintsugi japonés) porque las cuidamos en el alma”.
¿Y a la sociedad? “Que el sufrimiento crónico existe y que necesitamos validación y silencio, que forma parte del respeto. Cada uno vive en su mente y lo que para uno no es importante para la otra persona puede ser vital. Mostrar respeto a la persona con trastorno mental como lo haríamos con alguien con diabetes”, contesta entre suspiros y lanza esta pista: “hay casos en que si la intervención y la escucha hubiesen sido antes… Generalmente siempre se pide ayuda”.
Por último, hablando de los casos consumados, nos pone frente al espejo de Alicia, es decir, ante la necesidad de cuestionar la realidad desde otra perspectiva y, en consecuencia, tratar de asimilarla. “Entiendo el dolor de familiares, pero a veces pensamos: ¿voy a estar aquí para que mi familia no sufra y sí sufra yo?”
Nuestra siguiente protagonista, Iratxe Etxenike, opina que en esta reflexión Adela “identifica el respeto. En el sentido de no juzgar y no estigmatizar, totalmente de acuerdo. Y luego está la otra parte, el respeto de aceptar…”. Montaño promete que mañana volverá a enviar su mensaje al grupo y añade que “lo acompañaré de un dibujito”.
Iratxe Etxenike vive en Guipúzcoa. Su cadencia pausada pero cálida al hablar transporta a un terreno seguro. Cuando estudiaba el penúltimo año de Psicología, su padre murió por suicidio. Actualmente, trabaja en Agifes y en la asociación Biziraun con personas en duelo por suicidio. “Entré buscando ayuda y ahora estoy al otro lado de la mesa. Nos une el suicidio pero cada testimonio es absolutamente diferente. Nos une el desenlace”, remarca.
La suya es una voz que conoce la trastienda de un fallecimiento tan singular. “Me cuesta acotarlo. Prefiero hacerlo a través de una metáfora. Es como una sensación de que te has adentrado en el mar y no saber dónde estás. Estar perdida en una realidad devastadora y la inercia es intentar sobrevivir”, explica.

Mil historias distintas y mil fuentes de sufrimiento distintas; cada una es única e intransferible
Para ella no cabe duda de que la muerte por suicidio es dispar a las demás. “Aquí es la persona la que se quita su propia vida. Mil historias distintas y mil fuentes de sufrimiento distintas; cada una es única e intransferible”. Y lo añadido son todas esas preguntas sin contestación. “En el intento de buscar respuestas te das con la misma pared. Algunas de ellas en según qué casos se pueden hallar a través de una carta pero hay otras miles que se quedan en el tintero y sobrellevar eso cuesta. El hecho de no entender qué ha sucedido es un rompecabezas y aceptar con el paso del tiempo que no sabrás qué pasó”.
Etxenique confiesa que mientras estudiaba ella “no sabía nada de este tema, sólo aspectos puntuales. Si el aita no hubiese muerto por suicidio yo no habría conocido bien sobre esta realidad. Sabía lo que saben los demás: poco, con miedo y con mitos. Yo no elegí especializarme ahí, sino que el suicidio me eligió a mí”. Revelador.
Duelo por suicidio
¿Existe una suerte de pócima para superar el duelo por suicidio? “Hay que normalizar el duelo. Per se no es una patología. La culpa de digerir y elaborar es una emoción que resulta complicada. No es una cajita que trae un repartidor. Para mí, es llegar a ser conscientes de que la persona ha hecho este acto y no va a volver”, advierte la psicóloga.
¿Y cómo escapar de la daga de la duda perenne? “Yo, como persona que transito esta pérdida, no he de encerrarme en el bucle de revisar la película de las últimas semanas o meses. Pero eso cuesta. Ese ejercicio para quienes nos quedamos en tierra nos lleva mucho tiempo. No hay que poner corsés”.
¿Cómo tratar a la persona con ideación suicida?
Adela ya dejaba claro que la terapia psicológica se antoja vital. Iratxe profundiza desde la óptica profesional en una clave significativa que ilustra a su estilo. Con una excelente metáfora. “Tristemente, muchas veces, intentamos sacar a esa persona del túnel. La persona no ve otra salida porque ha quemado muchos cartuchos. Yo como individuo no te voy a sacar de ese túnel por la fuerza, sino que me meto y lo transito contigo. Te acompaño. Si se hace de manera solitaria, el desenlace tiene peor pronóstico”.
Por ahí, abunda que “no debemos juzgar la vivencia que está experimentando. Ni su dolor. Ni darle soluciones rápidas. A quien tiene dificultades para levantarse de la cama no le digamos que se ponga música y salga; aunque lo hagamos de buena fe no es la manera y demuestra nuestra propia vulnerabilidad de no saber cómo acompañar. Acompañar es estar al lado de su dolor. Ya está”.
Y en esa compañía el silencio puede ser protagonista. Adela lo pedía. Iratxe se muestra “totalmente de acuerdo” con esta necesidad. “Muchas veces pensamos que tenemos que decirle algo para que cambie de opinión. Y para nada. Mi objetivo puede ser aceptar esa evidencia y empatizar con la sensación de estar con pocas ganas de vivir”.
Esta experta vasca concluye con una tesis en favor de la empatía. “El ‘tienes que cambiar’ ya no sirve. Y quien medita esto no pasa por un pensamiento fácil. Es la decisión más trascendental. Y estar con esta dicotomía ha de ser muy complejo. Y tener una persona al lado que acepte que estés con este debate y sin meter presión ya es de agradecer”.
El río de aguas oscuras es esta herida no manante pero dolorosa igualmente. Las dos orillas son tan ciertas como el dolor que las atraviesa. Una busca seguir respirando. La otra, convivir con el hueco. La Vida.
La Línea 024 es el teléfono que promueve Sanidad para la atención a la conducta suicida. Disponible las 24 horas y los siete días de la semana.
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