Seis días después del desahucio, Maricarmen Abascal ha conseguido un acuerdo con la propietaria de su piso, Urbagestión, tras la mediación del Ayuntamiento de Madrid: seguirá pagando 500 euros por el alquiler de una casa en una de las zonas más caras de la ciudad. Hasta hace poco, Urbagestión era definida por los miembros del Gobierno y por el Sindicato de Inquilinas como un "fondo buitre". Sin embargo, la ministra de Vivienda, Isabel Rodríguez, la calificó tras el Consejo de Ministros como una "pyme buitre" ("carroñera", añadió). El tamaño, por lo visto, no importa tanto como que sea "buitre".
Ni siquiera el pacto que ha permitido a Maricarmen volver a la casa donde ha vivido con un contrato de alquiler franquista durante 70 años le ha servido a Urbagestión para quitarse el sambenito de "buitre". Los dueños de la empresa (Ricardo Alonso y Fernando Alonso) morirán siendo unos buitres.
Pero Maricarmen no sólo ha conseguido volver a su hogar, sino que ha forzado un acuerdo de los socios de gobierno para aprobar dos decretos que tienen como fin paliar el problema de la vivienda. En una semana, esta jubilada de 87 años ha logrado algo que antes del 24 de septiembre parecía imposible. Maricarmen merece una estatua junto al Ministerio de la Vivienda.
El Gobierno ha visto en Maricarmen una oportunidad para cambiar la agenda política y que se hable menos de sus corruptelas y de Ceuta y más de temas sociales con los que sacarle los colores a la derecha. La bandera de Maricarmen tiene mucho peso. Los primeros que quisieron apropiársela fueron los líderes Podemos y los de Sumar. No en vano, la desahuciada tiene detrás al Sindicato de Inquilinas, muy cercano a Pablo Bustinduy, un ministro que no tiene precisamente problemas de vivienda.
Primero hubo una manifestación el día del desahucio (aunque todavía había pocos); luego, frente al llamado 'ático de Ayuso' (allí eran más), y, por último, el domingo decenas de miles se manifestaron en el centro de Madrid y luego unos cuantos terminaron acampando en la Puerta del Sol. Ya sabemos todo lo que representa poner tiendas de campaña en Sol: la nostalgia del 15-M hizo rejuvenecer a aquellos que hoy tiene un sueldo más que decente y chalé en la sierra.
Sánchez vio que ahí había una oportunidad de oro para zafarse del acoso mediático que le dibuja como un corrupto y un gobernante incapaz de controlar nuestra frontera con Marruecos. Y se lanzó en plancha. El domingo prometió que haría todo lo posible para evitar casos como el de Maricarmen en un mitin; mientras, en otro acto público, su vicepresidenta, Yolanda Díaz, flanqueada por los líderes de UGT (Pepe Álvarez) y de CCOO (Unai Sordo), llamaba a la "movilización contra el Gobierno".
Es difícil de entender cómo un Gobierno que lleva ocho años en el poder pueda eludir la responsabilidad del problema de la vivienda. Pero ahí está la magia del relato, construido sobre conceptos tan etéreos como "buitres" o "rentistas". "Acabemos con los rentistas", reza unas de las pancartas que se exhiben en la Puerta del Sol. Como si los que tienen pisos en alquiler estuvieran al margen de la ley o fueran miembros de la mafia.
Las medidas aprobadas por el Gobierno no animarán a ningún propietario a poner su segunda vivienda en alquiler
A la música había que ponerle letra. Eso siempre es difícil. Sumar amenazó con no acudir al Consejo de Ministros si Sánchez no se comprometía a aprobar un "decreto Maricarmen". El presidente asumió el reto. Tenía que casar intereses contrapuestos (los de partidos de derechas como PNV o Junts, con los de izquierdas que conforman Sumar), pero eso no amedrentó a nuestro presidente. La solución fue salomónica: un decreto para que pase el corte de la derecha en el Congreso; y otro, de postureo, para satisfacer a la izquierda, aunque no sirva para nada. Esto ya lo hemos visto. No es nuevo. Lo increíble es que Sumar trague con ello. Y además, presuman, como hicieron los cinco ministros de este conglomerado, que posaron juntos tras el Consejo de Ministros para apuntarse el tanto como propio.
La letra del decreto A -el que puede contar con el apoyo de los nacionalistas de derechas- no aporta grandes novedades:
1ª Se prorrogan de forma obligatoria durante dos años los contratos de alquiler en vigor y que venzan antes de finales de 2028.
2ª No se pondrán muchas trabas a los desahucios hasta 2030.
3ª Se prohibirá la compra de viviendas a los "fondos buitre" (seguimos sin saber cuáles son).
4ª Se regulan los alquileres temporales, a los que se impone un IVA del 10%.
5ª Se pondrá en marcha una línea de crédito del ICO al 0% de interés para compra de vivienda hasta 50.000 euros.
6ª Habrá bonificaciones para inquilinos y caseros 'que no sean especuladores'.
Del segundo decreto (el fake) sólo sabemos que contempla la prorroga indefinida de los alquileres. Es decir, la vuelta al franquismo. A eso es a lo que los acampados en Sol llaman el "decreto Maricarmen".
¿Solucionarán estas medidas el agobio que sufren cientos de miles de jóvenes y no tan jóvenes por la falta de vivienda? Esa debería ser la cuestión. Y la respuesta no puede ser más rotunda y frustrante: NO.
El problema de la vivienda tiene que ver con la falta de oferta. Hay un déficit de viviendas en estos momentos que algunos expertos sitúan en 700.000. Explicaba ayer García Castellón en un didáctico artículo en El Independiente por qué el problema de la vivienda en endémico. Entre otras cosas, porque tramitar suelo urbanizable puede llevar entre diez y doce años. Eso, además de las diferentes legislaciones según cada Comunidad Autónoma o los ingresos que representa para los ayuntamientos tener suelo urbano a precio elevado.
Solucionar la vivienda no es cosa que pueda arreglarse en un par de días, como pretende el Gobierno. Habría que poner a las tres administraciones (gobierno, comunidades y ayuntamientos) de acuerdo, para lo que sería necesario que el PSOE y el PP (que gobierna la mayoría de las autonomías y los ayuntamientos más importantes) se sentaran y pusieran en común sus ideas. Si es que las tienen.
Pero eso le quitaría a la vivienda el sexapil ideológico. Dejaría de ser un arma contra el contrario. Eso ahora no tiene cabida en España.
Dicen los expertos que ahora hay en nuestro país un millón de viviendas vacías. No sé qué credibilidad tendrá ese dato. Pero si lo damos por bueno, sería suficiente con que 7 de cada 10 decidieran alquilar para que hubiera oferta suficiente y los precios se desplomaran.
Ahora bien, imagínese que usted es uno de los afortunados que tiene dos o más viviendas. Conociendo las medidas que acaba de aprobar el Gobierno, ¿se atrevería usted a ponerlas en alquiler? Me temo que no.
No sé si los dos decretos calmarán a los acampados en Sol. De lo que estoy seguro es de que no van a animar a nadie a poner su segunda vivienda en alquiler.
Por el momento, la única que ha salido ganado es Maricarmen. ¡Olé por ella!
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