Inteligencia Artificial

Nourdine Bihmane, CEO de Konecta: "El problema con la IA no es la velocidad, sino la falta de rumbo"

Illustration Andrzej Olas/Svensk
Illustration Andrzej Olas/Svensk

En el marco de la próxima celebración del Congreso Internacional de Inteligencia Artificial Alicante 2026: "El futuro inteligente de las infraestructuras", organizado por El Independiente, el impacto real de la tecnología sobre las empresas cobra un protagonismo crucial en el futuro inmediato. En un momento donde se debate sobre la velocidad del desarrollo de la IA y la falta de capacidad en las infraestructuras globales para alcanzar este progreso, la pregunta de fondo sigue siendo hacia dónde nos dirigimos. Con motivo de este encuentro de referencia, analizamos las claves del modelo híbrido con Nourdine Bihmane, CEO de Konecta y autor del libro Permanecer humano. La empresa a prueba de la IA.

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Pregunta: Estamos en un momento de creciente desconfianza hacia la inteligencia artificial. ¿Siente que hay un descontrol en los avances de la IA?

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Respuesta: Creo que se está jugando con las emociones para manipular el discurso. Si volvemos a lo fundamental, lo que hoy llamamos inteligencia artificial es una herramienta estadística que ofrece respuestas muy cercanas a las de un ser humano. Hablar de "descontrol" genera un contexto ficticio. En mi opinión, meter miedo sobre ese supuesto descontrol favorece a ciertos actores (como grandes corporaciones estadounidenses) para intentar imponer sus propios modelos sin competencia externa y sentar las bases de un monopolio.

La IA, como cualquier herramienta, requiere un perímetro y un marco regulatorio claro. Si delimitas técnicamente su alcance, no hay descontrol. Y es que el problema de fondo no es que la máquina vaya a tomar el control, sino que no se está construyendo la infraestructura necesaria a la velocidad que exige el mercado. Faltan centros de datos y capacidad energética global para sostener las proyecciones financieras de empresas como OpenAI o Anthropic. El discurso del pánico es, hoy por hoy, más una narrativa interesada que un hecho.

P: En su libro, analiza la llegada de esta tecnología al ámbito corporativo. ¿Qué aportación está haciendo al sector empresarial?

R: Nos ayuda fundamentalmente a automatizar las tareas repetitivas. Hablo de todos esos procesos donde las personas gastaban muchísima energía sin aportar valor real, como pasar seis horas al día consolidando hojas de Excel o respondiendo a preguntas básicas. Esto nos permite reorientar el talento humano hacia donde verdaderamente genera un impacto: la creatividad, el juicio crítico y la resolución de problemas complejos.

P: ¿Existe el riesgo de que esta búsqueda de eficiencia termine saturando a los empleados o frenando la innovación?

R: Absolutamente, y hay que ser muy prudentes. Es verdad que ganamos en productividad, pero la pregunta clave es: ¿qué hacemos con ese tiempo libre ganado?

Si la organización no actúa con criterio, la tendencia natural es exigir el triple o el cuádruple de trabajo. El problema es que el profesional sigue teniendo que revisar y auditar cada resultado, lo que termina generando una sobrecarga mental enorme. Si actuamos bien como organización y establecemos pautas claras sobre cómo aprovechar ese tiempo liberado, el impacto será muy beneficioso. Si solo buscamos exprimir la productividad, ahogaremos al equipo.

P: ¿En qué procesos organizativos mantendría la presencia humana como algo indispensable?

R: Apuesto por una política estricta de Human-in-the-Loop (humano al mando). Toda interacción que requiera empatía, contexto emocional o creatividad debe seguir siendo humana.

Tomemos como ejemplo la Selección de Personal. Técnicamente, hoy existe la tecnología para automatizar el proceso de principio a fin: una IA lee miles de currículums en LinkedIn, realiza una videollamada de cribado con voz sintética, selecciona al candidato y emite el contrato para firma digital. Sin embargo, no debemos permitir que un algoritmo tome la decisión final sin contacto humano. La evaluación de la cultura de empresa, la actitud o la conexión personal (vibe) no la puede medir una máquina.

Lo mismo aplica en la gestión financiera o directiva. Si un empleado no alcanza sus objetivos durante doce meses, un algoritmo recomendaría su despido inmediato. Un manager humano, en cambio, sabe si esa persona está pasando por un momento personal difícil y conoce su trayectoria previa. Entonces, decidirá darle apoyo y margen para que recupere su nivel. La máquina maneja datos; el humano aporta experiencia, perspectiva e historias personales.

P: Respecto al tablero geopolítico global, ¿es realista hablar de soberanía tecnológica en Europa frente al dominio de Estados Unidos y China?

R: La diferencia en inversión es gigante: Estados Unidos invierte significativamente más que Europa, y China subsidia fuertemente a sus empresas para competir con precios e infraestructura imbatibles.

Más que hablar de un modelo gigante a escala europea, creo que la soberanía se debe construir a nivel nacional o local. España, por ejemplo, es el país europeo con mayor capacidad en energías renovables e infraestructura de centros de datos. Podríamos tomar un modelo de código abierto (open source) —que hoy apenas dista un 4% o 5% en eficiencia respecto a los modelos propietarios de Silicon Valley— y adaptarlo a nuestro idioma, cultura y necesidades operativas.

Podemos marcar la diferencia, pero falta un trabajo conjunto más estrecho entre el sector público y el privado para financiar e incentivar campeones locales.

P: ¿Habrá una sustitución masiva de puestos de trabajo por la automatización?

R: Sería una mentira negar que algunos puestos puramente operativos van a desaparecer, como ya ocurrió en la agricultura o en la industria. Pero, al mismo tiempo, surgen nuevos roles.

En Konecta promovemos un modelo híbrido. Un gestor que antes supervisaba a 20 personas, en el futuro gestionará quizás a 7 personas y a 30 agentes de IA. Eso requiere nuevas capacidades de auditoría, ajuste y mantenimiento de la tecnología. Las tareas repetitivas de atención telefónica o entrada de datos se reducirán, pero aumentarán las posiciones destinadas a la gestión estratégica de campañas y el entrenamiento de modelos.

P: ¿Cuáles serían las aptitudes humanas más valiosas y cotizadas en el nuevo mercado laboral?

R: Destacaría tres principalmente: La Capacidad de aprendizaje continuo, ya que creer que porque la IA nos da respuestas ya no necesitamos aprender es un error muy peligroso. No sólo eso, la empatía y capacidad relacional, en momentos críticos es fundamental. Por ejemplo, cuando un cliente llama a su seguro tras el fallecimiento de un familiar, la empatía humana es insustituible.

Además, la gestión de flujos múltiples (multitasking acelerado) es fundamental. Como las máquinas procesarán la información 100 veces más rápido, la persona encargada de la supervisión (Human-in-the-Loop) tendrá que tomar decisiones con mucha más agilidad. La capacidad de gestionar varios flujos de datos sin perder el criterio será un diferenciador clave.

P: ¿Percibe un miedo real en las plantillas de trabajo a ser reemplazadas por la IA?

R: Hace dos años pensaba que sí, pero la realidad me ha sorprendido. Los trabajadores ven estas herramientas como un alivio a su frustración diaria: la IA escucha la interacción, le evita navegar por siete pantallas distintas a la vez y le trae la información que necesita de forma proactiva.

En nuestro caso, las variaciones de personal responden al volumen del mercado, no al reemplazo por la IA. Muchas de las noticias sobre despidos masivos achacados a la tecnología son titulares de marketing. Actualmente, la mayoría de las empresas están aplicando soluciones puntuales (patching) sobre sus procesos actuales; aún estamos lejos de un rediseño integral que prescinda de departamentos enteros.

P: ¿Cuál ha sido el mayor impacto diferencial que ha traído la IA a una compañía como Konecta?

R: Konecta lleva 25 años operando centros de contacto con enorme excelencia. La llegada de la IA nos ha servido, sobre todo, como un catalizador para el cambio cultural. Esta industria ya vivió disrupciones en el pasado: primero fue la llegada del teléfono en los años ochenta, luego la informática, después las IVR y en 2015 los chatbots. Con cada hito tecnológico surgieron agoreros afirmando que el sector desaparecería. La IA nos está demostrando que no vamos a desaparecer, sino a transformarnos: nos empuja a estar mucho más integrados con la tecnología, a operar a nivel global y a evolucionar hacia un modelo hibridado donde el valor humano sigue siendo el centro.

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