EL CABALLERO DE LA MARETA. Antes de que Sánchez convocara las elecciones, TVE ya hacía la vigilia con él. Una reportera, apostada frente a la Moncloa como entre grillos, parecía intentar oír por encima de esos grillos el pensamiento del presidente, que casi se sentía en el temblor de las luces de la casa y las hojas de los árboles, agitadas por presagios. “Primer día de reflexión del presidente del Gobierno”, nos decían en Canal 24 horas con una trascendencia teológica, como si fuera un cónclave de uno solo. Eso del héroe que reflexiona, en una soledad caballeresca, sobre el destino del mundo, destino por el que luchará en la batalla, suena a espadón de mesón porque lo es. Seguramente Sánchez lo tenía todo pensado, vio el guion desde el principio, con paladín, dama, redención, espuelas y escudilla, y sólo intentaba ponerle un poco de bruma artúrica a la película. Algunos sospechan que el anuncio de la convocatoria se grabó el viernes, porque Sánchez lleva el mismo traje y la misma corbata que paseó por el Congreso defendiendo sus decretos con dedicatoria, casi serenatas. No ha habido respuesta oficial, aunque a lo mejor es que Sánchez, enfrascado en la tarea del héroe, ya repite ropa, calzas, camisón de loco y greñas de quijote como símbolo y prueba de su juramento con bacía de barbero y espadón de brocheta. De todas formas, yo creo que hubiera quedado más auténtico con bañador de Bob Esponja de la Mareta.

Sánchez, con la misma ropa como tras un revolcón de fin de semana, o ya con armadura perenne de cara dura, terminó convocando elecciones en una comparecencia que Cándido Méndez, en Espejo Público, llamó “farfolla mitinera”. Sánchez es un demagogo con balcones a la luna y a la sangre, lo ha sido siempre. Pero espantó especialmente eso de que “el Parlamento ha pisoteado los intereses de la gente de a pie”. Quizá es que hay que dejarles manejar los intereses de la gente de a pie a caballeros con corcel, penacho y traje plateado de lata. O con chándal de guacamayo. O de Los Rochos. Un caballero, eso sí, que en su caso se ha llevado ocho años tocando el laúd, un día a Puigdemont, otro a Otegi, otro a Leire, malévola aya con escofión de cuernos, y otro día a Yolanda Díaz, dama de bordado de rosas y cepillado de suspiros. Ocho años sin preocuparse ni por la vivienda ni por las ancianas ni por nada salvo su castillo. El caballero de los desahucios, destinado a desfacer agravios, socorrer viudas y amparar doncellas, no es don Quijote, ni siquiera es el falso Caballero de la Blanca Luna, es sólo el realísimo Caballero de la Mareta. Lo demás es novelón y chatarra.
HUELGA Y ENTIERRO CONTRA LA OPOSICIÓN. Silvia Intxaurrondo, monja con mortaja del sanchismo con mortaja, le preguntaba en su programa a Pepe Álvarez, líder de UGT: “¿Qué reflexión le merece a usted la muerte de Maricarmen después de ser desahuciada?”. Reflexiones sobre la muerte, nada menos, y es que la monja parecía que se confesaba con Álvarez, que más que un sindicalista del curro parece un párroco de Sánchez, con estola beatífica y resfriado perpetuo de sacristía. “Rabia, tristeza, indignación… El sistema falla”, decía él, como descreído de su dios. Se unían aquí Maricarmen y la huelga general “contra la oposición”, como admitió con infantil satisfacción María Jesús Montero, que nunca tuvo pudor, igual que gramática. Y se unen porque así debe ser. Igual que hay una huelga general contra la oposición, hay un entierro particular contra la oposición, el de Maricarmen. Sánchez necesita ejércitos de mandados, de radicales, de periodistas con pañuelito, de sindicalistas y cómicos con sotana; necesita ejércitos de nietos y hasta ejércitos de muertos. Lo necesita todo, en un desquiciado zafarrancho.

LOS BUITRES ATRAGANTADOS. Maricarmen se murió pobremente en la vida y muy grandiosa y largamente en Telepedro, como un papa, como una reina de Inglaterra, como una Teresa de Calcuta del Retiro. Se quedaba sin emitir lo de Broncano, dejando a su chavalería cuarentona de gorra para atrás en una especie de Viernes Santo pagano, sólo con doritos y música cavernosa de Rozalén, y Pepa Bueno tomaba la noche y las llaves para el candadito del cielo y de los corazones. Una vela se derretía sobre otra vela, una lágrima se mineralizaba sobre otra lágrima, y un especial se anillaba con otro especial hasta hacer pagoda en TVE. Un día después, todavía nos sacaban altares por Maricarmen, viacrucis por Maricarmen, y hasta la actuación de un coro que cantaba una canción minera, descolocado, acongojado y como deshollinado. Era un collage absurdo porque es un collage desesperado. Sánchez lo necesita todo, ya digo. Mientras, los radicales amenazaban con quemar Madrid junto con su santa, como en algo de los Javis.
Nadie se burla más de Maricarmen que Sánchez con sus flores y lágrimas de plástico. Los sentimientos son más baratos que la gobernanza
Pronto, ya no se trató del problema de la vivienda, ni de los desahucios. A principios de semana, sacaban muchas noticias con gente que iba a ser desahuciada (otro casting, como veremos luego), y que enseñaba los cuadros y tapetillos de su casa como restos futuros de una catedral incendiada (quizá también por los Javis). Pero desaparecieron. Sólo quedaba Maricarmen crucificada. Ni siquiera se trataba del problema de Maricarmen, sino de la veneración a Maricarmen. En las noticias de La Sexta, recopilaban periodistas que se habían “burlado” de Maricarmen como si se hubieran burlado de Jesucristo, igual que Kundry. Y no después de su muerte, sino antes. La burla a lo mejor sólo era crítica o contextualización, pero uno no puede hacerle eso a nadie que se pueda morir, que luego será un desalmado en diferido. Xabier Fortes, con su cosa de cura de guardia, quizá ya un poco cocido de estar todo el día entre sahumerios y vapores de vino de consagrar a Maricarmen, se indignaba porque habían llegado a decir incluso que ella era una “actriz”. Lo que había dicho Chapu Apaolaza, con arte y lengua de ida y vuelta, de ir del País Vasco a Cádiz, que así sale una especie de habanera de la guasa y de la reciedumbre, es que con Maricarmen habían hecho un “casting”. Sí, el casting que hacen los políticos para todo, y más Sánchez: para hacer de petanquista, de coro en el mitin, de entrevistador con nana de planchadora, de sicario chato, de noticia de apertura y no digamos de mártir nacional cuando él se está jugando el cuello atortugado.

La descorazonadora ironía es que la muerte de Maricarmen consigue que no se hable de la vivienda sino sólo de Maricarmen. El símbolo se desliga de la realidad, muere entre las flores y se convierte en fin por sí mismo, o sea se convierte en fetiche vacío. Y la gente y los partidos empiezan a definirse por su actitud ante el fetiche, y no por sus ideas o sus políticas. Hay ofensa al fetiche e incluso acusaciones bíblicas de haber causado su muerte. Como en los velatorios, se habla de quién ha llorado más o menos, quién ha llevado un ramo o quién le ha quitado a la difunta las perlas con telarañas de lámpara. Ocho años de vacaciones en La Mareta se borran llevando una flor con rocío de cera y soltando una lágrima sobre un gorgojo. Sólo hay que ver la parrilla de TVE o la portada de El País, monotemáticas o monoteístas, para darnos cuenta de cómo se está haciendo el casting y cómo suena el coro. A ver si vamos a descubrir ahora que la política lo aprovecha todo e intenta controlarlo todo (y Sánchez, incluso sin detenerse en la ley). Además, los sentimientos son más baratos que la gobernanza. La política debería volver a centrarse en los problemas y sus soluciones, pero le funciona bien la propaganda, y esto de señalar súbitos altares y herejes a partir de súbitos fetiches. Nadie se burla más de Maricarmen que el propio Sánchez con sus flores y lágrimas de plástico. Si alguien fantaseó con la muerte de la anciana, desde luego no era de derechas. Los beneficiados, los buitres, lloran atragantándose.

¡HOMENAJE! ¡YA! Nos hemos dado cuenta de que los líderes del campamento de Sol, con bandera de calcetín, están militarizados, que son como prusianos con pelo de pincho en vez de casco de pincho. Ha sido muy comentado el canutazo de Alicia del Río, portavoz del Sindicato de Inquilinas o quizá de la guerrilla colombiana, que vimos en la crudeza del directo en Canal 24 horas, y por tanto con todos sus preparativos. O sea, vimos cómo disponía con ritmo de tambor de galera, y con voz recia, marcial, plana y a la vez ridícula, entre Napoleón tirillas y sargento Arensivia, entre metralleta y profesora de gimnasia; cómo disponía, decía, a los periodistas, los micrófonos y hasta los rótulos, como si fueran artillería. “La Sexta, baje el micro… Para rotular: ‘Alicia del Río, portavoz del Sindicato de Inquilinas de Madrid’… Comenzamos”. Así se montan las acampadas espontáneas, la indignación espontánea y los homenajes espontáneos, con alguien entrenado hasta en la disposición de los micrófonos, imaginen en una movilización política o en una guerra de trincheras. Me acordé de Les Luthiers y su acto en Banania, cuando el dictador Eutanasio, después de un discurso con esa misma voz plana, suficiente e indiferente porque la autoridad total no necesita énfasis, dice: “Pueblo de Banania, gracias por este espontáneo homenaje. ¡Homenaje! ¡Ya!”. Por cierto, en cuanto a los demás campamentos de España, pocas horas antes de la convocatoria de las elecciones nos dimos cuenta de que se podía desalojar el Trampolín y devolver a 400 inmigrantes a Marruecos, de buena mañana y de buenas a primeras. La señora de Ceuta (siempre tiene que salir la señora de Ceuta para devolvernos a la realidad) se preguntaba por qué no se había hecho eso hace 60 días. No entiende la señora cómo funcionan aquí la planificación ni la espontaneidad.
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