En la lista de la compra de los españoles cada vez es más difícil encontrar conejo. Es más, en la de los jóvenes está prácticamente desaparecido. Desde 1992 el consumo se ha reducido a más de la mitad y continúa en caída libre. A ello se suman las quejas de los ganaderos, que aseguran que los precios que se pagan en origen no llegan a cubrir los costes de producción.

Y es que poco se parece la de hoy a la cocina de nuestras abuelas. De los 2,3 kilos por habitante y año de 1992, el consumo se ha reducido prácticamente a la mitad y la realidad es que no para de caer. Entre 2014 y 2016, según los datos de la consultora Nielsen, el consumo de conejo en los hogares españoles se ha reducido un 13,7%, de 50,9 a 44 millones de kilos al año.

Del lado de la producción, la situación es calificada de “funesta” por la Unión de Pequeños Agricultores y Ganaderos (UPA). A finales del año pasado quedaban menos de la mitad de las 3.000 explotaciones cunículas que había en 2011.

Y como a perro flaco todo son pulgas, a esto se suma que la última campaña publicitaria para fomentar el consumo de la carne de conejo ha terminado a la gresca. La pasada semana, UPA denunciaba a los supermercados por aprovecharse de la promoción para hundir los precios. «Teníamos nuestras esperanzas puestas en esta campaña y resulta que la distribución se las ha ingeniado para que los ganaderos nos estemos tirando piedras sobre nuestro propio tejado», dicen desde UPA.

La respuesta de los supermercados ha sido rápida a través de ASEDAS. Aseguran que no comparten las críticas y que, desde hace un año, están colaborando para tratar de frenar la caída del consumo. “ASEDAS ha mantenido en todo momento una actitud absolutamente leal y constructiva por lo que, en lo que a nosotros respecta, las acusaciones de UPA carecen de todo fundamento”, ha afirmado Ignacio García Magarzo, director general de ASEDAS.

La crisis del conejo viene, sobre todo, porque ha desaparecido de la dieta habitual de los más jóvenes. «El consumidor menor de 30 años muestra rechazo a su consumo», dicen desde ASEDAS, «entre otras cuestiones por la percepción de difícil elaboración y el corte con el que se suele presentar». Es a ellos a quienes iba especialmente dirigida la reciente campaña, que en algunos de sus anuncios hace referencia también a la calidad nutricional del conejo.

Pero para los productores, el problema grave va más allá del consumo. «El sector está secuestrado por la distribución», denuncian. El precio medio bajó 25 céntimos entre 2014 y 2016 y llegó a situarse en 1,46 euros el kilo. Sin embargo, aseguran, el precio de producir un kilo de conejo es de 1,8€. “El sector está ahogado y es un milagro que, pese a todo, algunos sigan resistiendo con la que está cayendo”.

«Casi cada día cierra una explotación», lamenta Román Santaella, secretario de Ganadería de UPA, que se muestra tajante respecto al futuro del sector. «Llevamos dos años y medio de crisis y si esto sigue así el sector va a desaparecer». Los cunicultores siguen esperando una respuesta gubernamental y no descartan movilizar a los productores si el precio de compra en granjas no llega, al menos, al coste mínimo para cubrir costes de 1,8€ el kilo.